Aysel, como la luna

22 CELOS

 

Anuk  no era rival para Minerva, la bruja era poderosa, trataba de guiar al Lobo pero este no estaba concentrado en lo que sucedía en  el claro, además que lo ponía nervioso como su gente lo veía ir a parar al suelo una y otra vez, con solo un movimiento de la bruja.

 

—Creo que por hoy es suficiente Alpha. — dijo la bruja al ver que quedaría en ridículo el hombre si seguía arremetiendo contra ella.

— No, aún no es suficiente. — respondió al tiempo que se ponía de pie.

— Anuk hazle caso a Minerva, o terminaras mal. — el solo hecho de oír a Calixto no lo ayudaba, lo que Levana le dijo se repetía en su mente y en un momento de enfado el lobo se fue contra él, claro que el vampiro era más rápido, dio uno, dos, tres saltos y ya estaba demasiado lejos del joven Alpha, pero lo que nadie esperaba fuera que en ese momento Anuk manejara su magia, hizo un movimiento con sus manos y el vampiro estaba atrapado entre espinas y rosas, una vez que lo inmovilizo lo llevo ante él, Minerva estaba muy impresionada, a su hijo le había llevado años manejar ese tipo de poder, pero en Caos el poder que prevalecía era el aire, en cambio Anuk podía manejar todos los elementos al ser compañero de la suprema. Al fin el lobo lo tenía cara a cara y por primera vez el vampiro se preocupó.

 

— Respóndeme algo Calixto, alguna vez tú y Levana. — el lobo no pudo terminar la pregunta, el solo hecho de imaginarlo lo enfurecía, sus ojos se tornaron rojos y sus colmillos aparecieron.

— No Anuk, se perfectamente de lo que hablas, pero no he tenido ese privilegio. – el gruñido del Alpha resonó  en el prado.

— Detente Anuk. — Moiras apareció para refrenar la sed de sangre del lobo.

— No te involucres Moiras. — Anuk trataba de recordar que aquella mujer mitad ninfa de sangre fría como vampiro era su suegra.

— Xylon dice que hay un humano cerca, sabes que Aysel pidió sacar cualquier hechizo de protección, debes decirnos como actuar, se está acercando.

 

Y esa pregunta lo hizo reaccionar, no había hablado con su luna de lo que pasaría de ahora en adelante, ¿acaso los humanos también serían recibidos por ella?, para su suerte Aysel apareció ante ellos, tan hermosa y delicada como solo ella lo era, su vestido blanco brillaba bajo los rayos del sol, su cabello suelto se movía con la brisa y sobre su cabeza una corona de rosas rojas, simplemente dulce y hermosa, no fue el único que lo noto, Calixto al igual que el resto de hombre que se encontraban en aquel lugar la devoraban con la mirada, sin embargo todos mantenían la distancia, todos menos Calixto.

 

 — Hermosa Aysel, mis ojos no han visto mujer más bella que tú. — Las mejillas de la joven se enrojecieron ante aquellas palabras.

— Calixto, deja de decir esas cosas. — susurro aun apenada y acto seguido vio los ojos de su mate, el tiempo se detuvo, la forma en la que el lobo la miraba, jamás la había mirado de esa forma, su corazón latía rápido.

— MI luna. — dijo Anuk marcando su territorio.

— Tu madre me aviso que hay un humano en los alrededores, ¿Qué deberíamos hacer? — Aysel quedo muda por unos segundos, Anuk le preguntaba qué hacer, como un perro obediente.

—  Déjenlo que venga, si está perdido será guiado, si busca respuestas serán dadas, y si viene por problemas, ya sabes que hacer.

— ¿Encarcelarlo? — pregunto dudoso el Alpha.

— Matarlo. — dijo con su cara de niña buena y por alguna morbosa razón Anuk estaba a mil, ver a su Luna tomar esa decisión sin mostrar debilidad lo sorprendió y éxito.

— Por hoy los entrenamientos terminan, todos necesitamos descansar —  dijo la joven recibiendo un “si luna” por parte de todos los presente.

 

Emprendió el camino de regreso a su casa, seguida por su familia, Calixto y Abel que eran su beta y delta como Anuk era seguido por Kio y Kalu también del mismo rango, faltaba poco para llegar cuando escucho una voz, la única que reconocería en cualquier lugar.

 

— Disculpen. — dijo la voz grave de un hombre y todos detuvieron su andar para observar al humano.

— Estoy buscando a una joven, quizás pudieran ayudarme. — Aysel se mantenía detrás de Calixto y Abel, sus piernas temblaban y su respiración se agito.

— No creo que se encuentra en estas tierras a quien buscas. — respondió Anuk.

—Yo creo que sí, señora Moiras, necesito ver a mi amiga. — Anuk sabía bien quien era, su cuerpo temblaba de enfado al oír el corazón de su mate latir tan rápido.

— Lo lamento Kasumi, pero ella no está aquí, huyo con un joven que conoció. — respondió la hibrida sabiendo que aquel joven sería incapaz de reconocer a su hija, ya que no tenía el hechizo de fealdad. Pero el joven no se movió de su lugar.

— Aysel es la joven con el corazón más puro que conocí en mi vida, su alma es tan inocente que solo me basto con ver sus ojos para saber que ella era especial, tanto como para no importarme que sea nieta de una ninfa, un lobo, un vampiro y una bruja. — cada uno de los presentes se mantuvo inmóvil, como si lo que estuvieran oyendo no los afectara, cuando en realidad los ponía en alerta máxima.

— Aprendí a mirar más allá de tu apariencia Aysel y es por eso que la magia que pesaba sobre ti jamás me afecto, yo siempre te vi como realmente eres, así de hermosa y angelical como estas ahora, con esa pequeña corona de rosas y vestida del color que tanto me gusta.

— Kasumi – el nombre del joven salió sin permiso de sus labios, pero no era Aysel quien lo pronuncio.

— Tu. — dijo el joven de descendencia oriental viendo como una mujer de piel pálida y labios negro aparecía frente a todos y caminaba en su dirección.

— ¿Me recuerdas? — pregunto la vampiro.

— Hermosa luna, luna brillante y renacida, Levana, no, esto no puede ser, la leyenda dice que él te mato, pereciste en manos de la niebla. — Kasumi dio un paso atrás y Levana camino dos.



Cristina López

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En el texto hay: seres sobrenaturales

Editado: 04.12.2020

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