Auro

CAPÍTULO XVII

Escuché a lo lejos la voz del profesor diciendo que la clase había terminado. A juzgar por mi posición en el pupitre y la hinchazón en mis ojos, puedo suponer que me había quedado dormida en clase. La mayoría de mis compañeros ya habían abandonado el salón mientras yo seguía copiando lo escrito en el pizarrón, en un intento de recuperar algo de la clase.


 

—Parece ser que te quedaste dormida, ¿eh? ¿Todo bien en casa? —habló el maestro.


 

—Creo que sí, gracias por preocuparse profesor White, solo he tenido problemas para dormir estos días. Las cosas han estado bastante confusas.


 

—¿Quieres contarme que te aflige? Sabes que soy bueno escuchando, puedes confiar en mí.


 

El profesor White era también el consejero escolar. Todo el instituto lo amaba por su particular manera de enseñar álgebra y además, su increíble personalidad. El solo verlo te inspiraba confianza y te hacía saber que siempre estaría ahí para escuchar tus problemas, incluso si nunca antes en la vida habías charlado con él.


 

—Es solo que —me levanté de mi asiento acercándome al escritorio en donde se encontraba mi maestro— hay un chico aquí en el instituto que me causa mucha intriga. Creo que... Él me gusta desde hace un tiempo atrás, pero es muy misterioso y al principio quería averiguar qué era lo que escondía pero después... —mi voz se vió interrumpida cuando la puerta del salón se abrió de repente.


 

Por ella vi entrar una figura alta, pálida piel y cabello castaño despeinado. Cerré los ojos y solté un gran suspiro sin poder creer mi mala suerte. Tenía que ser mi fin.


 

—Profesor White —llamó Auro entrando.


 

—Hey, pero mira quién está aquí, mi chico perdido —expresó el maestro lleno de felicidad con una sonrisa de oreja a oreja.


 

—Quería entregarle el trabajo de esta semana, está terminado y corregido. Si encuentra algún otro error por favor hágamelo saber


 

Auro le entregó un juego de hojas al profesor White de una manera muy amable. Su tono de voz era algo distinto al que yo estaba acostumbrada a escuchar; este no era duro, ni dominante, solamente era su voz ronca estando totalmente relajada. Aparentemente él no se había percatado de mí presencia, debido a que en cuanto lo vi entrar escondí inmediatamente mi rostro entre mi cabello.


 

—Está bien, Auro. La mayoría de tus trabajos siempre son excelentes así que no creo que haya mucho que corregir. Lo revisaré y te lo entregaré luego. Ten cuidado, te veo la próxima semana en clase y ya sabes que puedes buscarme si necesitas algo.


 

Yo me encontraba recargada en la paleta del pupitre, intentando aún que Auro no viera mi cara. No sabía bien cómo me sentiría al verlo a los ojos después de la visita del agente a mi casa, ni tampoco sabía cuál sería su reacción al verme, pero sabía que definitivamente ninguna de las dos sería positiva, por lo que simplemente quería evitarlo. Sin embargo, la mala suerte me perseguía y el banco en el que yo estaba recargada no soportó más, por lo que mi peso causó que el pupitre cayera hacia adelante y yo terminara en el suelo con él encima de mí. Cielos, ¿acaso todas las cosas tenían que dejarme en ridículo frente a Auro y terminar encima de mí?


 

El profesor al darse cuenta de mi  escandalosa caída se levantó rápidamente del escritorio para ayudarme.


 

—Por Dios, Zoe, ¿estás bien? —lo escuché decir.


 

El banco había golpeado mi cabeza fuertemente, desconcertándome un poco, por lo que a pesar de que estaba consciente de lo que ocurría a mi al rededor, no podía responder. Con mis ojos entreabiertos pude ver como el profesor intentaba ayudarme a quitar el banco de encima de mí.


 

—Auro, ayúdame. ¿Puedes revisar si su herida es grave? Creo que está apunto de desvanecerse.


 

Al escuchar a Auro afirmar y comenzar a acercarse a mí, moví cómo pude mi cabello largo para cubrir mi rostro de nuevo. Solo podía imaginar su cara de disgusto al descubrir que la víctima era yo de nuevo. No quería que me salvara una vez más, él había dicho que no lo haría y yo no necesitaba que lo hiciera, pero ¿que más podía hacer si él ya estaba ahí y mis movimientos estaban limitados? Solo morir de vergüenza, de nuevo.


 

—Zoe, ¿puedes escucharme? —preguntó el maestro.


 

Auro se arrodilló en el suelo para estar a mi altura y con mi cabello aún cubriendo mi rostro sentí sus heladas manos tomar mi cara.


 

—Zoe... —pronunció su ronca voz— ¿Estás consciente?


 

Era la primera vez que escuchaba mi nombre salir de sus labios y mentiría si dijera que no me gustaba como sonaba. Sus manos retiraron el cabello de mi cara colocando mis mechones detrás de mi oreja. Cerré los ojos con fuerza para evitar encontrarme con sus ojos celestes.


 

—Vaya, Zoe —lo escuché decir en un tono de fastidio al descubrir que se trataba de mí.


 

Abrí los ojos para darme cuenta de que su rostro estaba a escasos centímetros del mío. Sus ojos hacían contacto con los míos y podía sentir como si me estuvieran invitando a acercarme aún más a él. Retiró sus manos rápidamente de mi cara y soltó un suspiro para después ponerse de pie.


 

—Zoe —dijo de nuevo sin asombro, más como si fuera un reproche.


 

Escucharlo decir mi nombre me estremecía y quería ocultarlo, sin embargo creo que no estaba funcionando. Parecía que Auro quería dejar bien en claro que ahora conocía mi nombre y no lo olvidaría.


 

De mala gana me ofreció su brazo para ayudarme a ponerme de pie. No lo tomé porque sabía que después estaría recordándome que me había salvado una vez más. Me levanté con mi propia fuerza entre tanbaleos mientras tocaba el golpe en mi cabeza. Al parecer él no se esperaba esa respuesta de mi parte, por lo que con cierta indignación y molestia, al ver que le dejé el brazo tendido, lo regresó a su lugar.



Gabe Merin

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En el texto hay: misterio, mafia, badboy

Editado: 18.12.2020

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