Aquel amor que casi me llegó a matar.

55 / Larisa

Con este encuentro serian ya casi dos meses seguidos en los que nuestra promesa de encontramos se ha mantenido casi intacta. Esta ocasión Larisa me pidió que nuestro encuentro sea en su casa, no dio muchos detalles pero yo ascendí sin problemas.  

El taxi comenzó a ir más despacio dando me la señal que nuestro destino estaba cada vez más cerca, las casas de esta parte de la ciudad eran hermosas al igual que muy grandes, algunas más que simples casas parecían mansiones.

Ya hemos llegado—el conductor por fin hablo.

Simplemente le di las gracias, pague, me baje del taxi, por un pequeño momento contemple la gran puerta que se encontraba enfrente mío y una preguntaba rondaba por mi cabeza ¿A quién ayude aquella tarde en el parque?

Le di unos pequeños toques al timbre, pacientemente espere alguna respuesta y a los pocos segundos Larisa salió por mí y su primer instinto fue abrazarme con mucha fuerza.

Katherine es un placer poder recibirte en mi hogar—nuestro abrazo aún se mantenía.

El placer es mío, muchas gracias por la confianza de poder entrar en tu hogar—mientras nos alejábamos la una de la otra yo le sonríe.

Las dos caminamos por su hermoso jardín, hasta llegar a la puerta principal, su hogar era bellísimo, la sala de estar era impresionante con unos hermosos sillones color caoba y el centro de la mesa un hermoso florero con hermosas tulipanes rosa.

Larisa me invito a sentarme, ella se sentó en otro sillón de tal manera que quedáramos justamente una enfrente de la otra.

Tienes un hermoso lugar aquí—le sonríe—Realmente es muy bello.

Gracias, tuve una muy buena infancia aquí—soltó un suspiro—Este fue mi hogar por casi 20 años y lo fue hasta aquel día.

Pero las puertas siempre estuvieron abiertas para que tú regresaras—le sonríe y podía notar algo de tristeza en sus ojos.

Así es, tienes toda la razón—dio otro pequeño suspiro—Este lugar y tú me salvaron, de verdad me salvaron cuando yo estaba hecha añicos.

Sus palabras llegaban a los más profundo de mi, sentía su honestidad en cada palabra pero igual podía notar esa tristeza que insistía en disimular.

¿De qué quieres hablar hoy?—pregunte con la intención de disipar la tristeza.

Sé que está en tu naturaleza, sé que es tu vocación el orientar a los demás—soltó una pequeña risa—pero yo soy tu amiga, no un paciente más.

Me sentí algo apenada por aquellas palabras, sé que es mi amiga y nunca la he visto como un paciente, solo la ha visto como un reflejo de mí y eso me da unas inmensas ganas de cuidarla como cuando alguien más cuido de mí.

No fue mi intención que lo sintieras de esa forma—comente algo apenada.

¡No!¡Jamás te avergüences de lo que eres!—hablo gentil—De hecho quizás tu vocación nos trajo hasta aquí pero eso lo discutiremos más tarde.

Me encontraba algo confundida con aquellas palabras pero no indague en busca de más información.

Pero si quiero hablar de algo, bueno en realidad de muchas cosas—ella volvió a sonreírme.

Una mujer con un delantal irrumpió en nuestra conversación, dejo la merienda en la mesa y le informo que su padre ya estaba pronto a llegar.

—¿Y de qué quieres hablar?—pregunte mientras le daba un pequeño sorbo a mi jugo de naranja.

—Sobre nosotras—probo uno de los pequeños sándwiches de la mesa—Sobre lo que hemos creado.

—Soy toda oídos—seguía centrada en mi jugo de naranja—Tu habla y yo escuchó, esperemos que ninguna de las dos llore esta vez.

Ambas reímos, es impresiónate ver el cambio de Larisa en tan solo unas cuantas semanas.

—Sabes… me hubiera gustado conocerte en otras circunstancias—ella dio un gran suspiro—A veces tenemos todo planeado, tenemos tantos planes pero no sabemos que nuestra vida ya está escrita y en muchas ocasiones nuestros propias planes no pertenecen a la vida que nos ha tocado vivir.

No entendió muy bien a qué punto quieres llegar—fui honesta—Pero si en algo estoy de acuerdo es que si, nuestra vida ya está escrita sin que nosotros lo supiéramos.

¿Te arrepientes de algo? ¿Cambiaras algo de tu historia?—la tristeza regreso a sus ojos.

Un pequeño silencio se apodero de las dos.

¡No!—fui directa y concisa—Mucho tiempo me odie a mí misma por todo lo que me tocó vivir, muchas noches no podía pegar los ojos por el dolor de mi corazón, de porque a mí me tocó vivir lo que me toco pero un día entendí que todo lo que paso era para que yo pudiera convertirme en la mujer que soy ahora.

No todo fue malo—la tristeza seguía ahí pero ahora algo se sentía diferente—Al final del día sin darnos cuenta todo es para bien.

—A veces pensaba que perderlo a él fue lo peor que me pudo pasar en la vida pero ahora sé que fue lo mejor—unas cuantas lagrimas salieron pero ya no eran lágrimas de dolor, ahora eran lágrimas de aprendizaje—La vida me dio muchísimo más de lo que perdí, te encontré a ti, encontré a Bobby, me ame más, me perdone más, me escuche más, me encontré a mí y eso valió más que cualquier otra cosa en el mundo, creo que no podría expresar en palabras todo lo que gane.



Enrique Salazar

#37 en Joven Adulto

En el texto hay: drama, dolor y amor, decepción

Editado: 19.08.2020

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