Anomos: Sombras del espacio

16- La sangre derramada

Crotus

504 d.d

Romu

- Romu – me gire ante una voz que conocía mejor que mi propia cara.

Hay estaba, como siempre en su apegado traje negro militar, con su cabello blanco corto y debido al suave viento agito sus mechones crespos en todas direcciones. Con su suave andar se acercó al balcón de granito en el que me encontraba sentado, observando el patio de mi casa.

- Nia – ella se sentó a mi lado con la típica sonrisa suave en sus labios rosa.

- debes dejar de contradecir a tu padre – dijo mientras a lo lejos se escuchaban los gritos de mi padre discutiendo con algún empleado que lo hizo enojar – solo lo pones de peor humor.

- lo sé, pero tampoco puedo quedarme sentado cuando sus propuesta para el comercio exterior son un asco – ella se rio y empujo ligeramente mi hombro.

- ya lo sé, pero no es malo fingir que estás de acuerdo con él y después cuando te da la espalda haces lo que quieres – hice una mueca.

- tu idea es que lo haga enojar después haber ignorado sus órdenes – ella asintió y se acercó tanto que nuestras narices casi se rozaron.

- tú y tu hermano son los únicos que pueden contradecir al rey sin consecuencias graves, deja que el hombre estalle de rabia, no sería la primera y última vez – sujete su cara entre mis manos y apreté sus mejillas hasta apartarla un poco, ya que su dulce olor estaba empezando a tentarme.

- seguiré tu concejo – dije liberando su cara y ella sonrió conforme – sé que aunque me pueda oponer a las órdenes de mi padre el rey, las tuyas son las únicas a las que no puedo desobedecer – ella soltó una carcajada y luego enterró sus pequeños dedos en mi cabello y agito.

- mi pequeño príncipe, crece a cada momento, me llenas de orgullo – simulo que lloraba y yo me puse a reír de su dramatismo.

- Rom – me gire cuando una nueva voz me llamo pero no encontré a nadie.

- ¡Rom despierta! – me senté en la cama con brusquedad tanto que asuste al pequeño de cabello rubio.

El niño me miro confuso con mi reacción.

- ¿mal seño? – pregunto y se subió a la cama a mi lado, sonreí al ver como siempre se comía las u de las palabras.

- si – respondí mientras pasaba una mano por mi cara para alejar el sueño y el sudor.

Tarik para mi completa sorpresa paso sus bracitos por mis hombros y me abrazo.

- Ma también las tiene y le gusta esto, ¿te gusta a ti? – pase mi mano por su cabello suave que no se parece en nada al de su padre.

- sí, gracias – me aferre al niño por unos minutos.

El niño con su pureza e inocencia ayudaron a alejar mis sueños del pasado, nada va a cambiar por revivir mi historia, las personas en mis sueños ya no existen, ya no puedo buscar su número en mi enlace y llamar para preguntar como están. Debí apreciar más el tiempo que tuve con ellos, darme cuenta que podía perder lo todo en un instante. Por ahora este pequeño niño en mis brazos es mi salvavidas que me sostiene y evita que regrese a un sueño del que nada puedo cambiar, cuidare de ti pequeño Tarik y de tu padre, se lo debo a él por sacarme de mi solitario confinamiento y al niño por devolverme a la realidad.

°°°

Con la ayuda de Tarik las horas arriba de la aeronave pasaron con rapidez, el niño resulto ser un parlanchín, siempre despertándome en las mañanas y arrastrándome a la cocina para prepararle panqueques para el desayuno, ya que como dijo, Maes tiene un talento especial para arruinar un simple plato y convertirlo en un desastre de sabores, incluso la comida enlatada.

Maes por otro lado se empapo en su rol como entrenador y se dedicó solo a darme instrucciones, explicar y entregarme el conocimiento que cualquier miembro de Anomos necesita poseer.

Cuando al fin teníamos al gran basurero de la galaxia Ara Solir conocido como Crotus a la vista, me sentí aliviado de moverme en un entorno con aire real y no ficticio, estaba harto de estar encerrado en cuatro paredes, para mi mala suerte el enorme planeta parecía literalmente un basurero, con aire sucio y calles llenas de desechos, cuerpos en descomposición y enormes edificios luminosos en ruinas. Si, el mejor lugar para ir de vacaciones.

Antes de descender, Maes me gruño un "cámbiate de ropa" y aquí estaba, en mi cuarto colocándome el apegado traje negro, cubierto de otro material que según Ikari "evita que me maten", pero podía sentir la dureza en el pecho, brazos, piernas e incluso en mis partes nobles y para terminar, la capa roja con el emblema de Anomos o específicamente el de Maes.

Suspire al ver mi reflejo en el espejo, ya no reconocía al hombre que veía. Me había encargado tanto de olvidar hasta mi propio nombre que volver a sentirme un ser completo se sentía extraño e irreal. ¿De verdad está pasando esto o es solo otro sueño?

- eres mi orgullo – un escalofrió bajo por mi espalda, cuando volví a escuchar la voz de Rowin, me lo decía cada vez que me ponía de pie frente a un espejo listo para otra celebración en la que no quería estar.

No hay nada en mi de lo que sentirse orgulloso, quizás él lo creía y yo en su momento, pero hoy solo soy una cascara de lo que solía ser, por extraño que pareciera nunca me había sentido tan libre.

Tome una cinta y amarre mi cabello que el sol del desierto aclaro en una coleta. Si mi padre me viera ahora pegaría un grito en el cosmos.

Entre a la cabina de mando, Maes y Tarik ya se encontraban vestidos y sujetos a su asiento. El niño se veía como un pequeño soldado listo para la guerra y el parecía fascinado por sentirse así.

- se ve bien el rojo en ti, Tarik – dije mientras tomaba asiento, el niño me sonrió.

- ¡si, rojo! – Dijo feliz – igual que Rom.

- estas echando a perder a mi hijo – se quejó Maes – antes su color favorito era el azul, desde que llegaste está obsesionado con el Rojo.



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En el texto hay: familia, amor, amistad

Editado: 24.07.2020

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