Querido Cupido

Prólogo

¡Madre mía que calor hace! Estamos a mediados de agosto y esta es la ola de calor más alta que ha golpeado a Elora, ahora mismo resulta muy poco oportuno que bañarse en el río del pueblo esté prohibido. En realidad, agradezco que este verano sea más caluroso de lo habitual, el clima en esta parte del país es mayormente frío y es bueno guardar el abrigo por algunas semanas en el armario.

Somos una pequeña familia compuesta por tres; mi madre, mi hermano y yo. Nosotros vivimos en un pueblo poco habitado a las afueras de Ontario, aquí todo es muy pacifico y aburrido, no hay mucho que hacer o visitar, solo tenemos una plaza con dos bancos antiquísimos y una fuente seca. ¡Oh! Por supuesto, no podría olvidarme de la única tienda que tenemos. Él señor Patrol es el dueño de la tienda local de alimentación. Sino tienes un coche para moverte a alguna de las ciudades cercanas solo te queda el tren como opción y pasa cada cuatro horas.

Tengo los codos apoyados sobre la desgastada mesa de madera que tanto le gusta a mi madre, desde aquí puedo observar con lujo de detalles los diferentes tonos azules del cielo, está totalmente despejado.

Este es mi momento favorito del día, mi peor pesadilla no se encuentra en casa. Tal vez no soy lo suficientemente madura para entender algunas cosas, pero comprendo a la perfección que mi padrastro no tiene una actitud meramente fraternal conmigo. El novio de mi madre vino a vivir con nosotros hace medio año, al principio creí que era normal, yo no crecí con una figura paterna y no tenía nada con que compararlo. Poco a poco las cosas fueran saliéndose de control, las miradas lujuriosas y los comentarios morbosos pasaron a ser toques indebidos; cada vez que lo hace algo se rompe en lo más profundo de mi alma. Su actitud me sorprendió bastante y se lo dije a mi madre, pero ella simplemente lo excuso diciendo que ese comportamiento era habitual en los hombres chapados a la antigua. Mi madre está ciegamente enamorada y no sé da cuenta del monstruo que ha metido en su casa, no me valió de nada contarle sobre las insinuaciones que me había hecho Pablo, ella confía en que él está bromeando ¿No se da cuenta de que me hace daño?

Suspiro y dejo que mi cuerpo se relaje después de mucho tiempo. Yo me mantengo en alerta la mayor parte del día esperando a que él entre por la puerta para volver a hacerme daño. Siento que mi cuerpo está siendo ultrajado, que ya no me pertenece.

El lunes cae con pesadez sobre nosotros sin embargo, hay algo diferente en mi rutina habitual y lentamente me doy cuenta de que por fin me he liberado, he dejado que la valentía me domine.

— Esas son acusaciones muy fuertes, Genova. —me responde mi progenitora con la confusión reinando en su mirada.

— ¡Mamá, te estoy diciendo la verdad! Sino hubieras llegado antes del trabajo aquel viernes Pablo habría abusado de mí. —mi voz es un popurrí angustiado de palabras entrecortadas, ni siquiera la reconozco.

Nadie habla, un silencio lúgubre se apodera de la sala de estar, sus ojos oscuros me observan con determinación y entonces comprendo que nuestra confianza se ha roto.

— Yo pensé que te había criado con buenos principios, pero veo que no es así. Pablo no haría tales cosas, estoy muy decepcionada de ti. Te quiero y no permitiré que acuses a alguien inocente de algo tan perturbador. Creo que lo mejor será que te vayas de esta casa y vuelvas cuando reflexiones, ve a recoger tus cosas. Tal vez tu abuela puede acogerte.

Las lágrimas no tardan en arremolinarse en mis ojos y el aire comienza a faltarme ¿No debería una madre de poner a sus hijos por encima de todas las cosas?

— Mamá por favor, no lo hagas. —suplico asustada, no tengo a donde ir y no quiero terminar en el incompetente sistema de familias de acogida. Mi progenitora niega con la cabeza y aunque busco un ápice de arrepentimiento en su semblante no lo encuentro.

Siento dolor, pero no es físico, es ese tipo de dolor que corre por tu cuerpo completo quemando todo a su paso como si fuera acido. Sus palabras se repiten como un mantra en mi mente apuñalando mi corazón, es una afilada daga de plata que arde al traspasar mi piel. Bajo la cabeza mordiendo mi labio inferior consternada y con rapidez me dirijo a mi pequeña habitación donde el mural lleno de fotos familiares me recibe. Un grito desgarrador se escapa de lo más profundo de mi garganta, no lo entiendo, ella es mi madre, quiero que me abrace y me diga que solo estaba mintiendo. Con las manos temblorosas y las lágrimas empapando mis mejillas meto las primeras prendas de ropa que pillo en mi mochila.

— ¿Está todo bien por aquí, pequeña? —inquiere mi hermano apoyado en el marco de la puerta, trago saliva y acorto la distancia entre nosotros para abrazarlo con cariño preguntándome si esta es la despedida.

— Te quiero .—murmuro intentando aplacar el pánico que trata de absorberme, yo no quiero irme, no quiero hacerlo.

—Yo también te quiero. — Levanto la cabeza para memorizar sus facciones, tal vez está será la última vez que lo vea.

Anthony es tres años mayor que yo y lo único que tenemos en común es el pelo rizado. Él es un chico atractivo de piel negra y cabello azabache, lo que más resalta de su rostro son las frondosas pestañas que adornan sus ojos canela. Los pómulos marcados lo hacen lucir intimidante y sus carnosos labios le añaden una pizca de especias a su físico.



Shawtyonlyjb

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En el texto hay: amor, millonario, magnate

Editado: 22.01.2020

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