Un ángel en la Tierra

05

Casa de Magali Rogers.

11:11 a.m.

─Tomy, ¿Quieres ayudarme aquí? ─Emilie observa al pequeño, lo nota algo aburrido junto a la ventana.

─Sí ─asiente acercándose.

─Pensé que podríamos preparar algunas galletas, ¿Qué te parece? ¿Cuáles son tus favoritas? ─pregunta buscando los materiales.

─Me gustan las galletas de chocolate ─sonríe.

─A mí también, parece que tenemos algo en común, ahijado ─sonríe.

─Tengo utensilios con forma de animales, mamá me deja usarlos cuando hacemos galletas ─corre a su habitación.

─ ¡De acuerdo, ten cuidado al bajar las escaleras de regreso! ─advierte la muchacha divertida, ese niño es su adoración.

Tomassin rebusca en su baúl de juguetes, recuerda haberlos metido allí pero no fue cuidadoso en guardarlos todos juntos por lo que prácticamente está dentro del contenedor, moviendo aquí, moviendo allá, nada, no están por ninguna parte. Suspira, observa el desorden de sus juguetes, sale con cuidado del interior del baúl, toma su muñeco de Superman y entretenido se queda allí, imaginando las próximas aventuras del superhéroe, de pronto, voltea, algo llama su atención. Deja el juguete de lado que cae al suelo, se asoma a la ventana mientras sus ojos no se despegan de lo que sea que está frente, las persianas se abren estrepitosamente, la brisa de la mañana gris arremolina el cabello del niño que se trepa con premura al marco de la misma y observando hacia abajo sopesa lo que está a punto de hacer.

─ ¿Tom? ─Emilie asoma la cabeza por la puerta del cuarto─. ¡Tomassin! ─corre desesperada hasta la ventana, toma al niño por el torso y lo quita de allí dejándose caer al suelo─. Pero, ¿¡Qué estás haciendo!? ¿¡En qué pensabas!? ¿¡Qué estabas haciendo!?

─Tengo que irme, Emilie ─la observa entre sus brazos─. Tengo que irme.

─Al único lugar al que irás es a la cocina, conmigo, ya no quiero este susto de nuevo ─se pone de pie y tomándolo de la mano lo jala en su dirección, los nervios de la rubia están por los cielos, no puede creer que haya sido capaz de asomarse así a la ventana.

─Pero... ─refuta.

─Sin peros, Tom ─suspira. Al llegar a la cocina, toma el teléfono móvil escribiendo a su hermana, apenas termina de teclear observa a su lado donde debería encontrarse el niño, pero no está─. ¿Tom? ¿Dónde estás? ─lo busca en la sala y la habitación de su madre─. Tomassin, no es gracioso, ¡Sal ya! ¡Tom! ─corre hasta la puerta de salida de la casa, la puerta está abierta y no duda en salir al jardín, observa a todos lados, los niños del vecindario juegan pero su sobrino no es parte de ningún juego, niega desesperada, ¿Dónde está ese niño? ¿Cómo pudo desaparecer así? ─. ¡Tomassin, Tomassin!

─ ¿Emilie? ─una de las vecinas se acerca a ella─. ¿Qué ocurre? ¿Dónde está Magali?

─Trabajando, estoy cuidando a Tom, pero ha desaparecido ─suelta histérica.

─Calma, ¿Has buscado en la casa? ¿No está escondido? ─pregunta observando a todos los niños.

─No, no está, ya busqué por todos lados y la puerta estaba abierta ─entra en la casa buscando su móvil.

─Llamaré a la policía ─anuncia la mujer, rápidamente varios de los vecinos que han podido escuchar empiezan a buscar al niño, Magali y su hijo viven allí desde que nació Tom por lo que todos los conocen y tienen una linda relación con las demás familias del vecindario.

Stuttgart, Baden-Wurtemberg, Alemania.

11:11 a.m.

Stuttgart es la ciudad más grande de Baden-Wurtemberg y la sexta de Alemania, además, el lugar es sumamente especial debido a una gran variedad de opciones de entretenimiento, gran abundancia de paseos y la noria, hay varios restaurantes y pubs atractivos, coloridos mercados y tiendas donde se pueden comprar recuerdos interesantes; definitivamente es uno de los lugares más elegidos por los turistas para pasar unas tranquilas vacaciones en familia, alejados del bullicio y el estrés de las grandes ciudades.

Schlossgarten Park se encuentra en todo su apogeo, repleto de familias y turistas curiosos que se maravillan con todo lo que el parque tiene para ofrecerles, es adecuado para una estancia relajante y divina; la atmósfera es más que pacífica, varias filas de personas esperan para comenzar el recorrido por un montón de senderos que el parque ha preparado. Los más pequeños están emocionados, encantados con los paseos y carruseles locales, aquellos que disfrutan de pasar tiempo al aire libre seguramente están planeando una visita al Zoo Wilhelm en el programa de recreación con un hermoso jardín botánico donde podrán familiarizarse con la fauna local, los vacacionistas pueden disfrutar de hermosas plantas exóticas y flores.

─Parece que esto va a demorar ─suelta un hombre en la fila, este no ha dejado de ver el reloj desde que llegó y ha dejado bien en claro a su esposa que no está nada contento con el paseo, tan solo accedió porque ella se lo había pedido días atrás.

─ Trata de ser más positivo, vamos a conocer un lugar hermoso antes de regresar a casa ─rueda los ojos la mujer mientras vuelve su vista a los folletos y guías que ha conseguido de camino.

El hombre de unos cuarenta y tantos años de edad observa el cielo en un gesto cansino, refunfuña para sí prestándole poca atención a las nubes que cubren el manto celeste, suspira sonoramente mientras que sus ojos recorren la extensión sobre él, observa la nubosidad; se ve algo espesa, quizás más que hace unos minutos, incluso podría asegurar que una fuerte tormenta está por llegar debido al color grisáceo de las mismas, quita los lentes que lleva para aminorar un poco la luz que molesta sus ojos, pone más atención y si mal no reconoce lo que llama su atención con demasía son unas protuberancias redondeadas que cuelgan de la parte inferior de otras nubes, en un patrón similar a lo que él llamaría células en un tejido –todo gracias a su profesión-; la extensión de tales raras nubes es de kilómetros, parecen estar llegando a Stuttgart, tales nubes reciben el nombre de mammatus y suelen formarse por el choque de bolsas de aire frías y húmedas con otras bolsas de aire seco y cálido.




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