Antología Vincent Foster Parte I - La Siembra Oscura

Capítulo Diez

Capítulo Diez

 

El helicóptero se balanceaba un poco por efecto del fuerte viento, a medida que surcaba el cielo en medio de un estruendo elíptico. Había dejado de granizar, y yo comenzaba a preguntarme qué demonios había ocurrido…

De repente estaba volando en un puto helicóptero, con un enmascarado Matthew Riggs que parecía ir dormido, reclinado muy cerca de ese aleatoriamente brusco tipo llamado Spencer. Además de nosotros tres, a bordo del aparato se encontraban el piloto y el copiloto, que mucho menos sabía quiénes eran. No alcanzaba a verlos bien tampoco.

Tuve la oportunidad de reflexionar acerca del hecho de que no había preguntado sobre Colton. Es que- no tenía idea de que ese tal Spencer realmente buscaría a Matthew cuando le solté que no me iría sin él… Pude haber mencionado a ambos y decir “no me iré sin ellos”…

Me estaba carcomiendo ese hecho.

Quería devolver el tiempo- hacer todo de nuevo-, pero no era posible. La había cagado, y tendría que vivir el resto de mi vida, habiendo salvado a mi novio pero no a mi hermano.

Probablemente.

Saliendo de ese lapso de reflexión culposa, me di cuenta de que empezábamos a descender. Las puertas del helicóptero estaban cerradas, por lo que ya no podía ver qué había debajo de nosotros. Solo pude prepararme para encarar lo incierto- una vez más.

 

Aterrizamos finalmente, y enseguida las puertas del aparato fueron abiertas por alguien que parecía estar esperándonos. Spencer nos ayudó a salir a Matthew y a mí, siempre en medio de un ajetreo quizás innecesario.

Pronto estuvimos en tierra firme, rodeados del mismo tipo de conmoción y bullicio que experimentamos al momento del escape.

Hasta donde pude ver de entrada, había tiendas de campaña en todas partes, pero no de forma desordenada; obedecían alguna clase de estructura, eso era evidente. Muchos vehículos- militares y comunes- estaban estacionados a modo de barricadas, creando un perímetro alrededor de las tiendas. Además de los autos, alcancé a ver otro helicóptero casi tan grande como el que acabábamos de dejar atrás. La cereza del pastel, fue un enorme tanque de guerra que iba estacionado cerca de unos contenedores metálicos, que parecía estar listo para asistir a la guerra. Más allá de todo lo mecánico, era especialmente notable el hecho de que había mucha gente.

Fuimos azuzados por Spencer a que lo siguiéramos, y eso hicimos. Yo trataba de hacer algún contacto con Matthew mientras caminábamos, pero no me resultaba posible. Busqué su mano con la mía, y fue entonces cuando uno de mis miedos pareció materializarse:

Él llevaba una de esas pulseras…

 

El led estaba rojo.

 

No tuve tiempo para obsesionarme con eso; estábamos entrando a una tienda de campaña que lucía menos robusta por fuera que por dentro. Spencer fue directamente a tomar asiento en una silla plegable de metal, como recobrando el aliento finalmente. En el lugar, había una gran mesa en el centro que iba rodeada de varias sillas como la que usaba Spencer. Además, colgaban distintos objetos del techo de la tienda; binoculares, cascos, bolsos, cantimploras, entre otras cosas. Yo me distancié un poco, y Matthew solo se quedó parado cerca de la entrada de la tienda.

 

―Tomen asiento, chicos. Descansen un poco sus miserables culos ahora que pueden. ―dijo el tipo en un tonito medio desagradable.

―No gracias. ―respondí. ―Necesito saber de qué va todo esto. ¿Quién rayos eres? ¿Dónde estamos? ¿Por qué has…?

― ¡Oye- Oye! Relaja, vaquero. No vaya a ser que termines con la cara en el puto lodo. Una cosa a la vez. ¿Vale? Yo también tengo muchas preguntas, y no por eso me hiperventilo y tal…

Me calmé, respirando profundamente. Crucé los brazos y me dibujé una mirada reacia, estando dispuesto a dar con las respuestas que necesitaba.

―Bien. ¿Dónde estamos? ―comencé.

―Cerca de Red Lake. Bien al norte de Bemidji. ―respondió, y luego abrió sus manos como esperando otra pregunta.

― ¿Quién eres? ―continué.

―Spencer O’Brien. Ex Marín. Adicto a los traseros, al ejercicio y a la cerveza. Héroe en ocasiones- tal y como pudiste ver. ―respondió, nuevamente con ese tono burlón. ―Vale, mi turno. ―Interrumpió, al ver que yo estaba por decir otra cosa. ― ¿Quién carajos es ese de allá, y por qué no podías irte sin él? ―señalaba a Matthew.



Callum Wakerz

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En el texto hay: apocalipsis zombie, lgbt, multiverso

Editado: 02.09.2019

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