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Archivo 000 Tras La Puerta

   En el reloj marcaban las doce con treinta minutos, Rafael González, un mediocre banquero, se encontraba encerrado junto a su familia en lo mas profundo de su casa, sabia que sonaba algo estúpido pero el miedo algunas veces te hace hacer esa clase de cosas. Tiempo atrás, Liliana -su esposa-, lo había convencido de reforzar el sótano con algunas capas de acero argumentando que funcionaria de refugio, Rafael por su parte pensaba que era algo realmente exuberante porque en México jamas pasa nada extraordinario, pero de alguna u otra forma lo convenció y termino haciendo la inversión a sabiendas de que estaba derrochando dinero del cual no le abundaba. Sus dos hijos, Samuel y Jessica -la mas pequeña- se entretenían con las piezas de un domino, mientras que Liliana se tambaleaba de un lado a otro en una vieja mecedora de madera leyendo una revista feminista, Rafael daba de golpes a la radio intentando que obtuviera una señal, pero no conseguía hacerlo, solo se escuchaban parasitos e intermitentes voces que dejaban escuchar palabras incompletas. - Nada, este maldito trasto no sintoniza nada y estoy desesperado por saber como siguen las cosas haya afuera.- Dijo Rafael limpiándose el sudor de la frente con la arrugada manga de su camisa amarillenta. - Cálmate hombre, también han de estar asustados, ademas que ganas con enojarte, mira, lo que deberías de hacer es apoyarte sobre tus rodillas y respirar, inhala... exhala...- Decía Liliana mientras daba vuelta a las paginas tranquilamente y sin mirarlo. Rafael se echaba el pelo hacia atrás y se limpiaba los ojos para intentar disipar un poco las marcas que los lentes le dejaban.

   Habían pasado ya dos semanas, la comida comenzaba a escasear y el radio se había muerto por completo, el aburrimiento los había dominado en mas de una ocasión. Rafael se encontraba tirado junto a la puerta que conducía al primer piso que -siendo honestos- en mas de una ocasión había pensado en echar un vistazo mientras todos dormían y es que hacia ya mas de tres semanas habían estado comunicando por la televisión que Estados Unidos tras una crisis financiera se había convertido en blanco fácil para los países bélicos quienes sin pensarlo le habían declarado la guerra . Rafael al escuchar la noticia había conseguido meter a toda su familia en aquel cuarto provisionandose solo de lo que ya había en casa. Al paso de los días Rafael se sentía como en un "reality show" de esos experimentos disfrazados de programa televisivo, donde encerraban a un puñado de imbéciles los cuales luchaban por sobrevivir dentro de la casa solo para llevarse un premio realmente absurdo.

   Esa misma tarde Rafael tomo un destornillador y comenzó a quitar uno por uno los tornillos del radio, pero el ultimo estaba barrido, obligándolo a forcejear con el cayendo repentinamente en la frustración y la desesperación haciendo que levantara el radio por encima de su cabeza y lo arrojara con toda su fuerza al piso. El golpe seco y el volar de los pedazos despertaron a Liliana, quien junto a sus hijos se encontraban recostados sobre una colcha. - ¿Que pasa Rafael, porque has hecho eso?- Rafael la miro con un aire de ira que en la percepción de Liliana jamas había visto en el. - Cállate, yo puedo hacer con mis cosas lo que me pegue la gana.- Liliana dio un respingo. - No me estés hablando así, contrólate- Rafael sin pensarlo dejo ir la mano sobre la mejilla de Liliana derribándola. Para cuando Rafael reacciono Samuel estaba parado frente a ellos y eso le hizo sentir como se le congelaba la sangre y perdía fuerza en las piernas. El niño comenzó a llorar y Rafael intento acercarse a el pero retrocedió asustado. - No hijo, papito no te hará daño, papito te quiere mucho y jamas te haría algo así.- Rafael le extendía la mano mientras el niño llorando solo lo miraba.- Aléjate de el- Dijo Liliana poniéndose en pie y sobándose la mejilla. - Mi amor, discúlpame, no se..... no se que fue lo que me paso, en serio.- Liliana lo miro a los ojos. - Solo aléjate de el, no lo toques.- Rafael frunció el ceño. - Cielo, entiéndeme, tal vez es este encierro, ya no aguanto mas, discúlpame pero necesito salir me estoy ahogando.- Liliana camino hasta donde estaba el niño y lo cargo. - Lárgate si te quieres ir, pero si te piensas quedar aquí no te nos acerques.- Rafael sentía vergüenza por lo que había sucedido. - Por favor, discúlpame, no volverá a suceder.... lo juro- la voz le temblaba. - pues como gustes, pero esto me lo quedo yo- Liliana recogió el destornillador y se lo hecho al bolsillo llevándose al niño junto a su hermana al otro extremo de la habitación. - Liliana por favor no estamos en condiciones de...- La mujer lo miro de nuevo. -Hablaremos cuando te tranquilices- Rafael sintió un dolor en el estomago que había comenzado como un ardor y luego se sentía como si los músculos le fueran a explotar, la sangre se le subió a la cabeza y la cara se le había puesto roja, cerraba los puños con fuerza, pero intentaba calmarse al mismo tiempo.

   Aquel día se había convertido en el mas enfermizo de todos los que llevaban ahí, pues su esposa lo mantenía alejado así que no tenia otra opción que dormir al otro extremo, en un rincón, la mente le daba vueltas, había golpeado a su esposa y su hijo le temía. Rafael pensaba que aquella situación era el principio del fin, una vez mas estaban como hacia algunos años cuando influenciada por su madre Liliana se había ido de casa y solo le marcaba cuando necesitaba dinero, en ese tiempo no dejaba que se les acercara a los niños puesto que según su madre el era un bueno para nada y juraba que eso les afectaría a los niños, pero era estúpido, Samuel tenia tres años y Jessica acababa de nacer. Después de muchas discusiones y al filo del divorcio Liliana acepto regresar a casa con el siempre y cuando prometiera dividir su dinero en partes proporcionales para ambos niños. Rafael a pesar de sus dudas con el trato acepto.



Orlando G

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En el texto hay: historias cortas, terror, terror creepypastas

Editado: 13.09.2019

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