Un ángel en la Tierra

02

Limitado por los distritos de Richmond y Sunset, Haight-Ashbury y Ocean Beach, el Golden Gate Park es un punto de referencia obligado aquí en San Francisco, especialmente si te urge algo de paz, un poco de tiempo al aire libre y un momento a solas contigo mismo pues no hay mayor conductor de tranquilidad que la naturaleza. Llegamos en menos de lo que esperábamos, todo el transito estaba más que a nuestro favor, mejor para nosotros. Aparco en la zona principal, Emilie baja con la canasta, Tom la sigue de acerca y en cuanto los veo encaminarse a buscar un buen sitio le coloco la alarma al vehículo, no es de los más nuevos y más vistosos pero es mío a fin de cuentas y me salva de tener que viajar en autobús o metro; las familias ya se han apartado los mejores lugares, no pensé que habría tanta congruencia hoy y es que este lugar es, por una buena razón, el tercer parque más visitado en los Estados Unidos y tiene más de una buena atracción, en un día, puede observarse algún bisonte americano, disfrutar del Museo de Young –suelo venir cuando Tomassin no está en mi compañía ya que se aburre bastante y por ello viaja con su madrina- de clase mundial, el verdaderamente especial Jardín de Té Japonés o la Academia de Ciencias de California educativa, tenemos un hermoso lugar aquí y soy feliz de poder disfrutarlo con quienes amo.

─ ¿Les parece que nos sentemos aquí? ─Em me ve satisfecha con el sitio escogido, bajo un árbol, cerca de varias familias con niños y lo suficientemente alejado del estanque principal para que estemos tranquilas de que Tomassin no hará alguna travesura que nos ponga los pelos de punta.

─Me parece genial, muy lindo por cierto, tienes buen ojo para encontrar lugares adecuados ─río.

─Gracias, es un don ─se carcajea, toma la manta que traigo en las manos y la coloca en el césped dejándose caer sobre la misma luego.

─Hola, ¿Juegas? ─un par de pequeños se acercan a Tom quien los observa inseguro.

─No... ─niega tímido, siempre es igual.

─Tenemos varias pelotas ─agrega uno de los pequeños.

─Y autos de carrera ─insiste el otro.

─Anda, ve a jugar ─lo animo y con una sonrisa los tres corren tras una pelota, las mamás de esos niños me sonríen a modo de saludo y vuelvo la mirada a mi hermana─. Bueno, dame las noticias, ¿Qué has hecho este último tiempo?

─Bueno, no he hecho más que trabajar y ayudar a papá en algunas cuestiones de la empresa ─se encoge de hombros.

─Sigues trabajando para él ─ruedo los ojos.

─A diferencia tuya, a mí me agrada ─me sonríe─. No es el trabajo soñado pero no me molesta.

─Siempre te conformas ─río.

─Deberías probarlo, tal vez así no pelearías tanto con papá ─se encoge de hombros.

─Creo que tengo la edad suficiente ya como para no depender de ellos ─suelto molesta─. Necesitaría volver a nacer para que me agradara ser parte de su empresa.

─Que complicada puedes ser a veces ─rueda los ojos.

─No se trata de eso ─niego─. Se trata de que no me gusta seguir a las personas, quiero ser dueña de mi propia vida y de mi propio trabajo, no me gusta tener que depender del trabajo en conjunto o de la supuesta ayuda de los demás, ¿Tiene algo de malo ser independiente?

─No, pero lo malo es ser solitario y tú, mi querida hermana, lo eres ─se carcajea─. Como una anciana.

─Tú igual ─señalo incrédula.

─Yo por lo menos salgo de casa cada cierto tiempo ─responde.

─ ¿Solo eso? ─frunzo el ceño─. ¿No hay nada más?

─ ¿Qué más quieres? ─ríe.

─Vamos, tienes veintitrés años, debe haber algo más ─río─. Salir con tus amigas, viajar, un muchacho.

─Amigas, pues salimos mucho pero suele ser en vacaciones ya que el trabajo de todas es un tema y en cuanto a hombres, ¿Qué hay de ti? ─eleva una ceja.

─Tengo una agenda apretada y lo sabes, además, el único hombre en mi vida ahora es Tomassin ─tomo un sándwich.

─Pero en algún momento vas a conocer a alguien, que te quiera al igual que a Tom ─rueda los ojos─. No te niegues a las cosas lindas y simples de la vida.

─No quiero apresurarme, quiero hacer las cosas bien con mi niño, no quiero que la presencia de alguien más pueda debilitar lo que tanto me ha costado tener ─suspiro─. No quiero que pregunte temas sobre su padre, no quiero tener que decirle que su progenitor es un imbécil, tan solo no quiero que eso suceda por lo que nunca lo menciono.

─Haz hecho todo bien por él, sabrá entender cuando llegue el momento que no tiene nada que ver contigo o con alguna decisión que hayas tomado ─sirve dos vasos con el jugo de naranja que compramos de camino aquí.

Desvío la mirada, mi hermana sigue hablando sin parar de lo que es mejor para Tom, observo a mi alrededor sutilmente, busco al niño con la mirada pero no lo encuentro entre el montón de pequeños que juegan, regreso la mirada a las madres que estaban cerca de nosotros y las veo tranquilamente con sus hijos; me pongo de pie, los niños ya no juegan con Tom, ¿Dónde está? ¿Por qué no lo veo? Barro el terreno nuevamente, no está, no lo veo, Emilie nota mi preocupación y se pone de pie, comienza a llamarlo en cuanto nota que no está, a nuestro alrededor los padres se dan cuenta de lo que sucede y preguntan a los demás si han visto un niño solo vagar por ahí.

─ ¡Tomassin! ─grito empezando a moverme por el lugar, no puede haber ido muy lejos.

Atravieso parte del campo verde en el que todas las familias parecen haberse puesto de acuerdo para poder usar, corro levemente, veo a todos lados, intento identificarlo por la ropa que traía puesta y en cuanto no logro encontrar nada mi corazón palpita desesperado, con todo lo malo que ocurre en la ciudad uno no puede mantenerse tranquila; en una de las tantas veces que volteo logro verlo, se encuentra cerca de la orilla del estanque, sostiene su pelota con ambas manos y hay un sujeto vestido de negro acuclillado frente a él, hablándole. Emprendo la carrera con rapidez, grito su nombre pero no voltea a verme, estando a metros de distancia, aquel sujeto me observa sin expresión y a continuación vislumbro a mi hijo cayendo al suelo, la pelota escapa de sus manos y yace tendido sin siquiera moverse.




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