La noche de luna llena

Prólogo

  Había una corte enorme, esos eran los hombres de la familia licántropo más poderosa, los Banehallow. Temibles por su agresividad, y aquella naturaleza que sólo ellos podían poseer, teniendo la capacidad de convertirse en el animal a partir de la edad establecida, los dieciséis. Una vez de haberlos cumplido, la genética se despertaba, y aquellos licántropos sin preparación, eran enviados al mundo humano para que una vez de observar la luna llena, experimentasen el placer de ser poderosos. La corte de los licántropos, en lo alto de las montañas de California, era donde a los mitad humanos, —herederos al virus—, se preparaban mentalmente para la expansión que esta nueva forma les haría palidecer.

  Fairyox, la dama más bella de todas, aceptada como la luna del más prestigiado líder de la manada, Calis Banehallow. Y sus herederos, Gradius, un joven guerrero capaz de sacrificarlo todo, el único que pelea al lado de su padre. Por otro lado estaba Larazy y Mantis, las dos hijas más perseguidas por todos los lobos de su hábitat. Después estaba Zev, quien prefería mantenerse alejado, pertenecía a otra manda, con tal de no saber nada de ellos y vivir en el mundo humano. Y por último, Stev, él era alguien que prefería mantener su identidad en una zona donde nadie lo descubriera.

  No le importaba del todo la manada, sin embargo, tenía que lidiar con las amenazas que le daba la familia. En especial su padre, Calis, el rector del instituto licántropo. Stev podía estar de acuerdo en que se le retorcía el estómago cuando sus padres atendían al teléfono. Pues ser parte de algo en lo que no estás de acuerdo, y aun así debes cumplirlo, entonces no estás viviendo.

  El Alpha de la manada, Calis, había nombrado cada uno de sus nombres, incluyendo a los Garroway, a los Anvard, Donirow, Ergathall, Girawkrin, y por último, a los Owlbear. Cada hijo o hija de los aspirantes a jefes del instituto.

  Sus órdenes parecían ser las más legibles, por ello Zev se había obligado también a ser parte de la destrucción de sus propios hermanos.

  —Me complace anunciar que ustedes serán asignados para formar una nueva manada, en forma de alianza con el mundo humano. —había mencionado la voz gruesa y profunda del hombre Banehallow con el traje y la corbata azul con negro. —. Su transformación está en proceso, eso significa que tendrán que afrontar la responsabilidad de lograr controlarse. —le dio una leve mirada hacia las hojas que traía en mano. —. Si por alguna razón alguno de ustedes deserta, comete homicidio, faltas hacia la manada, será traído inmediatamente de nuevo al instituto, para quedarse eternamente atrapado en una celda y ser sancionado con el castigo asegurado.

  Zev le había dado un leve empujón a su hermano, Stev Banehallow, quien se veía que sí estaba poniendo atención de verdad. Cuando volteó, rogo porque fuera algo más importante que hablar sobre la película del Monstruo del Lago Ness que había visto toda la madrugada con una de sus novias, Stefanie Weetteryun.

  —Ojos color verde te está mirando —en ese instante, él la miró, ojos color verde se trataba de Tarah Garroway, novena hija de la familia amiga, los Garroway.

  Su cabello blanco y lisado hasta la cintura, los ojos verdes tan hermosos como desgarradores. Tal vez el lema de la chica era ese, preciosa y destructiva. Aunque Stev Banehallow era de esos chicos que valían la pena enamorarse, a él no le parecía tan atractiva la forma en que se llevaría su relación si se le ocurriera tener algo con aquella chica. Pudo haberlo pensado, su familia lo aceptaría, ambos entenderían el dolor de ser un Hombre Lobo, ambos correrían juntos por los senderos, huirían de los cazadores que se tropezasen por su camino. Sería una excelente relación.

  —Está guapa —sonrió Zev. —. Ni siquiera sé por qué estoy de vuelta en este maldito infierno, Stev. Al menos agradezco que haya criaturas así.

Tarah se había dado cuenta de esa pequeña mirada de Stev alucinando esa vida que podría obtener con tan solo acercarse a ojos verdes.

Stev le miró con desagrado, imaginando lo mujeriego que era su hermano a las afueras del bosque, a fuera en la ciudad con todas esas humanas atrevidas y rubias.

  —Me das asco Zev. —dijo.

  Éste soltó una risa, en realidad era un promiscuo, y le importaba poco si era la decepción de la familia; después de todo, Gradius era el hijo preferido.

  —Sus misiones serán cuidar a la humanidad de nuestro enemigo. Licaón. —había finalizado Calis, acomodando las cartas con las asignaciones mundanas. Un martillo de madera resonó sobre el escritorio. —. Sean afortunados en pasar la primera etapa.

  Con esto, había concluido, y comenzado la destrucción.

 

Nota: ¡Hola! Te agradezco muchísimo por haber llegado hasta el final de este capítulo, te agradecería muchísimo si pudieras darle me gusta   ⭐ y comentar qué te pareció hasta ahorita. Tu opinión es muy importante para mí 🙏

¡Nos leemos en el próximo capítulo! 

Con amor, Beka. 




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