Besos en el balcón [pausada]

Viajes en la memoria.

Presente, Mateo.

     Reacciono con gran sorpresa al escuchar su nombre y los recuerdos sobre la chica no tardan en aparecer. Acaricia su larga cabellera castaña con nerviosismo sin dejar de mirarme a los ojos.
     —Sos la hermana de Francisco, ¿no? —hablo con la mente ya despejada, ella asiente para confirmarlo—. Nos conocimos en su cumpleaños del año pasado y estuvimos hablando de todo, pero especialmente sobre...
     —...sobre viajes —termina la oración por mí—, compartimos nuestras experiencias y opiniones sobre los lugares que visitamos.
     —Sí, me acuerdo que me comentaste sobre el desierto cercano al que fuiste con tu familia, pero que siempre te gustaron los puentes y los muelles.
     —Sí... Y, por cierto, ¿lograste cumplir tu pequeño deseo de viajar en avión? —Seguido de esto, la mirada sorprendida de mi padre recae sobre mí y solamente le dedico una pequeña sonrisa en señal de disculpa. Pues, a pesar de su conocimiento sobre mis deseos de viajar a donde sea, jamás le mencioné esa pequeña parte.
     —Ojalá, pero todavía no. Espero poder viajar en avión pronto, porque tengo ganas de estar en las nubes...aunque sería literal esta vez.
     Ambos, automáticamente, sonreímos. La conexión se rompe cuando la voz de un hombre, al parecer el jefe de Olivia, llama a la muchacha para que continúe con su trabajo como mesera.
     —Lo lamento, debo irme... ¿Desean algún platillo o más bebida?
     —No, gracias —respondo amablemente, mientras escribe algo en su libreta—, capaz que después pedimos la cuenta.
     Ella asiente, al tiempo que quita la hoja escrita y me la entrega. Me dedica una última sonrisa antes de retirarse para continuar su labor.
     En tanto, escucho a papá reprimir un estallido de risas.
     —¿Acaso acaba de darte su número telefónico solamente por recordarla?
     —Supongo que sí...
     Sin embargo, mi atención se centra en la nota. Las volteretas en las S y los corazones en los puntos de las I, me recuerdan a tu caligrafía, la cual era simple pero delicada, con pequeños detalles que la hacían reconocible entre tantas otras copias. Amabas escribir canciones con lapicera roja mientras utilizabas verde para los acordes, volviéndolas papeles escritos con espíritu navideño. Y en mi memoria recuerdo, como al pasar, que debo hacer tu próximo beso en el balcón.
     Le comento a papá sobre el método que estoy utilizando para hablarte de forma indirecta, tratando de obtener tu atención para que podamos charlar cara a cara alguna vez. Le explico también sobre nuestra separación con lujo de detalles, sin derramar ni una sola lágrima. Él me escucha atentamente, realmente absorto en nuestra dramática historia de amor, y de vez en cuando me interrumpe por dudas importantes que, sin querer, se me olvidan detallar mejor.
     —Mateo, ¿realmente amas a Julieta? —pregunta una vez que termino de narar. No pienso en mi respuesta:
     —Ella es la mejor chica con la que el mundo me pudo haber cruzado, es inteligente, divertida, independiente, madura, apasionada... Ama a los suyos y los protege a copa y espada, haría hasta lo imposible por tal de verlos felices; no es como cualquiera de las chicas con las que he estado, ella es...única —sonrío con nostalgia—. Y quiero que, con o sin mí, ella sea la chica más feliz de este cruel universo. N-no...no se merece sufrir por algo que ni siquiera tengo idea qué es.
     —Así que no tienes idea qué habrá dicho esa zorra de Marina...
     —El término es muy despectivo y lo sabés. Ella es...complicada...
     —No tengas miedo de decirlo, Mateo, ella es una zorra. ¿Recuerdas todo lo que te hizo sufrir cuando estaban juntos? Como esa vez cuando fueron a una cena y...
     —Sí, me acuerdo de ese día y de todas las veces —le interrumpo bruscamente. No quiero rememorar las situaciones que tuve que soportar con Marina, al menos no ahora.
     Continúo charlando con él varios minutos más, tratando de actualizarlo en los más recientes acontecimientos. Me da su opinión con mucha sabiduría, lo cual me llena de esperanza, además de alegrarme por poder charlar de forma amena, volviéndonos cómplices de un tema del que tanto quise hablar con él en estos últimos años. A pesar de sus errores, sigue siendo el mejor padre que pude haber tenido.
     —Bueno, papá, me tengo que ir —digo al notar la hora—. Me olvidé de hacer la tarjeta, porque ni siquiera sé qué le voy a escribir.
     —Dile lo que sientas y no olvides de convencerla para hablar solos en persona. Ahora ve, pequeño tórtolo —ríe.
     Nos levantamos para poder darnos un fuerte abrazo, cálido, necesariamente reconfortante para ambos. Luego le entrego mi dinero para pagar la cuenta, pero él quiso rechazarlo, por lo que, después de unos minutos logro convencer de aceptar, esta vez, los billetes.
     Antes de retirarme de la cafetería, le doy un saludo desde la distancia a Olivia notando que su altura es menor a la mía.



AtrapaNubes

#20104 en Novela romántica
#7317 en Joven Adulto

En el texto hay: drama, romance amistades, pasado doloroso

Editado: 12.02.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar