A donde quiera que vayas

2. Todo se complica.

Mientras hacíamos los pupitres a un lado para lavar el aula, Barto se colocó los audífonos, era obvio que no le interesaba entablar una conversación conmigo, y por alguna extraña razón me sentí muy enfadada cuando le hice una pregunta y no obtuve respuesta. Se los quité de un tirón.

 

          —¡Oye, qué te pasa! —dijo con malos modos.

 

          Ignorándolo, me coloqué uno en el oído derecho y una linda melodía me inundó. El estribillo era muy pegajoso y de pronto me encontré tarareando la canción. Él soportó medio minuto mi invasión a su privacidad y luego, intentando no ser muy brusco, me quitó el auricular.

 

          —No te metas en lo que no te importa —dijo sin dudar, casi como si no pensase cuando abría la boca y dijera lo primero que salía a borbotones de ella.

          —¿No crees que eres un poco grosero? Tengo dos minutos hablándote para saber si ya limpiaste el escritorio. ¿Tú la escribiste? —pregunté ignorando su actitud de “pocos amigos” y cambiando el tema para no ahondar en sus problemas de conducta.

 

          A pesar de ser una buena canción, el demo no tenía demasiada calidad y era obvio que se había grabado en un estudio improvisado.

         

          —Sí—respondió cambiando un poco el tono pendenciero que había usado antes.

          —Es buena —dije levantando los hombros.

          Tomé la escoba para comenzar a barrer.

          —La mayoría piensa que no tengo un futuro en la música.

          —Yo no creo que sea así —aseguré con honestidad.

          —Supongo que debo darte las gracias.

          —No, mejor firma mi blusa, tal vez después pueda venderla en Ebay —levanté los hombros—, ya sabes, cuando seas famoso. Y después, cuando seas muy, muy rico, puedes tomar un curso de buenos modales mientras yo me bronceo en Las Bahamas ¿no te parece una buena idea?

 

          Por primera vez y sin que lo esperara, Barto me sonrió.

 

          —Lo siento, yo… No es que me caigas mal, después de todo no te conozco lo suficiente —dijo.

          —Lo único que debes saber acerca de mí es que todos me adoran —respondí sin intentar ser graciosa pero Barto se echó a reír.

          —La verdad es que nos reunimos en secreto para hablar mal de ti, no eres tan encantadora como crees.

          —Bueno, no es lo que dice mi novio.

 

          Barto hizo un extraño gesto.

          —¿Novio? ¿Tienes un novio?

          —Sí, aunque bueno, no nos vemos mucho, se fue a principios de este ciclo a la universidad.

          —¿Cómo se llama?

          —Erick.

          —¿Erick? ¿Erick qué? —preguntó curioso.

          —Maadi.

          —¿El hijo del dueño de SuperMarket?

          Asentí y Barto se puso serio.

          —No sabía que te gustaran los imbéciles —agregó.



Aletor

Editado: 17.01.2019

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