Llámame Monstruo (#1)

Capitulo 1: Aurora

Theo miró la suave danza de la pequeña flama de llamas de la vela roja sobre la pequeña mesa. Se acomodó sobre el asiento de  piel negra que le había comprado a la anciana hace unos meses atrás.

-¿Entonces? -preguntó Theo para después llevarse una mano al rostro y masajearse la mandíbula tensa.

-Veo a una mujer -dijo la anciana.

Theo pasó su mirada sobre el rostro deteriorado de la mujer a causa del paso de los años, de estiró en el asiento y sonrió con tranquilidad.

-¿Otra mujer?- susurró el.-¿Otra?

La anciana se levantó de su asiento y alzó la carta entre sus manos, el chico frunció el ceño y esperó la respuesta de la anciana quien comenzaba a acercarse a él.

La mirada de la anciana se posó en la llama de la vela y con una mano temblorosa abanicó para apagar la débil llama.

-Habla de una maldita vez -dijo el.

-Está mujer es diferente -dijo la anciana mientras encendía las luces de la habitación dejando a la vista las altas paredes negras con cuadros de santos y los muebles de madera desgastados por el uso, excepto el asiento de Theo.

-¿Diferente? -dijo el con una tono burlón

-Es diferente, está mujer de ojos claros, debes de tener cuidado con ella -dijo la anciana mientras apuntaba al joven hombre de piel clara.

La risa de Theo retumbo en las paredes de la pequeña habitación para después llevarse ambas manos a la nuca y sonreír mientras negaba con suavidad y se recargaba en el asiento.

-¿Tengo que tener cuidado de una mujer?- dijo el.-¿Acaso haz olvidado quien soy Dorotea?

-Joven está chica no es peligrosa, es astuta -susurró la anciana.

-Estás equivocada Dorotea.

-Las cartas nunca se equivocan Cuervo -dijo ella.

Theo miró fijamente a la anciana y asintió para después golpear sus piernas con las pálidas palmas de sus manos.

-¡Bien! Digas que esa mujer es peligrosa ¿Que puede hacer? Tengo a otras cinco mujeres -dice el.- no será difícil controlarla,una más no causará problemas -dijo para finalmente sonreír de nuevo.

 

La anciana observó la fría sonrisa del joven y suspiró.

-Esa mujer viene a poner tu mundo de cabeza.

-Nadie puede con el cuervo y mucho menos con el diablo -dijo el.- ¡Relájate que te harás más vieja!

 

Theo se levanta del asiento y se acomoda el saco del traje, para finalmente dejar un fajo de dinero que acababa de ganar la noche anterior en una pequeña fiesta organizada por su padre.

Ganar dinero para el nunca había sido difícil, para el hacer dinero ilegal era tan fácil como respirar.

-Su corazón es puro como el agua y tu ardes en fuego -dijo la anciana.

-Entonces veamos quien hierve primero -dijo el sonriendo.

Dorotea vio a Theo acercarse a la puerta blanca para salir, la anciana se cruzó de brazos cuando el chico salió de la habitación y se perdió por el pasillo oscuro que conducía a la entrada principal de la gran casa verde.

 

Aurora se levantó del suelo con rapidez y llevó ambas manos a su trasero para limpiar la tierra que se hubiera adherido a la tela de sus shorts rojos. Tomo sus libros del suelo y camino por la universidad, tomo las escaleras más cercanas y subió por completo hasta llegar a su última clase.

Tomo asiento en una de las primeras mesas, entre más enfrente estuviera sería mejor. Se acomodo el oscuro cabello en una coleta alta y espero unos cuantos minutos hasta que finalmente el alto hombre con barba pronunciada decidió entrar por la estrecha puerta del aula.

Aurora abrió su libreta y se estiro en su asiento un poco cansada.

-Les tengo una sorpresa –dijo el maestro.

-Examen –susurro Aurora.

-¡Exacto! –exclamo el hombre con una sonrisa en su rostro, los chillidos y susurros robaron la atención del hombre y negó. – Ustedes nunca aprenden –dijo por ultimo para comenzar a repartir unas hojas a cada uno de los alumnos.

Aurora tomo su lápiz y comenzó a contestar pregunta tras pregunta cuando las hojas le fueron entregadas. Estaba cansada y quería llegar con sus padres lo más rápido posible.  

El examen término siendo una tortura para ella cuando las últimas preguntas llegaron, se rasco la nariz y escribió dudosa. Se levanto de su lugar y entrego la hoja al hombre que la miraba con dureza.

-Hasta mañana –susurro ella para darse la media vuelta y tomar sus cosas.

-Hasta mañana – contesto el hombre al verla salir del aula.

Aurora se masajeo la cabeza y camino con tranquilidad por el pasillo iluminado por unas cuantas lámparas antiguas que colgaban del techo blanco.

-¡Espera Aurora! – gritaron detrás de ella. Aurora voltea y mira el chico de ojos claros con una perfecta sonrisa dibujada en su rostro. Aurora mira su nariz perfilada y frunce el ceño.

-¿Nathan? – pregunta ella.

-Es tarde –contesta el.- permíteme llevarte a tu casa.

Aurora niega rápidamente y sonríe amablemente.

-Vivimos en direcciones completamente separadas, mi casa no te queda ni de pasada ni cerca. Tomare el autobús en la esquina y llegare a casa rápidamente. No tienes de que preocuparte pero muchas gracias por tu oferta. –dijo Aurora.

-Ya casi son las diez de la noche.

-No insistas –dijo ella con un rostro serio. – Sabes que me gusta caminar.

-Sabes lo mucho que odio que andes por ahí sola –dijo Nathan.

Ella sonrió por ultimo y se despidió de él con un beso en la mejilla. Aurora salió del pasillo y camino con tranquilidad mientras bajaba las escaleras del edificio.

Nathan negó y se llevo ambas anos al rostro completamente desesperado por haber recibido un no como respuesta por millonésima vez.

-Algún día Aurora –susurro el chico.

 

Aurora suspiro con tranquilidad al ver la noche completamente oscura, esa noche en especial estaba más oscuro puesto que la luna no se encontraba ahí. Aurora levanto su muñeca y miro la hora en su reloj rosado que le había regalado su padre hace unos días.



Karen Terminel

Editado: 30.05.2020

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