Antes del Alba

XVIII

"It's a fine romance but it's left me so undone..."

 

—Es algo engañosa—empieza el chico a mi costado—. Por fuera se aprecia pequeña, pero cuando se está dentro, se puede apreciar la enormidad de su hogar. Es realmente impresionante e innovador.

Palabras acertadas pero hasta a mí me parecieron extrañas. Algo rebuscadas como para haber salido de los labios de Eric.

—¡Ja! Es un pequeño secreto el que llevo a cabo, en verdad me gusta que no ostente nada más que una pequeña y humilde cabaña, si acaso algo destartalada, pero agradable a la primera impresión—ambos asentimos y Holtzappfel continúa—. Pueden descansar en la primera habitación yendo por este pasillo, es la segunda puerta al costado izquierdo. Si lo desean, pueden ir a dejar sus pertenencias y volver para que tengan la oportunidad de comer algo.

—Señora Holtzappfel, no queremos importunarla, honestamente, está haciendo más que suficiente con dejarnos entrar a su hogar.

—No es para nada inoportuno, lo hago de corazón, tengo la sensación de que son mejores personas de lo que lucen... —nos observa por dos segundos y vuelve a reaccionar—. Pero vamos, apuren las acciones, para que se sienten a la mesa.

Agradecemos nuevamente y vamos a donde nos dijo que estaba la recámara.

—Siento lo que ocurrió hace rato—dice Eric en voz baja y me abraza por la espalda, recargo mi cabeza en su pecho y tomo sus manos sobre mi cintura.

—No pienses en eso, no pasó nada—sólo es un débil susurro. Él suspira—. Vamos a saber la relevancia de Mildred en todo esto e inmediatamente regresaremos a nuestro tiempo, tengo fe.

—Bien— baja su cabeza y besa la piel detrás de mi oreja izquierda y baja sus besos a mi cuello. Suelto suspiros y mi corazón se siente completo.

Pero mi estómago ruge y soltamos una risa, por mi parte una avergonzada.

—Vamos a comer algo—dice en mi oído y yo asiento con ánimo.

Nos giramos y encontramos a Holtzappfel en el umbral de la puerta de la habitación observándonos con un particular brillo. Me sonrojo pero Eric no deshace su abrazo en mi cintura y yo no bajo mis manos de las suyas.

—Lo sabía...—dice la señora y yo subo mi cara para ver a Eric, pero él está en las mismas, no entiende nada—. Son afortunados. Verán, es muy raro que las personas puedan encontrar a su alma gemela, pero es aún más extraño que la encuentren a una edad tan temprana con tal intensidad, sin embargo existe una explicación que podría sonar un tanto convincente con respecto a lo que sienten y la manera en la que se comportan entre ustedes y con las personas que están a su alrededor. Síganme, por favor.

Hace un gesto con la mano y avanza por el pasillo hacia el vestíbulo, Eric deshace el abrazo y tomo su mano para caminar, nos lleva a la cocina y en ésta hay una puerta color azul celeste, Holtzappfel la abre y nos invita a pasar después de ella.

Es una pequeña habitación que tiene unas escaleras para bajar, ella comienza a bajar escalones y la seguimos. Al llegar hasta abajo, noto que es una especie de habitación temática, es extraña. Hay crucifijos colgados en las paredes, algunas telas pendiendo del techo, muchas alfombras que cubren el suelo unas encima de otras, velas, flores, muchos frascos de diferentes tamaños.

—No se asusten, no haré nada malo, tomen asiento donde deseen—como no hay sillas ni mesa, nos sentamos sobre una alfombra verde pálido, el vestido que llevo puesto es algo incómodo, sin embrago, me las arreglo para poder estar cómoda. Y esperamos a que Mildred se una a nosotros—. Ahora, les voy a explicar: vamos a descubrir cuántos años llevan conociéndose verdaderamente, o sea sus almas, desde hace cuánto tiempo se encontraron. Van a tomar un sorbo de este líquido, tomarán sus manos y las van a entrelazar, van a cerrar los ojos y se van a dejar llevar, ¿de acuerdo?

Estoy alterada, el chico también lo está; sin embargo, no perdemos nada con intentarlo, dirijo mi mirada a Eric y le regalo la sonrisa más cálida que puedo formar. Nos giramos para quedar frente a frente, sigo notando esa sombra en sus ojos; así que me acerco más a él y coloco mi mano sobre su mejilla y acaricio su piel con mi pulgar, él cierra los ojos y suelta un pequeño suspiro.

—Todo va a ir bien, cielo. Te lo prometo, ten fe—le digo en voz baja y dulce para inspirarle confianza.

—No pasará nada malo, lo he hecho durante más años de los que pueden imaginar.

—De acuerdo—contesta el chico sin despegar sus ojos de los míos.

Holtzappfel nos da el frasco y le damos un sorbo, se lo devolvemos y procedemos a hacer lo que nos dijo. La señora comienza a decir muchas cosas que no entiendo, hasta que comienzo a sentir que me desprendo de mi cuerpo, estoy muy asustada pero no logro abrir los ojos.



RJ Cuervo

Editado: 14.01.2019

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