Cartas al Destino.

Capítulo Tres | Primera pelea, Primer Problema, Primeras lágrimas.

Capítulo Tres | Primera pelea, Primer Problema, Primeras lágrimas.

Habían trascurrido cinco años desde que Adele llegara a aquella ciudad alejándose de sus recuerdos y el dolor. Cinco años en donde vio crecer a sus hijos, convertirse en adolescentes y empezar a ser independientes de ella. Justo ese día era el cumpleaños número quince de su niño pelirrojo. Ezekiel ya era todo un hombre, en parte esa madurez prematura se debía a ella; se sentía responsable de que muchas veces Ezekiel dejara de ser un niño para actuar como un hombre maduro responsable de dos niñas. Pero su economía no había mejorado lo suficiente como para permitirse niñeras. Carol la ayudaba en demasía; pero ella también tenía una familia y sus propios hijos así que no podría estar pendiente de ellos todo el tiempo.

Adele preparaba unos bocadillos en la cocina para Ezekiel y sus amigos que estaban allí ese día para celebrar con él; cuando Tabitha su hermana se acercó a .ayudarla; ella había viajado solo para festejar el cumpleaños de su sobrino, se quedaría tal vez una semana en casa de Adele.

—Eliza callo rendida hace unos minutos ¿es normal que duerma tanto? — se hacía esa pregunta todo el tiempo. Eliza ya contaba con trece años al igual que Harriet, pero se dormía como un recién nacido...

—Déjala, diste a luz a una marmota. Deberías estar hasta agradecida Harriet no para quieta ni un segundo.

Pero eso no concordaba con lo que tenía frente a sus ojos, Tabitha observaba por la ventana como la susodicha estaba sentada en la acera del frente; algo cabizbaja. — ¿Qué le sucede?

Adele se acercó a la ventana y sonrió con ternura al ver a su pelirroja tan triste, pero ella no tenía remedio para su mal —Esta celosa— Respondió mientras observaba la cara de confusión de su hermana —Ezekiel tiene novia, tiene amigos... está forjando una vida y ella siente que él la está desplazando.

— ¿Y es así?

— ¡Claro que no! Ese niño ve por los ojos de Harriet, incluso le propuso pasar su cumpleaños junto a ella nada más; pero ella sabía lo mucho que él quería celebrar con sus amigos. Entonces solo le dijo de una forma bastante grosera que se quedara con sus amigos y la garrapata de su novia que ella no se iba a morir por eso.

Ambas hermanas se tendieron a reír a costa de Harriet, pero ellas no entendían cuan real era el sufrimiento de la pelirroja.

Sentada en la acera siendo arropada por la fresca brisa que anunciaba la inminente y oscura noche, Harriet jugaba con una pequeña rama seca, trazaba en el suelo con ella siluetas y palabras que solo ella comprendía. Se había descubierto muy celosa y posesiva. Era por eso que el ardor que corroía su estómago no la dejaba en paz; ella siempre estuvo cerca de sus hermanos, a falta de su madre siempre estaban ellos y ahora Ezekiel tenía más personas en su vida y ella no soportaría perderlo de la misma forma que perdió a su padre.

— ¿Puedo sentarme aquí? — Pregunto de forma tímida Charlize, ataviada con un lindo vestido veraniego que no le gustaba mucho pero que era lo que debía usar.

—Ni lo preguntes ven— Harriet ofreció su mano — ¿Dónde está Eliza?

Charlize a penas sonrió —La marmota esta invernando

— ¿tan pronto?

—Resistió todo lo que pude obligarla ¿Por qué estás aquí?

Harriet observo adentro, Ezekiel estaba tan concentrado en sus amigos que ni si quiera reparaba en ellas —No me agradan los amigos de Ezekiel.

—A mí tampoco Harriet, me observan como si yo fuese un payaso— Charlize recordó el momento en el que salió de su habitación y algunos de esos chicos se burlaron de ella sin que Ezekiel lo notara.

El fuego que sentía Harriet en su estómago se propago como pólvora, si había algo más fuerte en ella que los celos, era su deseo de proteger a Charlize del mundo.

Su pequeña hermana era tan tímida y vulnerable que sentía la impetuosa necesidad de hacerle entender a todos que ella estaba ahí para defenderla, que no permitiría nunca que alguien la hiciera sentir mal, solo era una niña... debía ser feliz siempre. Fue por eso que se levantó dispuesta a enfrentar a quien fuera el imbécil que se burló de su hermana — ¿Quién fue Charlie?

Ella también se levantó y la tomo por el brazo —No lo hagas Harriet, no entres... Está bien de verdad ¿Quién no se burlaría de una ballenita?

— ¿Te llamaron ballenita? — Casi grito. Charlize tenía problemas hormonales, estaba engordando mucho y aunque hiciera dieta –cosa que para Harriet era inaudita porque Charlize solo tenía diez años– ella no lograba mantener un peso acorde con su edad.

Charlize bajo su rostro, avergonzada — ¿Es lo que soy no?

Harriet jadeo, había visto la inconformidad de Charlize ante la evidente diferencia física entre ella, su madre, su hermano y ella misma. Mientras ella, Ezekiel y su madre eran altos y pelirrojos, Charlize era baja, gordita y rubia; la viva imagen de Daniel su padre. Sin embargo, jamás la había vislumbrado calificándose a sí misma de una manera tan discriminante. Se estaba acomplejando sobre su físico y nadie parecía notarlo excepto ella.

—No eres ninguna ballena Charlie, eres hermosa... ¿Cómo no puedes verlo en el espejo? Brillas como el sol, tu sonrisa es perfecta ¿Y que si eres gorda? ¿Quién dijo que la belleza se media por el peso de alguien? Porque déjame matar esa frase al decir que no es cierta.

—Niñas es hora de cantar cumpleaños— grito Adele desde adentro, interrumpiendo el mediocre argumento que estaba por soltar Charlize. Quien se quedó en silencio, viendo al suelo arrepentida de haber salido de su habitación.

Harriet tomo a su hermana de la mano y la insto a caminar —en lo que crucemos esa puerta sin miedo alguno señalaras a aquel que te hizo algún tipo de burla Charlie.

—a ti te da miedo pelear.

Harriet resoplo, su hermana no mentía. En ocasiones era una cobarde, pero en vista de que quien siempre la defendía se estaba convirtiendo en un potencial enemigo debía actuar ella sola... —por ti enfrentaría al más inmenso de mis temores, además solo son un grupo de imbéciles, aunque sea un mordisco mío se llevaran.



ZenCarolina

Editado: 04.12.2020

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