¿por qué somos tan débiles?

Capítulo 1: Adiós Nick

La noche estaba caluros. El ambiente pesado y el parque lleno de gente. Caminábamos entre los árboles por largos senderos que recorrían de punta a punta el lugar, disfrutándo la vista y de nuestras ocurrencias.
Nosotras eramos tres. Jordyn, Viena y yo. Nos conocimos con Viena en la escuela. Ella conocía el lugar como la palma de su mano, yo por otro lado recién me había mudado y por ende no conocía nada ni a nadie. Jordyn es amiga de Vi desde siempre. La conocía gracias a ella y desde entonces hemos sido muy amigas. Yo soy la mayor con dieciocho años, Vi y Jordyn tienen dieciséis y diecisiete respectivamente.
Si se ponen a sacar cuentas se habrán dado cuenta que yo debería estar más adelantada en mis estudios. Si, es cierto, pero eso es otra historia.
Se acercaban las doce de la noche, mientras caminábamos disfrutando del lugar (algo que suena gracioso porque no tenemos nada para ver) mientras yo esperaba una señal de Nick. Él no es mi novio, tampoco mi amigo. Es un chico con el que salgo desde hace un par de meses. No entiendo cuál es la razón por la que él no quiere salir en público conmigo. Tampoco se le he preguntado, pero si a mi todo el tiempo.

-¿Qué vas a hacer? -me preguntó Viena llamando mi atención. Parecía un poco molesta, tal véz porque había estado en mi mundo por diez minutos.

-No sé. Él no me ha escrito nada aún. -dije volteando mis ojos demostrando insatisfacción.

-¿Tienes un cigarro? -me preguntó Jordyn. Tanteé mis bolsillos y estaban vacíos. La miré moviendo mi cabeza con una respuesta negativa.

-Está bien. -miró a su alrededor. -¿Qué les parece ir a pedirle a aquellos chicos?

Seguí su mirada y descubrí a tres chicos sentados en una mesa apartada, al oscuro. Me pareció una idea terrible pero antes de que demostrara mi descontento, ellas se dirigían al lugar. Con un trotecito las alcancé.

-No me parece que sea una buena idea.

-No seas boba. Vamos, le pedimos un cigarro y nos largamos.

Un suspiro silencioso abandonó mis labios mientras caminaba detrás de ellas. Cuando estuvimos a tan solo unos metros, los tres chicos se voltearon a verme. ¡Moría de vergüenza!

-Hola, ¿por las dudas no tendrán un cigarro que me den? -preguntó Jordyn con una confianza envidiable.

-Si, tenemos.

Un chico morocho y alto metió su mano en el pantalón buscando lo pedido. Cinco segundos después tenia el cigarillo en su mano derecha. Se lo tendió con una sonrisa.

-Fer, ¿me pasas el encendedor?

La miré durante unos segundos todavía tratando de comprender que ocurría con ellas dos. Metí la mano en mi bolsillo trasero y le tendí el bendito encendedor.

-No sabía que fumabas. -dijo uno de ellos. Tenía el cabello rubio, y una sonrisa encantadora. Lo miré durante unos segundos un poco sorprendida. ¿Por qué debería saberlo? Desvié la mirada sin decir una palabra, para colocar mis ojos en la pantalla de mi celular. Un mensaje de Nick preguntándome si iría a su casa.

-Chicas, yo me voy.

Ambas se dieron vuelta escuchándome.

-No me digas que ya te vas. -dijo el mismo chico, el cual informó que se llamaba Carim.

-Si, me voy.

-¿Vas a volver? -preguntó Viena.

-Si, obvio. -Ella asintió. -Pero no tengo mucha batería.

-Pedile a Nick que te preste un cargador. -me aconsejó Jordyn a lo que yo accedí diciéndoles que les escribiría más tarde.

-Adiós. -dijo Carim otra vez sin recibir respuesta alguna de mi parte.

Sola y sin ningún apuro, atravesé el parque dirigiéndome a lo de Nick. Su casa se encontraba a un par de cuadras, tres para ser específica. Llegué a su casa, saqué mi celular y le mandé un mensaje avisándole de mi llegada. Él respondió en cinco minutos.

Entré en su casa muy despacio, como si yo fuera una ladrona o alguien que no era bienvenida en el lugar. No era la primera vez que lo visitaba por las noches. Esto que acabo de decir suena horrible pero no es ningún misterio.
Nick y yo nos conocimos en las redes sociales. Comenzamos a charlar y acordamos una salida un día por la tarde. Estaba muy contenta porque era la primera vez que salía con un chico en la nueva ciudad, pero no todo fue color de rosas. Lo nuestro no fue una cita, sino una salida a una plaza vacía, en unos bancos escondidos en donde charlamos y nos dimos algún que otro beso. La situación en si me molestaba un poco, pero no le dí mucha importancia.

Él caminaba como si estuviera cruzando un campo minado, y una bomba fuera a estallar en cualquier momento. Atravesámos la sala y entramos en su habitación.
La televisión estaba encendida, las luces apagadas. Nick se quitó sus zapatos, se acostó en su cama e hizo un ademán para que yo hiciera lo mismo. Dudé un instante pero enseguida accedí, aunque solamente me senté.

Él enroscó un brazo alrededor de mi cintura dejándolo allí unos minutos. Un instante después comenzó a tirar de mi para que me recostara. Lo hice. Y me dio un beso. Algo normal, ¿no? Estamos saliendo. Sus besos descendieron a mi cuello y sus manos exploraban mis piernas. Le dije que se detuviera, que veríamos la película pero él no accedió. Seguía insistiendo. A pesar de todo, yo me mantuvé firme en mi posición y él no tuvo más remedio que detenerse.
Mis acciones lo molestaron, demasiado. Él cambió su forma de tratarme, hasta se alejó un poco de mi. En ese momento me cuestioné, ¿qué he echo mal?



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En el texto hay: parejas, amor, engaño

Editado: 13.08.2018

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