Los Ojos de Sofía

El hombre de los ojos grises

Valentina

El llanto es suave, casi imperceptible, pero lo escucho. Lo noto a través del silencio que siempre rodea este pueblo, como si el sonido se filtrara entre las rendijas de la casa y se colara en mi mente, obligándome a prestar atención. Mi oído se agudiza, me concentro solo en eso, ese llanto bajo que parece provenir de la casa de Luca. Al principio, me pregunto si será mi imaginación, si tal vez es el sonido de la televisión o algún otro ruido que se mezcla con el viento. Pero el llanto es tan claro, tan definido, que no puedo ignorarlo.

¿Un niño? ¿Luca tiene un hijo? La curiosidad me consume, como siempre lo hace. He notado algo raro en él desde el primer día, una especie de murmullo constante que rodea su vida, un aire de misterio que no puedo dejar de sentir. No he visto a nadie más en su casa. Ni amigos, ni visitas. Solo él. Pero ahora, ese llanto me hace dudar. Me hace pensar que tal vez hay algo más de lo que él quiere que sepa. Quizás es la forma en que vive, o tal vez está protegiendo algo, o alguien, a toda costa.

Decido acercarme a la ventana, me quedo quieta, mirando en la dirección de su casa. El llanto persiste, y aunque mis pensamientos vuelan a mil por hora, sé que no puedo seguir especulando sin saber con certeza qué está pasando allí. El sonido se intensifica por un momento, y mi mente da vueltas sin parar. ¿Quién es ese niño? ¿Por qué no lo había escuchado antes? Me pregunto si es un hijo suyo, tal vez algo que nunca me dijo. Pero mis pensamientos se disipan cuando de repente la puerta de su casa se abre, y aparece Luca. Su rostro serio y su mirada fija en mí me hacen detenerme.

—¿Escuchas eso? —le pregunto, casi sin pensar. La curiosidad se escapa de mis labios antes de poder detenerla. Mi voz tiembla ligeramente, pero intento parecer tranquila.

Él me mira, sus ojos grises analizando cada palabra que digo. Por un momento, parece que va a decir algo, pero luego su rostro se suaviza, y se encoge de hombros.

—Es la televisión. —Su respuesta es rápida, casi automática, como si intentara deshacer cualquier duda que pudiera haber en mi cabeza.

Siento que mi mente da un giro, pero no quiero quedarme con esa respuesta. Siento que hay algo más. La tensión entre nosotros, el no saber qué hay dentro de esa casa, lo que oculta, me empuja a dar un paso más allá. Sin pensarlo demasiado, doy un paso hacia la puerta, y la empujo suavemente, intentando adentrarme.

—¿Puedo...? —mi voz suena casi tímida, pero la curiosidad puede más. Quiero saber más, no puedo dejarlo así, no quiero irme con la incógnita de saber si lo que escuché era real o solo mi imaginación.

Luca bloquea la entrada con su cuerpo de inmediato, su postura rígida, firme. Sus ojos se estrechan con desconfianza, y su rostro se tensa como si mi simple presencia le estuviera incomodando.

—No seas atrevida —gruñe con un tono brusco, casi amenazante. —No te he invitado a pasar.

Me quedo inmóvil, como una niña sorprendida, avergonzada por mi atrevimiento. ¿Qué me pasa? ¿Por qué actúo así? ¿Por qué intento meterme en su vida cuando me deja claro que no quiere que lo haga? El rechazo es claro en su actitud, y todo lo que quiero es desaparecer del umbral de su puerta. Me siento estúpida. Mi respiración se acelera un poco, la vergüenza sube hasta mis mejillas, pero no tengo más opción que dar un paso atrás, sintiéndome completamente ridícula.

Antes de que pueda decir algo más, Luca, con una expresión que ya no es tan dura, pero sí forzada, se disculpa. Su voz se suaviza, y hay algo en su actitud que me desconcierta aún más.

—Lo siento, no debí ser tan brusco. —Una sonrisa, pequeña y forzada, se dibuja en su rostro. —Debo entrar, la comida se me quemará.

Asiento, mi cuerpo aún tenso por la incomodidad, y con una sonrisa triste en los labios, murmuro:

—Está bien. No quería... incomodarte.

Antes de que pueda decir nada más, Luca da un paso hacia atrás y comienza a cerrar la puerta, pero antes de que lo haga por completo, me susurra algo bajo, casi imperceptible:

—Gracias por el pastel.

Mis ojos se abren ligeramente, confundida por lo que acaba de decir. El pastel. ¿Ese pastel de chocolate que le traje? No esperaba que lo aceptara tan fácilmente. Y mucho menos que ahora me agradezca por algo tan trivial. Mientras la puerta se cierra tras él, mi mente da vueltas, preguntándose qué está pasando realmente en esa casa. ¿Por qué se comporta así? ¿Qué está ocultando?

Me doy vuelta, mirando por la ventana, tratando de ver algo a través de los cristales empañados. Mi mente está llena de preguntas, pero la casa de Luca sigue tan silenciosa y oscura como siempre. No veo nada extraño. Solo la penumbra de la tarde comenzando a caer, y el sonido distante de la vida que continúa fuera de mi alcance.

Cierro los ojos por un momento, intentando ordenar mis pensamientos. La curiosidad me consume. Algo no está bien. Sé que escuché un niño llorando. Y aunque Luca me haya dicho que era solo la televisión, mi instinto me dice que hay algo más. Algo que él no quiere que yo descubra. Algo que está profundamente oculto en su vida, y no voy a descansar hasta saber qué es.

Cuando llego a mi apartamento, ya todo está más calmado. El sofá blanco que compré está en su lugar, finalmente todo está comenzando a encajar en su sitio. Poco a poco, voy comprando los muebles que me hacen falta, creando una vida más cómoda, más tranquila. Pero mi mente sigue atrapada en la figura de Luca, en su hermetismo, en la forma en que evita cualquier conversación personal. Y el llanto de ese niño, que sigo escuchando en mi cabeza. ¿Era real? ¿O simplemente mi mente jugándome una mala pasada?

No puedo dejar de pensar en él. En la casa. En ese niño.

(...)

Salgo de mi casa con una ligera brisa acariciando mi rostro. Es un día tranquilo, uno de esos en los que todo parece estar en su lugar, y aunque mi mente sigue atrapada en los mismos pensamientos sobre Luca, me esfuerzo por centrarme en lo que tengo que hacer: comprar pan y algo dulce en la panadería que queda a dos cuadras de aquí. La rutina, aunque banal, me sirve para desconectar un poco. Al menos, intento que así sea.




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