Noche de Navidad

Papá

Dude al escribir esta parte. ¿Saben por qué? Porque es al único al que no logro entender.

Su nombre es Steve Colt, tiene 50 años, aunque se mantiene en forma para su edad. Y ese es un punto del problema: es fuerte. Y como todo “buen ciudadano de clase media” (o eso opinan los ignorantes), le encanta el alcohol. Cada fin de semana se va a tomar con sus disque amigos, compañeros de trabajo, y llega (con suerte para nosotros) casi amaneciendo para quedarse dormido a mitad de la sala.

Conoció a mama en un restaurante, cuando ella estaba reunida con sus amigas. Aunque sabía que ella aún era menor de edad, y la superaba por mucho, quería intentarlo, porque era hermosa, se había enamorado de ella a primera vista. O eso creía.

Solo le bastaron dos meses para cortejarla y convencerla de casarse con él, serian felices solo los dos. Ya lo tenía todo planeado, el trabajaría como guarda de seguridad en un hospital, mientras ella se encargaba de la casa. Lo mejor sería la navidad, por fin podría ser feliz aun en esa fecha, porque para él, la noche de navidad, era la peor de todas. Le recordaba porque odiaba a su padre, le recordaba porque odiaba a su madre, le recordaba porque odiaba a los niños, le recordaba porque se odiaba a sí mismo y al mundo entero. Porque esa fecha, hacía de él lo que más odiaba, una copia exacta de su padre.

Después del matrimonio, eran felices, demasiado felices, era casi irreal para él. Hasta que ella “lo arruino” quedando embarazada. Obviamente jamás le dijo que detestaba la idea de tener hijos, en realidad nunca le conto ni le contaría nada de su pasado, porque sabía que la ahuyentaría de su vida. Pero al verla tan feliz con la noticia espero que su compañía menguara el odio y el miedo que le producían los niños.

Pero no, cuando los ellos nacieron empeoraron las cosas. Le robaron toda su atención, todo su amor, todo su cariño, así que para el no hubo otra opción: dio rienda suelta a ese odio que lo carcomía por dentro, ellos pagarían por todo, incluso por lo que no habían hecho.

“Y todo empezó en su quinto cumpleaños, que casualmente era noche de navidad, la peor fecha del año. Que más señal divina que esa.”

Eso pensaba papa. ¿Por qué lo sé? Porque después de esa noche, encontré su diario, y esto fue lo que escribió.

“Cada noche, que salía a tomar con mis compañeros de trabajo procuraba llegar antes de 3 am y hacer de las mías, sin que nadie lo notara, sin que nadie dijera nada, sin que nadie sospechara. Trataba de ser discreto, que no se notara, aunque en navidad no podía evitarlo, no tenía control sobre mí. La ira concentrada por años de sufrimiento, el dolor físico y psíquico acumulado durante toda mi vida, tomaba las riendas en el asunto. Dejaba de ser yo.

Cuando se fueron de casa explote. ¿Cómo se atrevían a dejarnos? ¿de dónde sacaron el valor para hacerlo? ¿Qué rayos iba a hacer ahora? Tal vez la rabia era por el hecho de que hicieron algo que pude quise hacer en mi juventud, pero que no tuve los pantalones para llevarlo a cabo, tal vez era por eso, era envidia.

Ahí fue cuando recordé, había otro escuincle. Solo que a ese casi que lo había ignorado toda su vida, ya tenía 12 años. Y había llegado su turno.”



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En el texto hay: suspenso, tragedias y muerte, navidad para todos

Editado: 19.11.2018

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