Besos en verano

Uno

Toda esta historia empezó en finales de julio. La brisa fresca de la mañana acariciaba las palmas que adornaban el restaurante, como mujeres bailando se movían de un lado al otro, el olor a café recién hecho poblaba el aire, lo viciaba.

No encuentro otra forma de iniciar un día que no sea con el olor a café.

Susana llama a el camarero y le pregunta:

“¿Qué tiene para desayunar?”

Y así mientras el joven le explica los menús del día, observo como un hombre moreno entra al restaurante.

En la puerta adornando y como una alarma los cristales el colgante suenan.

Es apuesto, se ve que ya paso los treinta años. El camarero después de tomar la orden de Susana se dispone a preguntar al hombre, si ordenara.

Puedo leer sus labios y pide un café americano.

“¿Y dime como te sientes después de todo lo de ayer?”

Susana me mira sonriendo ampliamente, esperando que le cuente con detalle como sucedió lo de renunciar y gritarle a mi jefe.

“Liberador” respondo, rompiendo el silencio se interrumpió por la llegada de una villana, mi risa, descontrolada perturbando el fresco pasaje.

“Estaba harta de ese abusador y malévolo, tonto.”

Miro la taza de café que está en la mesa del hombre, el humo se esparce infinitamente por el aire.

Él tiene una chaqueta chocolate, me pregunto qué tanta belleza oculta detrás de esa ropa.

Me llamaba la atención por una cosa, tenía los ojos parecidos de mi ex, mi ex, es así como me refiero a mi relación más larga

bueno, solo tengo veintitrés años tampoco he tenido tiempo de amar mucho. ¿Qué es amar mucho?

¿Acaso los que acumulan muchos cumpleaños han amado demasiado? Eso espero, no quiero pensar que no puedo volver a sentirme así por otro.

El hombre me mira, profundamente, tiene cara de llamarse Roberto, toma un poco de café y lo miro. Toma el menú con sus grandes manos.

“Era un idiota” agrega Susana, mirando como coloca su desayuno en la mesa: croissant con mantequilla, pan de ajo, y una malteada.

Susana era guapa, como esas modelos de pasarelas, es hija de dos artistas famosos, imposible que su hija nazca sin talento.

Siempre ha sido mi amiga, desde que se mudó al frente de mi casa, desde entonces compartimos la vida, juntas.

Es fotógrafa, no cualquiera, es dueña de una de las casas de fotografía más importantes, gracias a tener padres famosos.

La importancia de las influencias, siempre me dice ella.

Es amiga de modelos importantes, Y por ser su amiga también yo disfruto de una popularidad en cierta forma.

Mis padres no son famosos en los círculos sociales, pero, si en los empresariales.

Sí, pude hacerme cargo de los negocios de la familia, pero, mis padres no me obligan a nada.

Por ello he preferido estudiar publicidad y a pesar de estar en el último año, no me agobio pensando en el dinero.

Acepte trabajar para esa empresa, y para ese maniático, solo para salir de mi zona de confort.

Como decía el libro que me regalo Marta. Pero, ahora pienso que es una idiotez la de escoger ese empleo.

No solo me obligaba a trabajar largas horas, también a soportar sus tonterías, su apestoso aliento a café con cigarrillos.

En más de una ocasión lanzarme insinuaciones sexuales, pretendiendo aprovecharse de su posición.

“Ahora todo eso es parte del pasado” dice Susana, dándole el mordisco final a su croissant.

“Así es, todo eso es solo una mala experiencia, pensare que solo fue un sueño, una pesadilla.”

Marta entro y rápidamente se sentó, se veía cansada, tal vez, por lo extraño que es para ella llegar tarde a las citas.

Marta trabaja mucho y aprovecha cada momento de su día, por eso es fan de los libros de autoayuda, y está en su maestría.

El hombre me miraba o eso era lo que pensaba. Tomaba café y me miraba.

No soy fea, rayos, soy delgada, mido uno cincuenta y seis metros y tengo hermosos ojos.

Es cierto que desde que termine mi relación, solo me he acostado con idiotas, pero ¿Acaso no es eso lo que debemos hacer las jóvenes de mi edad, época?

No soy tan hermosa como Susana, pero, soy capaz de romper corazones.

“Y ahora, ¿qué harás?” pregunta Marta.

“No lo sé, necesito tomar distancia de todo eso.”

“¿Él te sigue buscando cierto?” Dice, Susana, mirando me con esos grandes ojos, interrogando me.

“Deberías poner una orden de protección, hay límites y el actúa como si no los conocer, es tu ex, no es un concepto complicado. Marta, se ve molesta por lo que paso, como toda buena amiga, siempre me apoya.



john rand

Editado: 14.09.2019

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