Auro

CAPÍTULO XLIV

Mi boca seguía abierta, sí, y probablemente también estaba babeando. Honestamente, no lo sabía. No tenía el control completo de mi cuerpo, y mucho menos si tenía al hombre por el cual me derretía enfrente de mí. Esta vez se veía tan real, que incluso podía ver el iris de sus ojos cambiar de verde claro a celeste. Ese color que solo Auro podía tener en su mirada.

—No puedo hacer esto —susurró.

Yo no entendía ni un carajo qué estaba pasando, así que solo seguía en sus brazos, disfrutando de lo que no podía tener en la realidad. Él parecía estar cabizbajo, aunque a decir verdad, no estaba segura ya que todo a mi alrededor era confuso. Incluso podía ver como las paredes se movían al ritmo de la música de la fiesta, cosa que causó que comenzara a reír desenfrenadamente. Él me miraba extrañado.

—Vaya, creo que me he pasado con el sedante —suspiró— ¿A quién engaño? No puedo hacer esto. No soy como ellos. Si entrego al pececito, ¿qué me haría diferente a ellos?

Seguía sin entender a qué se refería, o con quién estaba hablando ya que no veía a nadie más ahí. Se suponía que quién estaba bajo efecto de una sustancia era yo, pero él también estaba actuando muy extraño.

—Oye —intenté mirarlo—, no te entiendo un carajo, pero te amo.

Él volvió a reír al escucharme. ¿Por qué Auro se reía? Definitivamente era el sueño más extraño de todos los que había tenido.

Sentí como sus brazos me depositaron en lo que parecía ser una cama suavemente. Todo eran suposiciones ya que no podía ver nada; el efecto de lo que había bebido hacía que mis ojos se sentí eran cada vez más densos. Me dejó recostada ahí y después no supe más de mí. No hasta que desperté.

*

—Por Dios, que vergüenza —exclamó Matthew fingiendo tener náuseas.

Lo miré molesta.

—¡No estaba bien! ¡No pueden tomar en serio lo que dije cuando estaba sedada! No estaba en mis cinco sentidos, ni siquiera estaba en ningún sentido, ¡veía a las paredes bailar!

Auro soltó una leve carcajada, dejando escapar una sonrisa involuntaria mostrando un poco sus dientes. 

—Es verdad —dijo aún sonriendo, sin embargo, segundos después su sonrisa fue desapareciendo hasta formar una expresión totalmente seria—. Yo... En serio lo siento. Sé que hice mal y créeme que la culpa no me deja en paz, pero por favor solo piensa en algo: dejé ir a mi madre por no herirte a ti. No soy tan malo como piensas, Zoe.

El conocer la verdadera historia creaba un gran choque de sentimientos dentro de mí. No podía entender qué clase de hechizo me había hecho Auro para no poder dejar a un lado lo que sentía por él. Era extraño. Muy extraño. Supongo que desde el inicio supe que enamorarme de él me llevaría a mi final y aún así decidí ignorarlo. Mis sentimientos hacia él eran tan fuertes como cuando su brazo se aferraba a mi cintura; eran imponentes al igual que su mirada. Lo peor de todo era que después de sucedido en el auto la noche anterior, me resultaría imposible sacarlo de mi mente.

Mis ojos comenzaron a gotear al no saber qué responder. Estaba pidiéndome disculpas, e incluso si eran sinceras yo no podía perdonarlo. Inmediatamente sentí su cálida mano secar mis lágrimas.

—Perdón —dije yo—, pero no puedo confiar más en ti Auro.

Él dejó salir una gran cantidad de aire de su boca, causando que sus hombros se bajaran, mostrándolo totalmente decaído.

—Lo entiendo —respondió con la cabeza agachada—. Pero Zoe, no puedes solo fingir que lo que pasó anoche... —no lo dejé terminar.

—Tenías razón. No debió suceder. Me arrepiento de haberlo hecho.

La risa burlona de Matthew se hizo presente, sacándome de mis pensamientos. A Auro pareció no importarle, por lo que no le dedicó ni siquiera una mirada. Matthew se acercó a nosotros lentamente.

—No, no me digan que ustedes... —se quedó callado. Abrió la boca sorprendido, después nos miró detalladamente tratando de decifrar la respuesta.

Auro ignoraba la presencia de Matthew a pesar de la provocación de su parte. Su mirada estaba fija en mí y no parecía querer concentrarse en nada más. Su mandíbula estaba completamente tensa como si estuviera tratando de reprimir algo en su interior. Además, sus ojos comenzaban a adquirir un leve color rojizo acompañado de un brillo especial. Su respiración estaba algo agitada y yo no entendía porqué.

—Lo lamento mucho —susurró con la voz quebrada.

—Oh, ¡si lo hicieron! —expresó Matthew entre risas—. Pequeños calenturientos. ¿Y te atreves a reclamarme a mí, Auro?

—Cierra el pico, Ignati —demandó Auro molesto. Ya estaba comenzando a enojarse.

La situación estaba cansándome por completo. Mi corazón estaba hecho pedazos como para seguir aguantando la estúpida actitud de Matthew.

—Matt acércate —pedí en un tono neutral, a lo que él obedeció sin entender bien.

Una vez teniéndolo cerca de mí hice lo que tenía que haber hecho desde hace muchísimo tiempo. Tomé su cuello con mis manos y lo apegué a mí para hacerlo bajar la guardia, después golpeé con mi rodilla sus genitales, causando que se encorvara por el dolor y soltara un grito sin aliento.

—Podrás no ser un villano, pero eres un idiota —le dije escupiendo coraje.

—Vamos, Zoe. ¿Acaso Auro no te folló lo suficientemente bien como para que tengas tanto odio dentro de ti?  Yo podría haberlo hecho mejor... —Matthew no pudo continuar.

Esa simple pregunta bastó para que Auro digiera su puño hacia la cara de Matthew. Este se estampó contra el suelo debido a la fuerza del golpe y después mostró las palmas de sus manos a Auro en señal de rendición.

—Bien, ya me callo —habló levantándose y sobando su rostro. Aparentemente ya había entendido que no debía hablar de más.

Pude notar los rizos de mi mejor amigo a los lejos tratando de vigilar que todo estuviera bien conmigo. Parecía algo preocupado, por lo que lo miré y asentí levemente con la cabeza haciéndole saber que todo iba bien, incluso si no era así, luego se marchó.



Gabe Merin

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En el texto hay: misterio, mafia, badboy

Editado: 18.12.2020

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