Armagedon

Capítulo 5.- Dulce gris

A veces cada ser es ingenuo frente a enormes amenazas, entonces lo que llaman instinto no resulta ser mas que una farsa, este sólo llega cuando el peligro es inminente pero solo falta la caída de un dominó más para que empiece la catástrofe; aunque lo admito, siempre he sido un idiota, me han llamado valiente pero no soy nadie especial, mi falta de precauciones se debe a mi falta de conciencia sobre el peligro, soy un ignorante,pero, el destino no te va a torturar siempre o te acostumbraras al dolor; debes conocer el cielo para saber que es el infierno.

El día de hoy la rutina era totalmente notable de nuevo; al despertarme por la mañana Kari y Rose ya estaban trabajando, lo primero que me daba los buenos días, era una ración de comida, la comía deprisa y me quedaba inmóvil sobre mi pila de tela contemplando el lugar; metal, maquinas, suciedad, herramientas, cajas y sustancias por todo el lugar; estas formaban un sencillo laberinto que formaba una especie de cubículo o habitación donde nosotros dormíamos, este era el rincón más oscuro de todo el lugar, probablemente para que las pálidas luces blancas que están más adelante no molesten al intentar tomar una siesta.

Después de una rato de reposar con la mente en blanco, me pongo de pie y comienzo a estirarme, luego me encamino al área de trabajo de las chicas por medio de un pasillo de máquinas, al llegar al área de trabajo siempre encuentro el mismo cuadro, un par de mujeres despeinadas y ojerosas trabajando rápidamente; me distraia leyendo algunos libros de biología, química y una especie de biblia que había en una de las cajas de herramientas, cada vez que no entiendo algo,solía preguntar sin dirigirme a ninguna de las chicas, y al azar, una de las 2 responderia sin voltear a verme ni detener sus labores; algo curioso que noté de Rose es que jamás se sentaba sobre los bancos cerca de la mesa de trabajo, por lo que de vez en cuando detenia su trabajo unos cuantos segundos para sobar sus piernas, después de sobarse, renaudaba el trabajo de una manera nerviosa y temblorosa, la vi lastimarse varias veces con algunos instrumentos a causa de ello; no pude resistir más la curiosidad, así que pregunté:

-Oye Rose, ¿Por qué nunca usas los bancos así como Kari, he notado que te cansas mucho?-

-¿Como dices? -reacciona nerviosa

Antes de que pudiera preguntar de nuevo, Kari interrumpió:

-Es por que tiene el trasero muy grande...- dijo de manera indiferente

-¡O-oye!- dijo Rose con el rostro rojo cual tomate y mientras intentaba cubrir si trasero con sus manos, Kari sonrió y así pasaron sus actividades para discutir:

-¿Qué?, no estoy mintiendo, sabes bien que no puedes sentarte sobre esos bancos por que terminarías por encajartelos- dicho eso Kari carcajeo hasta casi llorar

-¡P-pero al menos alc-canzo la mesa estando d-de pie!- dijo Rose haciendo referencia a la baja estatura de Kari

Después de eso duraron varios minutos discutiendo y señalandose defectos una a la otra, aunque Rose era mala para esto mientras que para Kari era un simple juego para perder estrés por su trabajo, a pesar de ello, no abusaba de la paciencia de Rose y se detenía justo antes que Rose llorará o algo parecido; estas escenas hacían que el día pasará verdaderamente rápido y aliviaba el estrés que generaba tal lugar tan monocromático, pero aunque me resultará gracioso, intentaba ocultar mis risas, ya que necesito parecía muy grosero, no quería hacerlas sentir mal después de la hospitalidad que ella tenían para conmigo.

Horas de comedia y silencio más tarde, era hora de dormir de nuevo, en cuanto llegábamos a nuestras pilas de tela, las luces se apagaban casi de inmediato; ellas se dormían al instante mientras yo miraba el techo que parecía un profundo abismo en esa abrumante oscuridad, algunas noches corrían lágrimas por mis ojos, pero reprimía los sentimientos en lo profundo de mi ser y los encerraba de manera forzada para mantener la calma y no molestar a las chicas para nada, pero esa noche me sentía bastante ansioso, quería gritar, queria destrozar algo, deseaba despertar de lo que sea que estuviese viviendo; oculte mi cara entre la pila de telas y las apretaba fuerte tratando poner la mente en blanco; de repente, escuché que algo estaba aruñando la pared, entonces levante la cabeza lentamente para darme cuenta que esos tentáculos negros y lisos como cables gruesos estaban ahí de nuevo,aunque esta vez había algo diferente en ellos, ya que en vez de terminar en punta, tenían una especie de daga o cuchilla curva , la cual rasguñaba ligeramente la pared a cuando estos se movían, de manera errática temblaron un poco y se encajaron en la pared, atravesandola como mantequilla, eso me tenía algo aterrado pero presentía que si me movía la cosa empeoraría en cualquier momento:

-Espero que no les pase nada a las chicas, tengo que alejarme al menos- susurré mientras miraba como esas cosas comenzaban a salir poco a poco de la pared.

La desesperación pasaban de ser pequeñas goteras sobre mi corazón a grandes cascadas que se derramaban y desbordaban de mi cabeza; me aleje un poco de las chicas haciendo que esas cosas rasgen un poco la pared, me hallaba acostado en un sucio y frío suelo de metal que no era para nada cómodo, pero era preferible a que las chicas salieran lastimadas, poco a poco me quedaba quieto mirando al techo y al relajarse mis músculos comencé a hundirme en la sensación de ser enterrado en un abismo, pero de un momento a otro, un parpadeo era equivalente a horas, así que me encontraba ya en una "mañana " solo en la habitación, es decir, dormí sin darme cuenta; me pareció algo impresionante y desconcertante, pero al final decidí ignorarlo, no tenía caso estresarme por ello, no podía cargar con una frustración más que solo me traería la locura.



Shidoku

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Editado: 06.03.2019

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