Cartas al Destino.

Capítulo Seis | Florencia una invisible muy amable.

La clase de psicología estaba realmente interesante, no es como si un estudiante pudiese decidir qué clase le gusta y que no, pero hay temas dentro de las asignaciones unos más emocionantes que otros.

Pero para Harriet en ese momento estaba siendo imposible prestar atención estaba totalmente distraída. Su mente volaba hacia su hermana. A esta hora debía estar en la consulta con un nutriólogo y ahí estaba ella, sentada en un salón de clases calentando la silla porque por más que se esforzara en atender al profesor no lo lograba.

Su mente divagaba una vez tras otra — ¿estoy en lo correcto Señorita Henderson?— miraba con reproche el profesor a su alumna distraída.
Florencia gesticulaba de forma disimulada hacia Harriet para que diera una respuesta afirmativa hacia el profesor pero Harriet no captaba sus señales por lo que término siendo reprendida delante de todos sus compañeros.
El timbre sonó pero no les permitieron la salida inmediata. Tenían un trabajo pendiente para la siguiente clase que sería al día siguiente y debía realizarse en pareja.

El profesor fue el encargado de nombrar las parejas y dejo por último a Harriet.
—Harriet Henderson tu compañero será Thomas Cocks— Las risas no se hicieron esperar, pero Harriet no entendía el motivo, observo a su alrededor buscando el portador de aquel nombre pero no sabía quién era. Ni si quiera había escuchado una sola vez ese nombre.

Cuando salieron del salón para tener diez minutos de descanso entre clases Florencia se acercó a ella y como otra tantas veces se enganchó en su brazo antes de comenzar a caminar juntas hacia el gran comedor —estabas bastante distraída— comentó lo obvio

Harriet asintió — ¿quién es Thomas Cocks? ¿Porque todos parecen reírse a mi costa por ello? 

—esa es la manera en la que el profesor castiga tu falta de atención. Thomas es un chico que toma clases en línea, que el profesor lo eligiera como tu pareja es una manera de castigarte porque Thomas tiene ciertas desventajas que harán que hagas el trabajo tu sola.

— ¿qué desventajas?

Florencia acaricio su corto cabello y miro a su nueva amiga a los ojos antes de desviar su mirada a otro lugar —no es la gran cosa, es decir, sólo tiene una discapacidad.
—Eso entendí, pero sigo sin saber cuál es— la paciencia no era una cualidad de Harriet.

—Es ciego.

—bueno, eso no me lo esperaba.

—sí, creo que todos hemos tenido que intentar trabajar con él aunque sea una vez— Llegaron al comedor y se sentaron en una de las sillas sin hacer ningún pedido, solo querían estar ahí unos segundos —hablas como si fuese un huraño.
—es un huraño, trabajar con ese chico es lo más difícil del mundo, fuera del hecho de que por obvias razones no puede colaborar mucho es tosco y muy grosero.

— ¿y cómo lo encuentro?

—La cocinera— Florencia señaló con su barbilla a una de las cocineras que en ese momento servía un trozo de pastel a un chico —su nombre es Yvonne, ella es su madre. Debes ponerte de acuerdo con ella para que te lleve a su casa.
—pero si tú ya has ido puedes darme su dirección.

—su madre siempre, siempre conversa con él antes de que un compañero vaya a casa, me parece que intenta persuadirlo para que cambie su actitud pero nunca lo ha logrado.

—Como si no no tuviera problemas en mi vida— dijo Harriet para sí misma.


Los diez minutos pasaron y ellas volvieron a clases, esta vez Florencia se sentó a su lado y le ayudaba a prestar atención. Harriet tomaba nota de la actitud de Florencia, estaba siendo una buena chica y eso se agradecía.
Cuándo todas las clases terminaron, Harriet se dirigió hasta el comedor en busca de la señora Yvonne, le pregunto a la primera mujer que vio explicándole para que la solicitaba y esta le explico dónde estaba.

La encontró en los fregaderos, recogiendo los trozos de un plato de vidrio partido en el suelo mientras observaba como Margeryt la observaba hacerlo.
—Puedes apurarte, no tengo todo el día— exigía zapateando de forma fastidiosa.
Se mantuvo al margen hasta que vio cuando al terminar de recoger el plato Margeryt lanzo otro al suelo ocasionando que este también se hiciera añicos a los pies de Yvonne.

— ¿pero qué te pasa estúpida? — indago Harriet molesta, mientras sin ningún tipo de cuidado se agacho junto a Yvonne y la ayudaba.

—por favor señorita déjelo así y váyase.

—Que se vaya esta rubia come mierda— respondió sin dejar de ayudarla.
— ¿pero miren quien está aquí? ¿Huerfanita afortunada? No, no... Se escucha mejor ¡afortunada huerfanita!

— ¿qué te sucede? — pregunto Harriet una vez terminaron de recoger los escombros y enfrentándose a Margeryt de frente — ¿quién te da el derecho de tratar así a una persona?

—el derecho me lo dio mi madre el día en que me pario siendo superior a todos ustedes.
— ¿superior? — Pregunto la pelirroja con una risa seca — ¿defecas rosas? ¿Orinas agua bendita? Eres solo un pedazo de carne igual a nosotros, no tendrás tu abnegación al morir, no te enviarán al cielo, ni si quiera eres merecedora de ir al infierno.

>>te crees que por tener dinero eres más que los demás. Déjame explotar tu nube, tú no tienes nada, tu padre no tiene nada, tu madre no es nadie. El dinero solo es un papel con números que nunca dejara de existir pero quiénes lo usan si, llegará el día en el que tú y tu podrida familia adinerada se mueran y sabes quién disfrutara el dinero que te hace superior ¡otros! 
—pero mientras eso pasa me encargaré de machacar a cucarachas como tú y que sea la última vez que te diriges a mi familia de esa manera.



ZenCarolina

Editado: 04.12.2020

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