Cambio de Vida

Interludio

Podemos estar con muchas personas, pero no con todas podemos ser nosotros mismos. Existen muchas teorías basadas en la mezcla que debe haber entre la confianza y el amor. Beatrice conocía todas ellas. Ella había analizado con cautela el significado de aquellas palabras y el por qué están tan entrelazadas la una con la otra. No existe una fórmula matemática para comprenderlo. Simplemente se trata de algo que conocería con el paso del tiempo. De todas formas, la vida no viene con instrucciones; las instrucciones, las creamos nosotros mismos.

El amor puede confundirnos, pero nunca se equivoca. Según la leyenda, cada persona tiene reservada su “otra mitad”, y ésta puede aparecer en cualquier momento. Incluso, puede ser la persona menos esperada. Hay quienes forman una vida juntos, luego de toda una vida de conocerse. Otros, se encuentran por obra y gracia del destino, y sus almas se unen y permanecen ahí, por el resto de sus días. No hay como adivinarlo. No hay como saber quién es quién en nuestras vidas. Sólo podemos arriesgarnos a averiguarlo, buscando sentir ese “click” que sólo sentiremos una vez… en todo nuestro existir.

 Los pocos que quedan, sólo se limitan a ocultar lo que es inocultable. Niegan con la boca lo que sus ojos expresan, tratando de silenciar sus corazones y reprimir los sentimientos.

Miedo, inseguridad y vergüenza de sí mismos.

Esos también son monstruos, aunque no lo parezcan. El miedo nos invade al estar frente a una determinada situación (cualquiera que sea) y encuentra el amor perfecto en la inseguridad, para alimentarse así misma con el espíritu caótico y destructivo de la otra. Como resultado de la pasión tóxica entre ambos, nace la vergüenza, cuya principal misión es incapacitarnos y hacernos creer que somos útiles para nada, y que – sobre todo – nadie se atrevería a fijar su mirada en nosotros.

Las excusas llegan y los monstruos cobran voces propias. Nos dicen que somos horribles, que no somos capaces, que no lograremos nada, que de nada sirve intentar, ni buscar otra salida.

Los monstruos nos aprisionan en sus mundos, aniquilando nuestras fuerzas hasta terminar con nuestras vidas mostrándonos que el suicidio es la mejor opción (y la única).

Sí. Son monstruos…

… que creamos nosotros mismos.

Por eso, ella borró las lágrimas de su rostro y encendió sus pupilas, haciéndolas brillar como si estuviera enamorada de su príncipe azul.

Dejó absolutamente todo a un lado y enfocó sus energías en el provenir, trabajando y explotando cada cualidad de su interior para ser mejor día a día. Descubrió que tenía límites, y luego los quitó de su lugar para colocarlos aún más lejos de donde los había encontrado. Se superó a sí misma en varias ocasiones, no sin antes recordar que se había estancado mil veces más. Reparó sus alas, transformó sus miedos, borró sus inseguridades y no dio espacio para la vergüenza. Mas temprano que tarde, terminó enamorándose de la vida, así como la vida se enamoró de ella.

Las oportunidades llegaron, los logros aparecieron, y con ellos alcanzó el triunfo.

¿El amor?

El amor dejó de preocuparle, pues según la leyenda, cada quien lo encuentra a su debido tiempo.

¿Cuál era su tiempo?

No había como saberlo, pero sí había la certeza de que llegaría. Además, la vida daba el chance de averiguarlo, aunque tropezara en el intento.

Y en el momento indicado, el reloj le sonreiría a dos personas diciendo: “Están justo a tiempo”; sin importar si ya se conocían o que no tuvieran idea de quien era la otra persona. En el momento exacto, no habría forma de evitarlo. Podrían existir miles de personas más tratando de separarlos, pero nada lo lograría. Sólo Dios podrá detenerlos haciendo que el fin de la vida los alcance. Mientras tanto, el tiempo se ajustará a ellos; y ellos se adueñarán del tiempo hasta que la percepción de las horas desaparezca. No habrá nada más que un solo momento – el encuentro – para sellar un camino juntos.

Y tarde o temprano, dicho encuentro llegaría, aún sin que se diera cuenta…

Así pues, teniendo en mente todo lo aprendido, Beatrice analizaba las cosas diciéndose así misma cuan hermoso es Dios, y la vida.

 




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