Atrapada Sin Querer

Capítulo 5

El viento corre con fuerza azotando las hojas a nuestro alrededor, llevándose las lágrimas silenciosas que caen por mis mejillas.

Levanto la cabeza y recorro el lugar con mis ojos, hay varias personas aquí; familiares, amigos de la infancia, compañeros de trabajo. Todos están aquí, dándole el último adiós a Juan David.

Mafer y Lizzy están a mi lado, sosteniéndome. Miro al frente, los padres de Juan se consuelan entre ellos, se les ve destrozados.

Regreso la atención al padre que está dando unas palabras, en todo momento me he mantenido desconectada de la gente a mi alrededor. Pero cuando el padre pide que bajen el cajón mi cerebro vuelve a conectarse, trayéndome de golpe a la realidad.

 

<< ¡Aun no estoy lista para dejarlo ir! >>

 

—No —musito. Me acerco con rapidez hasta el lugar donde descansa el cajón con el cuerpo sin vida de Juan David— ¡No se lo lleven aún!

Clavo mis rodillas en el césped y lloro sin control.

******

 

Lizzy:

Ver a Vanessa derrumbarse frente al cajón me rompe el corazón. Muerdo mi labio para evitar soltar las lágrimas que se acumulan en mis ojos.

—¡Dijiste que siempre estarías conmigo! —solloza casi gritando. Sus manos hechas puños se aferran al húmedo césped— ¡Aún no estoy lista para dejarte ir! ¡Juan!

Me acerco a ella y me arrodillo junto a ella. María Fernanda también se acerca y se inclina al otro lado de Vanessa.

—Tranquila, cariño —Acaricio con suavidad su espalda.

—¡Quiero que Juan este conmigo! —solloza con fuerza—, ¡No me dejes, por favor!

La desesperación con la que llora me parte el corazón. Es horrible verla así.

Intento ponerla de pie, pero está aferrada al césped.

María Fernanda la abraza y Vanessa se derrumba en sus brazos. Los gritos lastimeros que emite mi amiga hacen que no pueda contener mis lágrimas.

Mientras acaricio su espalda paseo mis ojos por el lugar, hay muchísima gente, Juan David era una persona muy querida por todos, él era excepcional. Recorro los rostros que miran a mi amiga con tristeza.

—¡No no no! —suplica Vanessa cuando empiezan a bajar el cajón.

María Fernanda y yo sostenemos con fuerza a mi amiga, que parece cada vez más desolada a medida que el cajón desaparece.

—Se ha ido —susurra. Miro a mi amiga, gruesas lágrimas caen por sus mejillas.

Permanecemos en esta posición varios minutos más, la gente en su mayoría se ha marchado.

Intentamos una vez más poner de pie a Vanessa. Parece que puede mantenerse parada.

Un grupo de jóvenes se acerca a Vanessa, creo que son amigos del trabajo. Le dan el pésame a mi amiga que parece perdida en sus pensamientos.

Agacho mi cabeza y limpio mis lágrimas, debo mantenerme fuerte para Vanessa.

—Lamento mucho todo esto —esa voz, mi corazón reacciona de inmediato a esa voz. Después de casi dos años con tan solo escucharlo mi corazón se acelera con emoción.

Levanto la cabeza, frente a mí esta él. Sin poder evitarlo lo miro con detenimiento, está tan guapo como lo recuerdo, lleva su barba algo más crecida de lo que acostumbrada. Sus ojos, sus bonitos ojos ahora lucen apagados.

Mira a mi amiga, puedo ver qué está tenso, está apretando los dientes como siempre que está tenso, no dice nada. Me remuevo con incomodidad cuando escucho las palabras de Vanessa en mi cabeza. 

 

<< ¡No esperes a que sea demasiado tarde! >>

 


—Alberto —susurro con nerviosismo. Mis dedos me pican por tocarlo. Pero me esfuerzo por mantenerme en mi sitio.

Él me mira unos segundos y después mira a Mafer. Sus lindos ojos grisáceos han perdido su brillo.

—Nos vemos más tarde, enana —Le da un beso en su frente y sin decir nada más sale del lugar.

Mi corazón se estruja en mi pecho cuando lo veo irse.

—Vamos a casa —le digo a mis amigas. Ambas me miran con detenimiento, María Fernanda analizándome y Vanessa con pena—, no es el momento. Vamos a casa.

Caminamos hasta el auto, Vanessa y yo nos sentamos en el asiento trasero mientras que Mafer lo hace en el del conductor.

El trayecto es silencioso, giro para ver a Vanessa, está dejando escapar lágrimas silenciosas. Me acerco a ella y la abrazo con fuerza.

—Llora, llora Vanessa —Acaricio su cabeza—. Deja salir todo el dolor, no lo guardes dentro de ti, porque terminarás explotando.

—Siento como si tuviera un hueco dentro de mí —murmura con la voz rota.

******

 

Han pasado cinco días desde el entierro de Juan David. Cinco días en los que Vanessa se ha negado salir de su cuarto. Mafer y yo procuramos pasar todo el día con ella, pero yo soy la que más tiempo está con Vanessa ya que María Fernanda debe cuidar a los mellizos y además debe dirigir la empresa.

—Cariño preparé algo de sopa —Entro al cuarto. Vanessa está echada en la cama, lleva una camiseta de Juan y un pantalón de chándal. No ha querido cambiarse de ropa, tampoco ha querido que abra las ventanas, así que todo está en penumbras.

Me acerco a ella, dejo el plato sobre la mesita al lado de ella. Está despierta, pero su mirada está fija en el suelo. Sus grandes ojos azules están marcados por grandes ojeras. La ayudo a sentarse, parece una muñeca sin vida, le acerco la mesita con el plato y la incito a comer.

Me mira un momento, su rostro solo refleja tristeza. Sin decir palabra alguna coge la cuchara, empieza a comer y eso me alivia enormemente.

Está más delgada y eso no me gusta, no quiero que se enferme.

Nos mantenemos en silencio mientras ella come.

Antes de acabar deja el plato y vuelve a echarse. Retiro el plato y lo llevo a la cocina. El timbre suena cuando estoy de regreso al cuarto, así que doy media vuelta y camino hasta la puerta.



Nicole. G.R

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En el texto hay: bomberos, amor y dolor, amor y romance

Editado: 14.11.2020

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