Bajo la mascara

Cap. 5 - Confesión

Después de unos minutos, David se decidió por entrar a la sala de interrogatorios, pero antes se detuvo a pedirle a uno de los ayudantes un café para él y para el acusado. 

_ ¡Bien, aquí estamos!_ dijo David al entrar en la habitación _, algo que nunca imagine. 

Pero el profesor siguió con la mirada baja, sin decir una palabra.

_ Dijiste que me contarías todo. Bueno, soy todo oídos, Alexander.

_ No tengo que decirte cómo empezó todo esto, tú estuviste ahí ese día, amigo _ comenzó a contarle el profesor Alexander levantando levemente la mirada hacia su amigo con una expresión de profunda tristeza y miedo, como un cachorrito asustado _. Estuviste en el cementerio consolandome. 

_ Esos fue hace cuatro años, y los asesinatos comenzaron hace un año y medio. ¿Acaso hay más víctimas de las que aún no sabemos? _ preguntó el detective ante lo que escuchaba. 

_ No, pero fue el comienzo de todo. Sabes bien que fueron tiempos difíciles porque después de perderla a ella me tocó lidiar con una vida vacía y sin sentido, estaba como perdido yo solo. 

_ Entiendo, estabas deprimido, ¿por qué no buscaste ayuda?

_ Yo no estaba deprimido, solo perdido. Hace casi dos años estaba en un bar, acababa de salir del trabajo y no tenía ganas de ir a casa así que fui por unas cervezas. Creo que elegí el bar equivocado o el correcto, no lo sé, solo sé que después de un rato de estar en el lugar comencé a ver la naturaleza humana en su estado más primitivo, más original.  

El detective, con un gesto de desconcierto le preguntó. 

_ ¿Y qué viste en ese lugar?.

_Ya te dije... la naturaleza humana original, la que corre tras los excesos y el placer, la que es incapaz de ver más allá de su propia nariz. Adolescentes que no podían mantenerse en pie por el alcohol o las drogas; hombres desafiando los límites y haciendo estupideces para lucirse, y personas molestas que no veían la muerte sobre sus cabezas ¿cómo podían despreciar sus vidas de esa forma?

_ ¿Y qué hiciste al respecto?

_ La vida es injusta y el tiempo limitado, ellos estaban desperdiciando el suyo sin darse cuenta ni siquiera de la sola suerte que tenía, pero yo… yo no iba a desperdiciar el mío. Así que comencé a pensar ¿como quería ocupar el poco tiempo que me quedaba?

_ Eres joven aun, tiene mucho tiempo... 

La expresión en el rostro de Alexander comenzó a cambiar formando una expresión algo extraña; él ya no parecía un cachorrito asustado, sino una persona desquiciada. 

_ Decidí que quería aprovecharlo en la creación de algo que les recordara a todos la fragilidad de la vida, de la existencia, del tiempo y el castigo final, la muerte y el olvido _, Alexander se acomodó en su silla para continuar explicando _ ,no me costó trabajo entender que nada puede recordarle a las personas la cercanía de la muerte como cuando la misma muerte comienza a tocar a su puerta. Y así, comencé a planear los asesinatos. Pero, creeme que  no quería lastimar a nadie, aún creo que a las personas buenas les tienen que pasar cosas buenas _ trató de justificarse él.

_ ¿Castigar a personas malas? ¿esa es tu excusa?. Tu sabes que esa tarea le toca a la justicia, amigo. 

_ Lo se, pero resolví matar dos pájaros de un tiro. Quise castigar a personas malas a la vez que transmitir mi mensaje. Y no tardé mucho en encontrar al primero de los cinco afortunados _ confesó él con calma.

A esas alturas el detective ya estaba algo desconcertado con respecto a la persona que tenía enfrente, incluso pensó que no era su amigo de tantos años, sino un completo desconocido.

_ La primera víctima, Ian Samira, un joven muy, muy pedante. Me lo crucé de casualidad a la salida de la universidad, él estaba discutiendo con su novia, una estudiante de mi clase. Lo escuche gritar quejándose de que por los estudios ella nunca estaba en casa y que sus deberes eran ocuparse de la casa en lugar de perder tiempo en la calle, creo que esas fueron incluso sus palabras específicas. 

El ayudante al que David le había pedido traer cafés interrumpo la conversación al golpear la puerta.

_ Lo siento… traje sus cafés, detective. 

El ayudante dejó los vasos en la mesa y salió rápidamente. 

Al volver a encontrarse los dos hombres solos, el profesor se quedó mirando su reflejo en el espejo detrás del detective por un instante, y luego siguió contando. 

_Me tomó dos segundos decidir que ese tipo machista sería el primero, y diez días  planear que iba a hacer. Pero me fue más difícil encontrar un mensaje adecuado para iniciar aunque nuestro amigo Ian me volvió a simplificar las cosas al mostrarme el límite bestial al que era capaz de llegar. Al llegar al trabajo una mañana supe que la noche anterior él se molestó con su novia, creo que fue porque ella estudiaba para un examen, y la golpeó tanto que ella terminó en urgencias. La policía no podía hacerle nada porque ella tenía miedo de denunciarlo, así que resolví mi dilema. Pues, Séneca decía “La muerte es un castigo para algunos, para otros un regalo y para muchos un favor” _ el profesor se detuvo para tomar su café y darle un sorbo, pero la bebida estaba muy caliente y él terminó por hacer una mueca de desagrado al quemarse la lengua _ .Su novia quedó internada algunos días en el hospital por las graves heridas, así que a la noche siguiente ejecute mi plan. Entre a su departamento por la ventana del cuarto con la ayuda de una de las ramas del árbol que llegaba casi hasta ella, así que trepé y salté, sabía que la ventana no cerraba bien con el seguro, y me fue muy fácil abrirla. Entre silenciosamente y cuando fui a la sala ví que allí estaba él tirado en su sillón bebiendo y viendo televisión. Luego, solo me acerqué despacio por detrás y lo sujeté del cuello para tirarlo hacia atrás, cayó junto con su sillón y la botella que tenía en la mano se rompió en el suelo. Sabía que tenía que ser más rápido, porque no quería luchar con él; ya tenía preparada la cuerda con el nudo corredizo y no fue muy complicado colocarla en su cuello mientras estaba algo aturdido en el suelo. También pensé que sería bueno atarle las manos así que lo hice.  Acerque una silla y lo arrastre hasta que logre sentarse. En esa primera ocasión tenía un arma pero él no sabía que estaba descargada, se la mostré y le dije que no pensara en moverse porque no tenía problema en darle en la cabeza. Era un cobarde y logré que no hiciera escándalos mientras colocaba la soga en su cuello y  tomaba el otro extremo de la cuerda para pasarlo sobre una viga descubiertas del techo. Él lloraba y rogaba que cometiera un error, que no tenía dinero; hasta me dijo que su novia se había ido con todo su dinero y lo había dejado en la ruina ¡que mentira!. No tardé más de unos minutos en dejarlo colgado y correr la silla para que no pudiera sostenerse en ella. Sé que él aún estaba vivo cuando escribí el mensaje sobre el mantel de la mesa...



S. Resileco.

#854 en Thriller
#469 en Misterio
#328 en Detective
#100 en Novela policíaca

En el texto hay: investigacion policial, misterio

Editado: 18.12.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar