La vida No es una película

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Todavía no puedo creer todo lo que me ha sucedido en estos últimos tres años, siempre he sabido que este ambiente es un subir y bajar constante, lo tengo bien claro, por lo que ahora solo me limito a disfrutar de la vertiginosa subida y lo que tenga que durar.

Estoy sentado en este auto que es más grande que la casa donde me crie, estoy vestido con un traje que cuesta más que lo que ganaba mi padre cada mes, y me dirijo a un evento que solo solía mirar por la televisión. Pierdo la vista en la ventanilla, el sol se esconde y la gente va de un sitio al otro, ocupada con sus propias vidas y sus problemas mientras yo no aterrizo en mis propios pies. Cierro los ojos y aspiro, quiero recordar este momento por siempre, quiero guardarlo en mi memoria por el resto de mi vida. Hay muy pocos momentos en la vida en los que nos sentimos tan plenos y gloriosos como cuando hemos alcanzado un sueño y podemos acariciarlo con las manos.

Yo sé que es efímero, y eso es justamente lo que me hace apreciar más este momento, valorarlo todo un poco más. Aún recuerdo cuando me animé a participar en una obra por primera vez, fue en el colegio, teníamos que hacer una adaptación de una obra literaria y mi grupo y yo decidimos hacer Romeo y Julieta. Yo me encargué de todo, del guion, de repartir los papeles, de los ensayos… y fue allí cuando lo supe, descubrí mi vocación, mi pasión. Quería ser actor.

Durante años me dediqué a actuar en pequeñas obras de teatro, a veces no teníamos más de veinte personas en el público, pero yo nunca hice nada por el reconocimiento, sino por las mariposas que me bailan en el alma cuando estoy sobre las tablas. Sin esta pasión no puedo vivir, es lo que me mantiene vivo.

Siempre quise actuar en cine, pero no es tan sencillo. Hice miles de audiciones y nunca quedé, hasta que una noche recibí la llamada para un papel secundario en una nueva película. Lo acepté sin pensarlo mucho y me mudé a esta ciudad a iniciar una nueva aventura.

Entonces inicié la subida, apenas se estrenó la película mi nombre comenzó a aparecer en las noticias y páginas web. «Actor revelación» decían todos, y mi vida dio un vuelco de un día al otro. La gente comenzó a reconocerme por las calles, a pedirme fotos y autógrafos, mis redes sociales se catapultaron y empecé a recibir cada vez más llamados para entrevistas.

Hoy estoy en la terna para recibir uno de los más importantes galardones, y creo que no puedo conmigo mismo de tanta emoción. No me importa ganarlo, solo quiero disfrutar al máximo este momento porque es de esos en los que sientes que todo ha valido la pena.

Cuando llego al local, puedo observar a la gente alrededor, el auto se detiene frente a la alfombra roja y yo bajo. Los periodistas sacan fotos, otros preguntan cosas. Hay personas intentando que les firme un papel o tomarse una foto. Sonrío, como un niño pequeño el día de su cumpleaños cuando está a punto de abrir los regalos. Así me siento, intensamente feliz y emocionado. La gente grita mi nombre y yo saludo con la mano, les regalo sonrisas en las que quiero que sepan que les agradezco el haberme ayudado a llegar hasta acá.

Sigo la alfombra roja y respondo algunas preguntas, dejo que me tomen fotos y saludo. Hay todo un protocolo, tengo miedo a equivocarme, pero tengo a Brenda cerca, viene de parte de la agencia que me representa y está encargada de ver que todo marche como debe ser.

Según mi representante, dice que está seguro de que el premio es mío, pero para mí el premio es estar acá.

Cuando llego me indican la mesa que me toca, una con algunos de mis compañeros de la película que también han sido nominados. Nos saludamos y conversamos un poco sobre cualquier cosa. Es increíble, miro a mi alrededor e intento disimular mi asombro y emoción cuando veo las caras de los actores y actrices que he seguido toda mi vida. Aquellos que de alguna u otra forma han marcado mi vocación, porque algo que siempre he hecho es buscar aprender de los que saben más o tienen más experiencia.

Ya grabar una película fue para mí todo un salto, todo un cambio… algo a lo que no estaba acostumbrado, pero que lo disfruté de miles de manera. Y estaba dispuesto a disfrutar lo que durara esta experiencia.

—No dejes que la fama se te suba a la cabeza —me dijo mamá cuando todo comenzó—, lo que te hace bueno es el carisma que tienes, esa magia que hay en tus ojitos, sigues manteniendo la inocencia de un niño que descubre el mundo por primera vez, no dejes que eso se apague ni te creas más que nadie, recuerda siempre de dónde vienes y hacia dónde vas. Atájate a algo, mantente firme en tus valores.

Me gustaría llamarla y contarle lo emocionado que me siento, a ella y a Vero, mi mejor amiga de toda la vida. Me hubiese gustado traerla conmigo, pero no se ha podido, ella está con exámenes en la universidad y, además, no quiere involucrarse en esta vida, dice que ella conoce mi verdadero yo y que, aunque me admira mucho, no quiere deslumbrarse por este nuevo personaje en el que me estoy convirtiendo.

Faltan minutos para que comience el evento y se siente la tensión. Yo sé que no todo es oro en este mundo, pero ahora mismo no quiero pensar en nada feo. Giro la cabeza hacia mi derecha y la veo llegar.

Oriana Iglesias.

Suspiro sin darme cuenta. Nunca he estado tan cerca de ella y mis pensamientos se pierden en su belleza. La primera vez que la vi fue en la serie La niña que vino de la luna, en esa época ella tenía unos doce años y yo unos ocho. Me encantó el argumento de aquella historia y con la edad que tenía, no atinaba a comprender que era solo ficción, yo realmente creía que ella habitaba la luna y resplandecía, que era un ser mágico del más allá.

Quería ser como ella, jugaba a serlo, me pasaba horas en mi habitación inventando historias en las que, en un capítulo de la serie, yo la conocía y ella me llevaba a la luna, donde me mostraba todos sus secretos.



Araceli Samudio

Editado: 19.05.2022

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