El viento nocturno recorría las colinas mientras cientos de fogatas iluminaban el enorme campamento de Nueva Zenda.
A varios kilómetros de la frontera con Uniestado, miles de soldados descansaban antes de la batalla que tendría lugar al amanecer.
Algunos dormían en sus tiendas.
Otros afilaban espadas bajo la luz de las antorchas.
Los centinelas vigilaban desde torres improvisadas mientras los exploradores llegaban y partían con informes de la frontera.
La tensión podía sentirse en el aire.
Todos sabían que el día siguiente decidiría el destino de la campaña.
En el centro del campamento se levantaba la Carpa Real.
Guardias armados protegían cada entrada.
Dentro, una gran mesa ocupaba el centro de la estancia.
Sobre ella descansaban mapas, marcadores, informes y pequeñas figuras que representaban tropas y fortalezas.
El rey Arthur V observaba el mapa con atención.
Su armadura gris, negra y dorada descansaba en un soporte cercano.
Aquella noche vestía únicamente un uniforme militar oscuro.
A su alrededor se encontraban los seis miembros del Hexágono de Honor y Acero.
Todos llevaban el mismo uniforme marrón utilizado durante reuniones estratégicas.
Capas oscuras cubrían sus hombros.
Máscaras marrones ocultaban completamente sus rostros.
Nadie podía ver quiénes eran.
Solo sus ojos permanecían visibles.
Sobre el lado izquierdo de cada pecho brillaba discretamente el símbolo de su piedra.
Rubí.
Esmeralda.
Zafiro.
Ónix.
Morganita.
Diamante.
Debajo de cada símbolo aparecía grabado su nombre de guerra.
Escarlata.
Esmeralda.
Zafiro.
Ónix.
Morganita.
Diamante.
En una esquina de la mesa flotaba una esfera mágica de comunicación.
Su superficie emitía suaves destellos azules.
—Las patrullas informan movimiento enemigo en el sector norte —informó una voz proveniente de la esfera.
Orion Zafiro estudió el mapa durante unos segundos.
—Si avanzan por aquí intentarán rodear nuestra línea principal.
Magnus Morganita asintió.
—Las colinas les impedirán mover maquinaria pesada. Es el único paso viable.
El rey observó la zona marcada.
—¿Recomendaciones?
—Mover veinte lanceros a esta posición —respondió Noble Diamante señalando una ruta cercana—. Si intentan rodearnos, quedarán atrapados entre dos frentes.
—Coincido —dijo Esmeralda—. Además puedo enviar exploradores al bosque durante la noche.
Arthur V asintió lentamente.
Mientras los demás debatían, Noble Escarlata permanecía en silencio observando el mapa.
Finalmente levantó la vista.
—No atacarán por el norte.
Todos giraron hacia él.
—¿Por qué? —preguntó el rey.
—Porque esperan que pensemos eso.
Escarlata señaló una serie de colinas cercanas al río.
—Si yo fuera el comandante enemigo, cruzaría aquí antes del amanecer y lanzaría el ataque principal desde el este.
Durante unos segundos reinó el silencio.
Entonces Zafiro volvió a estudiar el mapa.
—Tiene sentido.
Morganita soltó una pequeña risa.
—Odio cuando tiene razón.
Incluso el rey sonrió.
La discusión continuó durante horas.
Fuera de la carpa, los soldados se preparaban para la batalla.
Dentro, los mayores guerreros de Nueva Zenda planeaban cómo asegurar la victoria.
Ninguno de ellos sabía que aquella campaña sería una de las últimas guerras normales que enfrentarían.
Porque lejos de allí, en las tierras de Uniestado, fuerzas mucho más oscuras ya habían comenzado a despertar.
He adaptado tu escena para que tenga un tono más de novela y fluya mejor.
El rey Arthur V permaneció observando el mapa durante unos instantes antes de hablar.
—Lancero IV quiere nuestras tierras fértiles. No encuentro otra razón para esta guerra.
Los presentes guardaron silencio.
—Intenté hablar con él. Intenté negociar un tratado comercial que beneficiara a ambos reinos. Pero rechazó toda propuesta.
El rey apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Eso no significa que debamos bajar la guardia. Debemos estar preparados para cualquier cosa.
Sus ojos recorrieron a los seis miembros del Hexágono.
—Mañana, a las 0600 horas, iniciaremos la movilización.
Los seis comandantes asintieron.
La reunión había terminado.
Poco a poco abandonaron la Carpa Real y se dirigieron a sus respectivas tiendas.
Noble Escarlata caminó en silencio bajo la fría noche.
Al entrar en su tienda encontró lo mismo de siempre.
Un catre.
Una pequeña caja de madera con sus pertenencias.
Y colgada sobre un soporte, su armadura Rubí.
La observó durante varios segundos.
Aquella armadura era más famosa que el hombre que se encontraba debajo de ella.
Dares se arrodilló frente a ella.
Bajó la cabeza.
—Padre... permíteme volver a casa.
Pensó en Mara.
En su granja.
En los animales.
En el Rincón Flamante.
En la tranquilidad de Nueva Zenda.
Después se levantó y se acostó.
Al amanecer habría guerra.
A las cuatro de la mañana el campamento ya estaba despierto.
Las fogatas ardían.
Los caballos eran preparados.
Los soldados revisaban armas y armaduras.
Nadie quería llegar tarde al campo de batalla.
Los seis miembros del Hexágono se reunieron junto al rey.
Ahora ya no llevaban los uniformes marrones de estrategia.
Vestían sus armaduras legendarias.
Rubí.
Esmeralda.
Zafiro.
Ónix.
Morganita.
Diamante.
Las máscaras de telas eran oscuras ahora.
El rey Arthur V también portaba su armadura gris, negra y dorada.
Desde una cadena montañosa observaban la inmensa llanura que se extendía frente a ellos.
A lo lejos podía verse el ejército de Uniestado.