Anomos: Sombras del espacio

33- No olvidar y vivir

504 d.d

Romu

No quería que Maes notara lo feliz que me sentía por ser honesto, al fin luego de cruzar más de media galaxia y luego de meses, me entregaba su confianza por completo.

Solo basto una tortura, dos secuestros y una discusión para lograr que el chico de cara seria y habla brusca se ablandaran. Incluso en este momento lucía una sonrisa ligera en su cara, una que antes no poseía.

- volveré a Anomos – Maes se giró repentinamente impresionado con mi decisión.

- ¿en serio? – pregunto dudoso.

- sí, creo que al fin entiendo sus propósitos, disculpa si me tomo tiempo.

Solo cuando me pude encontrar en la misma situación que ese hombre en el volcán, entendí porque Anomos extendió su mano y lo ayudo. Deje que la rabia me segara y solo cuando esta se fue pude ver el panorama completo, si bien los Viles y Unión siguen trayendo mal a la galaxia, quiero se parte de un grupo que busca de alguna manera llevar la esperanza a otros seres como yo que la habían perdido.

- me alegra escuchar eso.

- pero ¿dónde nos deja esto a nosotros?, me canse de la relación novato e instructor molesto – Maes hizo una mueca cuando lo describí como molesto.

Él lo medito por un momento, parecía tomarse el asunto con más seriedad de la que esperaba.

- amigos – dijo en voz baja

Se veía avergonzado.

- ¿amigos? – un concepto que pensé no volvería a usar para describir a nadie a mí alrededor.

- es tan difícil volver a forjar lazos con otros, cuando la vida dejo una mancha en tu vida que surge en tus momentos de debilidad y te empuja a dejarte solo – dijo una noche Nia, ambos estábamos sobre la hierba viendo el cielo estrellado y las dos lunas – nadie quiere estar solo príncipe.

No, yo no quería estar solo, había perdido a mi familia, a mi esposa y a los guardias reales con los que forje amistad y protegimos nuestra espalda hasta el día que todos perecieron. Es hora de darle una nueva oportunidad a mi vida y dejar atrás la soledad.

- llevo siglos sin tener uno.

- bien, porque tu serias el primero que tengo - alzo el labio de un lado con una sonrisa torcida. Yo la imite.

- por cierto, oficialmente te digo, bienvenido a Anomos, Romu de los Gobyt.

Un ja se escapó de mi boca y Maes respondió con una sonrisa.

- vamos por Tarik – dije

°°°

Al llegar a la cede principal fui asfixiado por Ikari que se alegro de que volviera y de que al fin ya no tendría que seguir soportando a Maes y seguir viendo a Tarik llorando por mis panqueques al despertar, esa información me rompió el corazón y me senti rodeado de un nuevo afecto por el niño que pensaba en mi como otra parte esencial de su familia.

Cuando nos acercamos a la casa de Maes no la sede donde antes había hospedado, vi con sorpresa una casa sencilla de dos pisos con pórtico llenos de masetas con diferentes flores y pintada con un suave color turquesa y grandes ventanales. Me sorprendí cuando repentinamente la puerta de entrada se abrió, espere que fuera vita pero me encontré con un Bashar y no con cualquiera uno que exuda poder.

Alto, fornido cabello corto y barba parecía tener el doble de mi edad y su aura y postura rígida lo demostraba, no solo sus años vividos y experiencia de vida, también que solía ser un intachable soldado y sin tomar en cuenta los siglos que su mundo cayo el no a olvidado nada de su entrenamiento, al contrario diría que se mantiene activo.

- papa – dijo Maes y el hombre le dio una sonrisa que desplazo todo lo que me demostró en un inicio.

- sabía que te iría bien – dijo y abrazo a Maes cuando este se acercó mientras que yo mantuve una distancia razonable, en especial cuando sus ojos blancos encontraron mi mirada y un escalofrío me recorrió.

- mi mujer se alegrara por tenerte de regreso Romu – dijo y se apartó de su hijo – Maes por que no vas con Tarik, necesito tener una palabra con el nuevo – Maes dudo pero después cedió y entro a la casa, no sin antes darme una mirada diciendo que todo estaría bien, eso espero.

- ¿necesita algo de mi señor? – dije sin saber muy bien como referirme a él.

- solo Worek, no es necesaria la formalidad, ambos sabemos que ya no necesitas ser reconocido como un príncipe y yo como un soldado – tal como supuso era parte de la milicia Bashar.

- entonces Worek, ¿que necesitas decirme? – el ce acerco donde estaba a mitad del camino de entrada. Metió su mano en el bolsillo del pantalón y saco un trozo de madera negra y desgastada con una tosca versión tallada de Rowin y yo como si en lugar de tener cinco años de diferencia hubiéramos sido gemelos o mellizos al nacer.

- esto te pertenece – me lo extendió y yo estaba congelado, no podía creerlo, esta era la escultura que mi hermano me regalo cuando cumplí los cuarenta para cumplir su promesa que regalaría lo mismo que yo le di en su cumpleaños.

- como...-fue todo lo que salió de mi boca cuando lo tome en mis manos y recorrí su contorno, la última vez que vi esta figura fue cuando las guerras empezaron a explotar y yo tontamente creí que Nia sería la única sobreviviente y se lo entregue para que lo guardara y cuidara por mí.

- Nia Bamun – dijo y me encontré con su mirada – no la conocía muy bien, pero éramos de la misma generación y compañeros algunas veces de trabajo – ya sospechaba que el hombre tenía uno de los rangos más alto en su milicia ya que provoca la misma aura que Nia – como pienso debes saber, ella tenía como marca la premonición. Un día ella me la entrego y pidió que se la entregara al príncipe Romu de Albora y que lamentaba no poder hacerlo ella en persona – mi vista se volvió borrosa con la amenaza de llorar pero me contuve, no quería mostrarme débil frente al hombre.

- entonces ella ya no está – dije en voz baja.

- lo siento, desde que sobreviví he buscado a los que también escaparon de mi especie ese día, pero somos pocos y ella no está entre los que he encontrado.



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En el texto hay: familia, amor, amistad

Editado: 24.07.2020

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