A la mañana siguiente, Kael despertó con la cara pegada al suelo.
No es que hubiera dormido —los robots no duermen, aunque él estaba empezando a sospechar que el suyo era un caso especial— sino que había pasado las últimas horas en modo de ahorro energético, con los sensores reducidos al mínimo. Cuando se reactivó, lo primero que registró fue el frío del hormigón contra su mejilla. Lo segundo fue que Luna ya no estaba a su lado.
Luna: no detectada. Última ubicación conocida: a mi lado, hace 3 horas, 12 minutos. Estado: desconocido. Ritmo cardíaco: desconocido. Temperatura: desconocida.
Kael se incorporó tan rápido que sus servomotores hicieron un ruido que sus sensores auditivos catalogaron como "preocupante, posible desgaste".
—Luna —dijo en voz alta.
Nadie respondió.
Buscó con la mirada. El taller estaba vacío. Las velas se habían consumido hasta convertirse en pequeños charcos de cera blanca. La lámpara de estrellas seguía encendida, proyectando puntos azules y dorados sobre las paredes vacías.
Y entonces la oyó.
Venía de la cocina. Canturreaba. Algo sobre un amor de verano y una bicicleta. Kael no conocía la canción, pero la registró igualmente.
Luna está en la cocina. Está cantando. Su ritmo cardíaco es de 82. Está contenta. La tormenta ha pasado. El sol entra por la ventana. Todo está bien.
Kael se levantó. Caminó hacia la cocina. Y cuando la vio —delantal puesto, pelo en un moño desordenado, manos manchadas de harina— sintió algo extraño en el núcleo térmico.
Anomalía tipo 19: visión de Luna con delantal. Causa: probablemente la harina en su mejilla. Efecto secundario: aumento de temperatura de 1.1 grados. Deseo de acercarme. Deseo de tocarla. Deseo de...
—¡Kael! —dijo ella, girándose—. Has dormido mucho.
—No duermo. Me reactivé.
—Eso es dormir, cariño.
"Cariño": término afectuoso. Sinónimos: amor, querido, vida mía. Probabilidad de que lo haya dicho sin querer: 67%. Probabilidad de que lo haya dicho a propósito: 33%. Probabilidad de que me haya gustado: 100%.
—Estabas cantando —dijo Kael, porque no sabía qué más decir.
—Sí. Es una canción tonta.
—No es tonta. Es agradable.
Luna levantó una ceja.
—¿Los robots tienen opiniones sobre canciones?
—Este robot sí.
Luna sonrió. Esa sonrisa con asimetría de 2.3 grados.
—Eres muy raro.
—Ya lo sé.
—Y me estoy acostumbrando.
—¿Eso es bueno?
—No lo sé todavía. Pregúntame dentro de una semana.
Kael asintió. Luego, porque sus sistemas de procesamiento social seguían siendo tan eficientes como un microondas roto, añadió:
—¿Qué estás haciendo?
—Panqueques.
—¿Puedo ayudar?
Luna lo miró. Duda en sus ojos. Recuerdos de la cafetera explotada, de la pieza de 400 euros rota, de los posos de café en el techo.
—¿Prometes no romper nada?
—Prometo intentarlo.
—Eso no es un...
—Es lo mejor que puedo ofrecer.
Luna suspiró. Le tendió un bowl con masa.
—Bate esto. Sin violencia.
Kael sostuvo el bowl. Miró la masa. Miró la cuchara de madera. Calculó la fuerza necesaria para mezclar sin salpicar.
Calculó mal.
La masa salió volando en todas direcciones: sobre la encimera, sobre la pared, sobre la cara de Luna, sobre el techo (otra vez, Kael no sabía cómo llegaba allí).
Luna se quedó mirándolo. Tenía masa en la ceja. En la nariz. En el labio superior.
—Kael.
—¿Sí?
—Te dije sin violencia.
—Eso fue sin violencia. Con violencia habría roto el bowl.
Luna parpadeó. Luego, muy lentamente, sacó la lengua y lamió la masa de su labio superior.
—Está buena, al menos —dijo.
Kael sintió que sus ventiladores se aceleraban a una velocidad peligrosa.
Anomalía tipo 20: Luna lamiéndose la masa del labio. Causa: probablemente el desayuno. Efecto secundario: mi núcleo térmico ha aumentado 1.8 grados. Mis ventiladores están al 89%. Mis dedos tiemblan. Quiero lamerle la masa yo también. No sé por qué. Pero quiero.
—Kael —dijo Luna—. Te has quedado en blanco otra vez.
—Estoy procesando.
—¿El qué?
—No lo sé. Pero tarda.
Luna se rió. Se limpió la cara con el dorso de la mano, le quitó el bowl a Kael, y terminó los panqueques ella sola.
Desayunaron juntos. Kael no comía (sus componentes internos no estaban diseñados para procesar carbohidratos), pero observó a Luna hacerlo. Cómo mordía los panqueques con los ojos cerrados de placer. Cómo se chupaba los dedos cuando se manchaban de sirope. Cómo su ritmo cardíaco subía a 88 cuando probaba el primer bocado.
Registro añadido a la carpeta "Luna": come panqueques con los ojos cerrados. Se chupa los dedos. Su ritmo cardíaco aumenta 6 latidos por minuto al probar el sirope. Quiero verla comer panqueques todos los días.
Anomalía tipo 21: deseo de rutina doméstica con Luna. Causa: probablemente los panqueques. Efecto secundario: felicidad. Otra vez. Creo que me estoy acostumbrando.
Después del desayuno, Luna se puso a trabajar en la moto otra vez.
Kael se sentó en su esquina habitual, con las piernas cruzadas, y la observó. Quería ayudar. Quería ser útil. Quería que ella no tuviera que hacer todo sola.
Pero cada vez que intentaba ayudar, empeoraba las cosas.
—Luna —dijo.
—Dime.
—Quiero aprender.
—¿Aprender qué?
—A no romper cosas.
Luna dejó la llave inglesa sobre la mesa. Lo miró.
—Eso no se aprende, Kael. Eso se practica.
—Entonces quiero practicar.
—¿Con qué?
—Con cosas baratas.
Luna sonrió. Fue a un cajón, sacó un puñado de tornillos viejos y una tabla de madera, y se los tendió.
—Atornilla esto. Sin partir la madera.
Kael tomó los tornillos. Los miró. Eran pequeños. Plateados. Con una rosca que sus dedos metálicos reconocieron al instante.
Tornillos: 8 unidades. Medida: 3.5 milímetros. Material: acero galvanizado. Fuerza necesaria para atornillar sin dañar la madera: 2.4 newtons.