Survive this Word

Capítulo 2

En lo alto de la residencia, la silueta de la mujer recortada contra el sol imponía respeto, hasta que el silencio fue roto por un quejido muy humano.

—¡Haaaaa, me acabo de marear! —exclamó una voz temblorosa.

—Pues sí —respondió otra voz con tono de suficiencia—. Sabes perfectamente que usar esa hechicería a tal velocidad es peligroso.

—Iñá, déjalo ya —replicó el primero, resignado—. Además, llegamos rápido.

—Eso no te da derecho a… —la frase murió en un intento contenido de no devolver el desayuno.Una carcajada estruendosa cortó el aire

—¡Jajaja!

—Recuérdame, Agatha… ¿por qué te sigo? —preguntó una voz cargada de fastidio.Agatha, sin borrar su sonrisa triunfal, le lanzó una mirada de reojo.

—Te presté dinero y a cambio me diste tu lealtad y tú amor ¿no es así?

—Agh… —suspiró el hombre con amargura—. A veces, de verdad, me pregunto por qué acepté ese trato.

—¡Ay, por favor, Leoni! ¡Jajaja!Leo, cuyo rostro reflejaba un cansancio crónico incluso siendo tan temprano, simplemente resopló.

—Ajá, sí, lo que digas… no importa.

—Ma… dre… —una voz débil y suplicante interrumpió la charla.Agatha se giró alarmada, dando un salto hacia atrás.

—¡Es tu culpa! —reprochó el joven, llevándose las manos a la boca en un esfuerzo heroico por contener las náuseas.

—¡Sí, lo que quieras, pero no encima de mí!Leo no pudo contenerse más y estalló en una risa irónica.

—¡JAJAJAJAJAJA! —Agatha le gritaba de fondo que se callara, pero él, secándose una lágrima de la risa, continuó—: Sabía que el karma existía, pero no esperaba que llegara tan rápido.

—¡Ah, qué asco me da este mocoso! —gruñó Agatha con genuina repulsión.

—¡Cállate! ¡Si estamos así es por ti!

—Ajá, ¿pero estamos aquí o no estamos aquí? —replicó ella, recuperando su tono burlón—. Llegamos en un abrir y cerrar de ojos.

—¡Y mira en qué estado! —exclamó Leo, exasperado.

—Ay, de tal palo, tal astilla —sentenció Agatha con desdén.El joven, recuperando un poco el aliento, la miró con fijeza.

—Y por cierto, madre… ¿me vas a llevar?

—¿Para dónde? —preguntó ella, distraída.

—A la Academia, ¿no?

—Aaaaaa… no.

El rostro del chico se transformó en una máscara de absoluta incredulidad.

—A ver, qué fastidio… —continuó Agatha con un bostezo—. Mira, la Academia no está tan lejos. Si te vas ahora mismo, llegas sobrado.

—¡¿Qué coño?! —estalló el joven, indignado—. ¡Pero si ayer me dijiste que me llevarías! ¡Me lo juraste y prometiste que nos dejarías ahí apenas llegáramos!

—Sí, sí, pero tengo que ir a la oficina con Leo y, de verdad —bostezó de nuevo—, si llego tarde me van a fastidiar el resto del día.

—Ah… —el joven le dio la espalda, con la voz cargada de amargura—. Si no puedes cumplir, no hagas promesas. Qué problema contigo, en serio. Me voy entonces. Chao, las quiero… leo observo la escena en silencio antes de intervenir

—El chico tiene razón —dijo con seriedad—. No deberías jurar cosas que no piensas hacer.

—Umm, bueno —Agatha se encogió de hombros con indiferencia—. El mundo es cruel. Tiene que estar preparado para cualquier inconveniente. Que lo tome como parte de su… entrenamiento.

—Ajá —Leo levantó una ceja—. ¿Y cómose supone que sepa eso? Él confió en tu palabra. No puedes simplemente decirle: "Ah, mira, ya no". Dime una cosa, ¿tú aguantarías que alguien te hiciera lo mismo?

—Bueno, lo soporto y ya.

—Mentirosa —rio Leo con ironía—. Ya estarías insultando a medio mundo.

—¡Ah, ya cállate y vámonos! —zanjó ella cortando la conversación de raíz. El Despertar ForzadoEn otro rincón de la capital, la frustración corría por las venas de otro joven. Shinro corría a través de la marea de gente que inundaba las calles.

—¡Mierda! ¡Mierda! ¡MIERDA! ¡Debí haberle hecho caso cuando me avisó!Unas horas antes…

—¡Mira, Shinro, apúrate! ¡SHINROOOOO!En su habitación, el joven dormía plácidamente, ajeno al funeral que su madre estaba a punto de organizarle si no abría los ojos.

—¡Ummm, mira, baja ya! —gritó la mujer desde la planta baja.Silencio total.

—Aaaa, ¿quién me manda a inventar? SHINRO, abre la puerta!Nada. Ni un suspiro.

—Bueno… se acabó.

Shinro se despertó de golpe, pero no por un grito, sino por el impacto de una escoba contra su colchón. Su madre estaba allí, armada con el utensilio de limpieza.

—¡Mira la ho-…¡muchacho del diablo! —Un segundo golpe lo terminó de traer a la realidad.

—¡MAMÁ, QUÉ HACES…! —El tercer golpe le quitó las ganas de protestar.

—Mira la hora —señaló ella el reloj de mesa.Shinro palideció. No había puesto la alarma.

—Coño… —susurró mientras saltaba de la cama para vestirse.

—Imagínate —dijo su madre con un tono de decepción profunda—. Tu primer día en la Academia y ya vas tarde. Qué decepción.

—¡Pero es que la alarma no sonó! ¿Qué quieres que haga?

—¡CÁLLATE! —le cortó ella, elevando la voz—. ¡Tu hermana ya se fue y tú sigues aquí encerrado! ¡Con todo lo que nos costó que entraras!Shinro guardó silencio, apretando los dientes.

—¡Vístete ya! —sentenció ella antes de salir y cerrar la puerta de un portazo.Solo en su cuarto, Shinro sintió que las lágrimas le quemaban los ojos.

—¿Qué culpa tengo yo…? —murmuró mirando su cama—. Solo fue la alarma… ¿Por qué siempre me pasa esto? Encuentro Inesperado

—¡Carajo, nos van a dar un trabajo como el de hoy! —se quejó un hombre.

—Ah, no importa, mientras paguen —respondió su compañero con indiferencia.

—¿Y tú crees que esto vale la pena?Ambos vestían las armaduras pesadas de la guardia real, pero el hedor que desprendían sugería que esas piezas metálicas no habían visto el agua en años

—John, ya cállate —ordenó el que parecía tener más autoridad

—¿Cómo? Ah, discúlpame, Miguel. No sabía que morir por este olor era parte del contrato —respondió John con sarcasmo

—Coño, entonces dime tú. ¿Le digo al jefe que no haré el trabajo porque las armaduras huelen mal para que nos mande a ejecutar? Dime.John resopló, ajustándose el casco



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Editado: 09.06.2026

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