Mi paciencia se agota

Segundo dia, primera amenaza

A la mañana siguiente Eleonor, Ismael y Pedro llegaron a la empresa muy entusiasmados por que aun estaban por terminar su proyecto que les encargó Ramiro Ochoa. El ambiente en la empresa, que hasta parecía lleno de entusiasmo y nervios por el inicio, se transformó en un silencio pesado. Ramiro, el jefe, recibió un mensaje inesperado en su celular. Sus ojos se oscurecieron mientras lo leía, y el gesto severo que ya imponia respeto a su entorno en una sombra de preocupación.

__ ¿Pasa algo jefe? _ pregunto Pedro _ Mañana vendrán mis hijos _ dijo el jefe con la voz grave, rompiendo el silencio _ Quieren hablar sobre el testamento.

Las palabras del jefe se esparcieron como un veneno invisible. Los empleados comenzaron a mirarse unos a otros, y pronto, la tensión se reflejó en los rostros de todos. Leonor, Ismael y Pedro, que apenas era su segundo día, sintieron como el aire se volvió más denso. La compañía entera parecía contagiada de miedo, como si aquel asunto familiar pudiera convertirse en una amenaza para todos.

Leonor apretó su libreta contra su pecho, incapaz de concentrarse en las tareas asignadas. Ismael, que solía bromear para aliviar la tensión, se quedó callado, observando con inquietud cada movimiento de Ramiro. Pedro, por su parte, intentaba mantener la compostura, pero sus manos temblaban ligeramente sobre el teclado de su escritorio.

__ Tengo el mal presentimiento de que mañana algo acabará mal _ dudo Ismael con miedo en sus ojos _ Yo siento que no puedo concentrarme en mis tareas _ respondió Leonor _ También estoy igual… espero que mañana mejore,.. “(no sé en qué lío se meten los hijos del jefe)”.

Justo antes de empezar con sus labores, Ramiro comunicó a toda la compañía que hoy no habrá labores de Marketing y que mejor regresaran a sus casas, los muchachos no entendían el porqué suspenderá las labores por ahora. Y sin más que aclarar al jefe Ramiro se fueron a una cafetería cercana, mientras disfrutaban de su café matutino pensaban que si había cambio de planes con el mensaje inesperado.

__ ¿Creen que sus hijos hayan cambiado de parecer? _ ¿Por que preguntas eso Eleo? _ Bueno, se me hizo extraño que haya querido suspender las labores tan temprano. _

__ Es verdad… los que comentan todo sobre Ramiro, él nunca suspende ninguna actividad laboral hasta las 8 pm _ aclaro Pedro _ y si, puede ser que sus hijos hayan tomado otra decisión con respecto a la herencia y lo que pasará con la empresa.

__ Lucen como no les importara lo que pasará con su padre _ viendo situaciones como esa parece que nomas quieren competir para ver quien es el mejor de los 3_ dudo Ismael _ ¿Se escuchó medio ridículo lo que dije?.

__ Un poquito… pero, puede que sea verdad. Algunas personas que viven rodeados de lujos y poder terminan siendo repugnantes con esas actitudes de niño mimado. _ y no se sabe lo que pasará en el futuro. _ aclaro Leonor.

Unas horas más tarde Leonor llega a casa temprano y su papá no esperó que su niña llegara, ella platica un poco con él con las voz y manos temblorosas. Su padre Damien parecía entenderlo todo con miedo en su mirada.

El rumor se propagó rápido: los hijos de Ramiro no solo venían hablar por el testamento, si no que había conflictos internos que podían poner en riesgo la estabilidad de la empresa. Nadie sabía qué esperar, pero todos compartían la misma sensación: el futuro de la compañía, y quizá el de ellos mismos estaban a punto de tambalearse.

__ Así que le dije a Pedro y Ismael que tenía el mal presentimiento de que sus hijos quieran hacerse algo entre ellos mismos, y con respecto a los demás.

__ No puede ser… ¿Porque preguntarían por un estupido testamento?, que mala suerte de tener hijos así de ingratos. _ respondió Damien. _ Lo que sea que quieran tu mantente a salvo de esos salvajes, ¿Si, mi amor? _ si papa.

Ese segundo día, lo que debía ser un inicio lleno de oportunidades se convirtió en una advertencia silenciosa. La amenaza no estaba en un proyecto difícil ni en un cliente exigente, sino en un asunto familiar que podía arrastrarlos a todos. Y mientras la jornada llegaba a su fin, Leonor, Ismael y Pedro comprendieron que la paciencia de la empresa no era lo único que se agotaba: también la tranquilidad de quienes trabajaban allí.




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