Un ángel en la Tierra

07

Las cosas se han salido de control, debemos ser francos a la hora de intentar entender qué es lo que está sucediendo en el mundo en estos momentos, porque aunque el más ateo intente decirnos que es una locura, sabemos que algo de índole superior a nosotros ocurre; es imposible pensar que un incendio destruirá todo menos una sala llena de niños, es estúpido intentar defender esa idea cuando los noticieros no dejan de recordarte que hasta los bomberos son inútiles frente a una fuerte ventisca, que, dicho sea de paso, destruyó por completo una catedral...

Suspiro mientras observo a Tomassin dormir plácidamente en su cama, luego del incidente de la escuela primaria tuvimos que dar algunos testimonios a la fuerza policial, no se encontraron restos de acelerante químico ni nada que pudiera llevarlos al culpable de aquella situación y claro, yo tenía el presentimiento de que nunca hallarían nada, porque no fue una persona quien inicio el fuego, pero, ¿Quién me creería? Mi propio hijo se comportaba de maneras extrañas, incluso he llegado a temer por lo que no puedo controlar o entender de él, me aterra la idea, no he querido indagar más al respecto ni preguntarle nada.

─ ¿Mamá? ─Tom me observa desde la cama, le sonrío mientras me acerco a él para acariciarle sus revueltos cabellos, no he podido pegar un ojo en toda la noche.

─Lamento asustarte, amor, es solo que quería verte descansar un ratito ─me sonríe.

─Estás preocupada ─toma mis manos entre las suyas─. No te preocupes, todo estará bien.

Trato de verme tranquila, pero realmente estoy muy preocupada por él y por las cosas extrañas que suceden a su alrededor, aprieto los labios, aun cuando no quiero saber nada sobre el tema me veo en la obligación de prepararme para lo que sea que puede pasar y eso incluye tratar de entender el actuar de mi pequeño.

─Tomassin, ¿Hay algo que quieras decirme? ─susurró─. Estos días has estado actuando raro, me hablas de maneras que no sueles y desapareces cuando te dejo con tu tía, en verdad tengo medio.

─Mami, no debes tener miedo, no va a sucederte nada malo ─me abraza.

─Ojalá pudiera hacerte caso ─lo estrecho con cariño.

─Está comenzando, mamá ─susurra─. Las personas se han equivocado mucho, ya no podemos dar marcha atrás, sólo quienes se arrepientan en verdad podrán quedarse.

─ ¿De qué hablas? ─lo tomo por los hombros para verlo seriamente─. ¿Sí sabes que eres un niño de seis años que no debe preocuparse por esos temas?

─Debo hacerlo, es mi trabajo ─responde.

─ ¿Trabajo? ─niego.

─Es mi misión ─me sonríe─. Es por lo que he nacido, estoy aquí para cambiar las cosas.

─ ¡No! ─me pongo de pie negándome a creer algo así─. Eres mi hijo, un niño que debe jugar e ir a la escuela, no querer salvar el mundo, no eres un héroe, Tom.

Me observa sin inmutarse, regresa a su lugar en la cama arropándose él mismo y suspira cerrando los ojos dispuesto a dormirse, parece que no tiene interés en mis palabras y francamente no reconozco a mi hijo, este no es mi tímido y amoroso niño, no es el pequeño hiperactivo que vive jugando y haciendo desorden por toda la casa; algo sucede, algo que no puedo comprender del todo, aún.

─Tomassin ─susurró mirando el techo de su habitación, aprieto los labios y cierro los ojos cuando los siento picar por las lágrimas que comienzan a acumularse.

─Magali, no te angusties, todo estará bien ─la voz de un extraño me sobresaltó, me incorporé con rapidez viendo a todos lados dentro de la habitación, mi corazón bombeaba a más no poder─. Tranquila, ya nos hemos visto antes.

─ ¿Cómo entraste a mi casa? ¿Quién eres? ¿Qué quieres? ─demandé sin despegarme del costado de la cama de Tom.

─Mi nombre es Castiel, he tenido oportunidad de verte veces anteriores cuando he venido por Tomassin ─el hombre de negruzcos cabellos y tez sumamente pálida salió de entre las sombras, vestido con una gabardina negra y larguísima, con esos ojos oscuros e intimidantes; me sonrió de manera apacible para llevar sus orbes a la anatomía de mi hijo y claramente me interpuse entre ellos─. Descuida, mi única razón de estar aquí es garantizar su bienestar ─dijo refiriéndose a Tomy─. Estoy aquí para prepararlo y enseñarle, Magali, soy tu aliado.

─ ¿Por qué? ¿Prepararlo para qué? Por el amor de Dios, tiene seis años y tú estás haciendo algo con él ─me adelanté unos pasos para encararlo sin más, no podía permitir que se saliera con la suya, tal vez no entendía esto que estaba sucediendo pero quería proteger a mi hijo─. Te pedí en el parque que te alejaras de él, lo mismo en el hospital.

─Justamente, es por el amor de Dios que me encuentro aquí desde hace un buen tiempo, siguiéndolo, cuidándolo, aprendiendo de Tomassin sobre los humanos ─sonrió tranquilo─, Tal vez su cuerpo tenga seis años, pero su alma es tan longeva como la mía y debe despertar para cumplir su misión. Creo que es más que obvio que no me voy a alejar de él, no puedes hacer nada al respecto y te pido encarecidamente que aceptes esto de manera rápida, no nos queda más tiempo que perder y te voy a necesitar de mi lado.

─Es mi hijo ─sollocé retrocediendo, esto escapaba a mi comprensión, realmente parecía un sueño.

─Y mi hermano ─suspiró sin dejar de verme a los ojos, penetrante pero sereno─. Tú has cuidado de él, lo has amado desde el momento en que fue concebido en tu vientre, fuiste el canal necesario para que llegara a la Tierra, pero no te pertenece, no es un objeto sino un ser de luz enviado a trabajar la humanidad.

─ ¿Qué eres tú? ¿Qué es él? ¿Por qué dices que son hermanos? ─me comenzaba a desesperar─. Un canal, ¿Me usaron para algo?

─Soy Castiel, un Arcángel, un ser de luz y misionero del gran Espíritu del Universo para traer la paz y la armonía a la vida de todas las personas ─se acercó unos pasos─. Tomassin también lo es, un ángel. Con otro nombre tal vez, pero ángel al fin de cuentas ─tomé asiento en la cama, no podía ser cierto─. La existencia de Tom debía concretarse en el vientre de una mujer que fuera capaz de criarlo, enseñarle los valores importantes del mundo pero que no estuviera ligada a ninguna religión que se profesa en la Tierra en nombre de mi Señor, debías ser alguien neutral, justa, comprensiva y empática; tú lo eres, debido a todo lo que has afrontado en tu vida.




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