3. Abuso
Nos despertamos todas a las seis de la mañana.
Me estire en mi cama en la habitación cincuenta y uno.
Últimamente no soñé con Mari rota.
¿Estará de vacaciones en el mundo de las ideas o algo le habrá pasado?
No cualquiera tiene a una entidad cósmica como hermana.
Habían pasado unos días desde que rescate a Long Mai de la pobreza.
Se había acostumbrado al hotel.
Necesitaba reclutar a más chicas para ponerlas a trabajar en el comedor y en la limpieza. Me negaba a contratar a chicas normales por ahora.
Me cambie y camine al lado de las habitaciones de Naiara y Mai.
Ayer escuchaba como ambas se quedaban despiertas.
Les había comprado unos celulares BlackMirror G5. Unos teléfonos modernos de estos años.
No las desperté ese día. Quería darles una sorpresa.
Camine por el pasillo rojo y baje por el ascensor. Presione el botón de la planta baja.
Suspire al escuchar la canción del ascensor.
Espero que no se despierten mientras yo no estoy. Todavía son dependientes de mí.
Podría manipularlas, pero mi nuevo código de sangre, mi moral y ética no me lo permite.
Llegué al lobby, y salí del hotel.
Habían algunos inquilinos hablando. No les tome importancia.
Caminaba por la calle viendo a los niños jugar.
Me gustaba ver la inocencia de las personas.
Sonreí sin quererlo.
Llegue a la cafetería de la esquina, la mejor de la ciudad.
Pase y todos se sorprendieron al ver mis cuernos.
Ya estaba acostumbrada a las miradas de los otros.
Llegue al mostrador. La chica ya me conocía.
-Dame cuatro seis medialunas rellenas de dulce de leche.
Rápidamente saco las facturas y las puso en una bolsa.
Me dijo sonriendo.
-Son seis mil pesos.
Pague en efectivo.
Vi que la chica que atendía seguía teniendo esa sonrisa falsa. Sus micro expresiones no se podían esconder.
Le pregunte.
-¿Todo bien, Jessica?
Ella me miro seria por unos segundos y luego volvió a embozar una sonrisa falsa.
-Claro...
No me metí en su vida. Mi prioridad eran las marchitas.
Aunque me generaba curiosidad saber que le pasaba a esa chica. Supongo que algún día lo averiguare.
Volví rápidamente al hotel. Subí el ascensor y fui a mi habitación.
Ya sabía cómo sorprenderlas.
Hice tres tasas de café.
Me tomé una y luego me comí dos medialunas.
Estaba deliciosa.
Todo estaba en paz.
Saqué dos bandejas, puse una tasa y dos medialunas en cada una.
Primero fui con una bandeja hasta la habitación de Naiara.
Toque con una mano.
Ella pregunto.
-¿Quién es?
Respondí.
-Soy Marina...
Tardo unos segundos en contestar.
Abrió la puerta con uno de sus tentáculos.
Ella seguía tirada en la cama.
Vio su celular. Eran las siete de la mañana.
Su cara cambio cuando me vio con la bandeja.
Sonreí como si fuera su madre.
-Desayuno en la cama.
Puse la bandeja encima de ella.
-Gracias Marina... sos un amor.
Ella comió como una glotona.
Me sentía feliz viéndola disfrutar.
Fui a mi habitación y tomé la otra bandeja.
Fui a la habitación de Mai y abrí la puerta con mi llave.
Ella estaba durmiendo profundamente.
Me hacía sentir mal despertarla.
La levanté agarrándola del hombro.
Ella se asustó al verme de la nada, pero luego se alivió al saber que era yo.
Le puse el desayuno encima.
Ella lo acepto y me hizo un corazoncito con las dos manos.
Sonreí y me reí.
Recibí una llamada en mi celular.
Mi corazón se aceleró.
Vi el número. Era Carlina Gutiérrez y la conocía, era una estudiante de derecho que me había pedido una foto.
Conteste la llamada.
-¿Hola?
Del otro lado, había una voz desesperada.
-¿Marina Radith?, hay un cadáver en la facultad de derecho de la universidad nacional.
Respondí.
-¿Cuerpo en la facultad de derecho?, eso me interesa. ¿Hay una marchita involucrada?
-Hay marcas de garras en el cuerpo, eso significa que...
Contesto.
-Un marchito... voy para allá, no dejen que la policía se meta en mi caso.
Agarre las llaves de mi camioneta negra.
Naiara me pregunta.
-¿A dónde vas?
Contesto.
-Tengo un caso, ¿estarán bien sin mí?
-Vamos a estar encerradas en las habitaciones.
-Intenten salir juntas si quieren. Sera un entrenamiento contra la ansiedad, la resocialización.
Ella se quedó parada con su café.
Mai tambien se levanto y le escribio.
“¿No quieres ir a la plaza?
Naiara se quedó pensando y finalmente dijo.
-Claro...
Yo baje a la planta baja por las escaleras. Me subí a mi camioneta y fui rápido a la facultad de derecho que quedaba muy cerca.
Al llegar, estacione en la esquina.
Entre en la facultad y la policía estaba ahí.
Un policía me detuvo.
-No puede pasar aquí.
La sargento Eva Martínez estaba ahí.
Me vio parada en la entrada de la facultad.
-Déjala entrar, es asesora especial de la policía.
Pase mientras el policía se quedaba mirándome.
Camine por los pasillos de la facultad al lado de Eva.
Ella me menciono los detalles del caso.
-Es Yuta Sanemi, hijo de inmigrantes japoneses. Lo encontraron con marcas de garras en la espalda. Lo atravesaron.
Pregunto.
-¿Tiene familiares?
Eva mira.
-No tengo idea.
Me señala el baño.
-El cuerpo está ahí adentro. Llamamos a criminalística, pero no llegan los malditos.
Veo que hay charcos de sangre en el piso.
-Me encargare...
Camine hasta entrar al baño.
Sentí el olor a sangre.
El cuerpo estaba boca abajo, con heridas de garras en la espalda.