Campanas de Medianoche.

Capítulo 2 – Las bestias de Nottingham.

 

“Algunas personas quieres que algo ocurra, otras sueñan con que pasara, otras hacen que suceda”.

Michael Jordan.

 

En la actualidad

 

Rose Fleming.

 

La tarde estaba tranquila, el cielo se estaba oscureciendo y algunas estrellas empezaban asomarse; era perfecto para el trabajo que debía hacerse. Todos estaban en sus posiciones, a la espera de que el momento llegará, aguardando la señal. Rose, se encontraba en lo alto de un árbol, camuflada dentro de las hojas con su chaqueta verde, desde arriba se podía ver todo el ancho del bosque, y pensó, entrecerrando los ojos que todo a su alrededor parecía sacado de un juego de mesa, donde un gigante… El sonido de una bocina la sacó de su ensoñación; esto no era un juego, sino su vida y lo que estaba a punto de suceder era su misión. ¡Enfócate Rose! se repitió a sí misma.

 

Sacudiendo aún aquella idea de su cabeza, se inclinó para poder ver más allá de los árboles. Desde su ubicación, el paisaje era precioso, todo a su alrededor estaba teñido de verde y café, la brisa hacía volar las hojas que caían,  llevando a su nariz un olor a tierra que le recordaba a los jardines de su casa de la infancia - ya podía alcanzar a ver el camión que se acercaba al sendero,- este se dirigía a las reservas militares, venía cargado de todo tipo de provisiones, desde alimentos no perecederos hasta productos de aseo, sin duda sería un gran golpe-  lo que significaba que tenía que prepararse. Torciendo el gesto en una sonrisa perversa, separó los pies y se dejó caer del árbol.

Cuando el camión estuvo lo suficientemente cerca, se desprendió de su chaqueta para dejar al descubierto su figura, la cual estaba entallada en una blusa palo de rosa con escote de corazón, que acababa encima del ombligo, llevaba un abrigo de tela delgada para cubrir sus tatuajes de los brazos – que eran bastantes y no los únicos - sus largas piernas se apreciaban con los jeans de talle alto que llevaba junto con un par de botas negras, se acomodó la peluca rubia, estilo muñeca que le caía en la barbilla, se colocó los lentes y se preparó.

 

Antes de salir de su escondite detrás de los árboles, dedicó una mirada a un punto fijo en el extremo izquierdo de su posición, donde sabía se encontraban sus compañeros, les dedicó un asentimiento con la cabeza, que fue respondido con un silbido muy similar al de un pájaro pequeño, lo que hizo que se le escapara un poco la risa. Cuando las luces del camión empezaron a iluminar la carretera Rose salió en escena.

- Detengan el auto, por favor, deténganse – gritaba a la vez que movía sus brazos de arriba a abajo con desesperación

No estaba segura si iban a detenerse, no es un secreto que todos los que trabajan con los militares son unos hijos de su gran madre, pero también es del conocimiento de todos que no suelen resistirse a las mujeres, y creen que todas les pertenecen, ¡Ja! Bonita sorpresa la que se iban a llevar pensó.

El camión desacelero, y cuando estuvo enfrente de ella, uno de los hombres a bordo bajo la ventanilla y la reparó de pies a cabeza.

- ¿Qué hace una señorita sola en estos lados del bosque a esta hora? Preguntó.

El hombre podía tener unos cuarenta años, tenía el cabello salpicado de canas y el rostro enmarcado con unas gruesas cejas negras, que resaltan sus ojos azules, los cuales la estaban mirando, en ese preciso momento de manera lasciva.

- Lo… lo… lo  siento señor, es que hace unas horas he venido a dar un paseo por el bosque y me he perdido – un hipo surgió de sus labios al mismo tiempo que las lágrimas empezaban a resbalar por su rostro- empecé a escuchar ruidos y me asusté, así que corrí y ahora no sé dónde estoy – el llanto se precipitó nuevamente de su garganta a la vez que el cuerpo convulsionaba en pequeñas sacudidas.

Los dos hombres se miraron por un breve momento sin decir nada, luego uno de ellos, el que iba manejando - que era un poco más joven que su compañero y su cabello era de un rubio extremadamente claro, casi blanco que combinado con sus ojos azul cielo lo hacía ver un poco siniestro - se inclinó y le dijo algo a su compañero en el oído que hizo que este sonriera de manera perversa.

- ¿Qué te parece si te acercamos a la ciudad preciosa? Dijo el del cabello cano - ¡Bingo! Esto era justo lo que necesitaba oír

- Muchísimas gracias señor - dijo secándose las lágrimas.

El hombre se apresuró a abrir la puerta del camión para que ella entrara, estos no tenían ni idea de lo que les esperaba.



ShadiSaad.

#256 en Detective
#150 en Novela negra
#1060 en Joven Adulto

En el texto hay: romace, aventura, distopia

Editado: 07.07.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar