Una mulata de pelo rizado, suave y negrísimo, ojos verdes, cintura de avispa y pechos medianos, pasa por la típica criolla hija de estas tierras, cubana con mezcla en la sangre de muchas culturas, viene por el sendero a paso veloz y hablando para si misma
—Nada malo puede pasar, no he hecho nada malo, cerca he estado, pero no deje que me tocara.
—! Eliza!, donde te metiste. La interrumpe una muchacha que a vista se ve unos años mayor, pocos, a lo sumo cinco, con cara enojada, más baja de tamaño, esbelta de buena figura, los mismos ojos verdes, el mismo pelo riso, y un carácter de los mil demonios.
—¡Ups, ahí viene mi hermana!
—Eliza, llevo horas buscándote, se puede saber ¿dónde estabas?, ¿con quién?, ¿qué hacías?, ¿eh?, habla muchacha
—Bueno Sacha si no te callas como quieres que te diga, mi madre siempre me dijo que no se habla mientras los demás están hablando, lo correcto es callarse, y yo sieeeeempre hago lo que me dicen.
—Si cómo no, sieeeeempre, ¿por eso es que llevas dos horas perdida?,
—¿Dos horas?, dice la joven azorada, para ella no fue tanto ¿ o sí?
—Si, dos horitas completicas. Ah, y para tu mamita siguen contando por que no sabe que te encontré, a ver, desembucha, ¿dónde estabas?
—S ...este yo ... mira yo ni se, por ahí, mirando mariposas, si eso
—Anja, y yo me chupo, ¿cuál dedo me dijiste?
—¿Yo?, pregunta la jovencita
—Si tú, me quieres ver la carota de monga
—¿Dónde y con quien estabas mujer?
—Pues, mira no te digo, porque me vas a decir mentirosa, y no quiero
—A ver, ¿otra aventura con los locos amigos imaginarios esos?, que ya estas grande para esas boberías muchacha.
—Viste, nunca me crees, no son imaginarios, solo que tu no los puedes ver por sangrona
—Yaasa, ok, a ver si mamita te cree y no te castiga.
—Ella si me cree, de hecho…, bueno, me cree y punto
—¡Eliza!, ¡Sacha!, ahora las dos cotorreando y yo con el credo en la boca, que no he tenido un minuto de paz con ustedes en veinte años. La madre de las jóvenes, una versión mayor de ambas, pero rubia, muy hermosa, de ojos azules eléctrico, pelo rizo muy largo, muy alta, más que las muchachas, se nota a pesar de hablar muy bien el español que no es cubana de raíz, por el arrastre casi imperceptible de la r.
—No mami, es que tu nena no quiere decir donde estaba, explica la mayor de las jóvenes
—No es cierto, no te voy a decir a ti, no es lo mismo, replica Eliza
—Mami, ubícala, ella tiene que respetarme, soy mayor y la cuido, protesta Sacha
—Siii, como no, porque tú me respetas, y crees en mí, vuelve a protestar Eliza
—¡Ya basta niñas!, que discusión sin sentido es esta, a ver nena, siempre lo mismo, ¿dónde fuiste esta vez?
—A casa de Lux y Shadow, ¡ya sabes mis amigos, que no son imaginarios!
—Yo lo sé, pero te demoraste mucho amor
—¡Mama!, tú la apoyas en sus locuras?
—¿Qué locuras?, lux y shadow existen
—¿Qué?, tú también
—Claro si los conozco desde niña
—No, no, no, esto es el colmo mama
—A ver hija mía tú no eres como nosotras tu eres como tu papi
—¿Qué quieres decir?