Auro

CAPÍTULO XXXVII

En un abrir y cerrar de ojos Mason ya estaba en frente de mí. Estaba preocupado, podía verlo en su rostro. Él tomó mi brazo con fuerza y me obligó a seguirlo, mientras que con su otra mano sostenía el arma cargada  y pegada a su cuerpo. Se encargó de abrir camino entre la alborotada multitud, al mismo tiempo que su mirada analizaba a todos. Finalmente después de algunos segundos de gritos y pánico logró sacarme del lugar por la puerta trasera. Mi mente estaba tan impactada que no podía reaccionar. Era como si todo aquello estuviera ocurriendo en cámara lenta para mí.

No fue hasta que el frío aire de la noche golpeó mi rostro cuando por fin reaccioné.

—William... —susurré para mí misma una vez que ya estábamos afuera—. Mi hermano está adentro, no puedo dejarlo ahí.

Me giré inmediatamente tratando de regresar al lugar. Estaba dispuesta a encontrar a mi hermano y sacarlo de ahí. No importaba si debía atravesar todo el lugar de nuevo, William era mi hermano. Incluso si era culpa suya el que yo estuviera ahí, o metida en cualquier asunto, él era mi sangre, mi familia y no podía dejarlo morir.

—¿Qué crees que haces? Acabo de sacarte de ahí, no vas a meterte de nuevo —me dijo Mason mientras me rodeaba por la cintura, alejándome de la puerta.

—Mason no lo entiendes, es mi hermano... —una voz ajena a nosotros a lo lejos me interrumpió.

—¿Zoe? ¿En dónde estás?

Esa era la voz de Auro sin duda alguna y estaba buscándome a mí. Su voz parecía provenir del interior del restaurante, muy cerca de la puerta en donde estábamos Coleman y yo. Intenté acercarme de nuevo al escucharlo llamándome; mi corazón era tremendamente débil y aunque había prometido olvidarme de él, no era sencillo.

Ahora tenía un doble motivo para entrar de nuevo al restaurante: mi hermano y Auro. Mi idea no pudo llevarse a cabo porque el brazo de Mason me lo impidió.

—Zoe, ¿no lo entiendes? Él no es bueno, ¿por qué te desvives por él? Es un criminal, no es lo que tú piensas, tengo pruebas contundentes para creer que es Akim, es confuso y algunas cosas no encajan bien en el rompecabezas pero creo que él lo es, o por lo menos un ayudante muy cercano. Además —suspiró— ¿Por qué él, Zoe? ¿Un muchacho perdido, sin familia, sin amigos que ya no tiene nada que perder? ¿Alguien tan frío como él que carece de empatía? ¿Alguien que claramente podría ser un psicópata? ¡Es un criminal sin futuro alguno!

Escondí la mirada en cuanto comenzó a acercarse.

—No sé a qué te refieres —mascullé.

—Por favor, no es un secreto que te mueres por él y él lo sabe. Te está utilizando, ¿por qué no puedes verlo? Ese chico —pausó mientras buscaba las palabras— es un monstruo. No tiene sentimientos y si llega a mencionarte que siente algo por ti no le creas. Es su táctica. Lo hace siempre porque sabe que es un tipo bien parecido, sabe que es fácil que las chicas se enamoren de él. Un simple guiño y las chicas caen.

Y eso había llegado hasta el fondo de mi corazón. Jamás había pasado por mi mente el considerar que Auro estuviera utilizándome para su beneficio. A mi cabeza comenzaron a llegar diversas imágenes de él mordiendo sus labios de manera provocativa estando frente a mí, peinando su cabello lentamente, apegándome a su cuerpo o el simple hecho de mirarme a los ojos fijamente sabiendo que eso me hacía morir internamente. Odiaba aceptarlo, pero lo que decía Mason tenía mucho sentido.

—Es un buen alumno en la escuela, ¿Sabes? Sobre todo en álgebra. Si dejara todo esto de lado sería el alumno perfecto. Los profesores lo aman.

—¿Y qué te hace pensar que no le ha puesto un arma en la cabeza a los maestros para que hablen bien de él? Zoe, sé que eres muy inocente pero ¡abre los ojos! No es el chico que piensas, solo te utiliza.

— ¿Y quién me asegura que tú no intentas lo mismo? Si soy el objetivo de Akim tiene mucho sentido que te hayas acercado a mí para atraparlo.

Mi repentina respuesta pareció sorprenderlo. Nunca antes me había revelado ante él de esa manera. Incluso me atrevía a decir que lo ofendí, ya que se quedó completamente callado y sin intenciones de responder.

—No puedo creer que confíes más en un criminal que en un agente policia —habló en un tono serio y lleno de decepción. Su mirada me reprochaba—. Llevo seis años buscando a Akim y nunca he lastimado a un solo inocente por alcanzar mis objetivos. Tengo una ética respetable por eso tengo el puesto que tengo a mis veintiséis años. No sé qué creas que soy, pero me decepciona mucho que prefieras creerle a un mafioso sin oficio por que estás cegada de amor por él.

—No estoy cegada —le respondí mirándolo fijamente y segura de mi respuesta.

Él rió.

—¿No? Mírate, estabas dispuesta a regresar a ese lugar por él, incluso estando consciente de que quieren hacerte daño. A pesar de que está en una cena llena de mafiosos y sabes que "trabaja para Akim", lo defiendes porque crees que es inocente. Te enseñé el expediente de Auro en Italia y Rusia y no te importo un demonio. Dime, ¿eso no es estar cegada, Zoe?

De acuerdo, tal vez lo estaba un poco pero, ¿qué podía entender un agente tan profesional y maduro como él a sus veinteseis años sobre un amor estúpido, juvenil y caprichoso? Claramente Mason poseía una mentalidad más madura para su edad debido a su trabajo, él no comprendería que en cuanto a lo que sentía por Auro no existía la razón.

—No lo entenderías, Mason. Cuando realmente quieres a alguien la razón no obedece mucho.

—Claro que lo entiendo. A mi me gustas tú y no sabes cuánto desearía que no fuera así. 



Gabe Merin

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En el texto hay: misterio, mafia, badboy

Editado: 18.12.2020

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