Cartas al Destino.

Capítulo Catorce | Ashley

Harriet llevaba en sus manos un delicioso batido granizado de mora y piña. Sorbía a través del pitillo el líquido semi congelado que atravesaba su garganta y la refrescaba del inclemente calor que hacía por los pasillos del Colegio.

Prefería estar dentro de los salones, todos y cada uno de ellos contaban con aires acondicionados en excelente estado, sus compañeros se quejaban porque el frio dentro de aquellas paredes les hacía doler las coyunturas de los dedos impidiendo que escribieran bien y por lo tanto no rendían lo suficiente. Pero para Harriet ese frio era perfecto. Se sentía como oso polar en el polo norte, libre y en su hábitat.

Pero no podía quedarse encerrada todo el tiempo en ellos, mucho menos teniendo en cuenta que los alumnos no tenían salones fijos, solo los profesores por lo que cada clase era dada en un salón distinto.

Caminaba hacia la cafetería.

Tenía un poco de hambre porque el desayuno ligero que su madre les preparo solo había satisfecho la mitad de su estómago, Florencia seguía de reposo medico por su gripe eterna y por eso estaba sola. Ezekiel tenía horarios distintos a los de ella, lo que significaba que no siempre podría acudir a él cuando estaba fuera de clases.

Se preguntó ¿Dónde estaría Ezekiel? Porque al entrar en la cafetería a los primeros que observó fue sus compañeros, ubicados en la mesa central, la más grande.

Todos en el Colegio querían pertenecer allí.

Poder posar sus elocuentes traseros con los que ahí estaban.

Comer con ellos

Ser parte de ellos.

Los que ahí se sentaban eran: los de último año, los más populares y los que tenían más dinero entre los adinerados de allí.

Pertenecer a ese círculo de estudiantes era el deseo de muchos.

Excepto de Ezekiel.

A él eso de la popularidad, la exclusividad y el perfeccionismo de ese grupo no le gustaban. Tanto él como Harriet pensaban que eso de la distinción y popularidad en las secundarias eran cosas de películas.

Estaba visto que no. En El Colegio contaban con la popular odiada, la nerd amada y que luego era popular odiada, los bad boy, los luxers, los sabelotodo y los divergentes como ellos que tenían un poco de cada cosa pero no pertenecían a ningún lugar.

En su caminata hacia su comida ella observó a Leonardo sumergido en su teléfono, Ewan abrazaba a una chica rubia, Bambi se llamaba, jamás la había tratado porque hasta le daba miedo hablar con las rubias de ese instituto.

Si todas eran como Margeryt de seguro esa también la odiaba.

También estaban Malcolm, Harvey y los Destinados.com; pensó que era una broma de Ewan cuando le dijo que los llamaban así, pero era real. Margeryt había creado una página web para mostrar al mundo su amor y el de Axel.

Observó como él tenía el brazo sobre los hombros de ella, cobijándola en un abrazo que si le buscabas un sentido lógico sería como demostrar a los demás que el la protegía y eso le produjo cierta envidia.

Ella quería ese lugar. Pero no lo tenía y tampoco se iba a arrastrar por él.

Para llegar a donde podría pedir su comida debía pasar desde cualquier ángulo por el trono del poder.

Seguía sorbiendo de su batido en cuanto Leo la noto y con un poco de incomodidad la saludo con la mano. Aun con el pitillo en la boca ella no pudo evitar empezar a reírse, pasaban los días desde que había encontrado a Leo en el baño y le era inevitable no burlarse porque de solo verla él se sonrojaba.

— ¡Amor de mi vida! — Grito Ewan haciendo que todos los presentes voltearan a verla, Harriet le dio un escueto saludo con su mano y siguió de largo pero no por mucho porque segundos después tenía el brazo del enredado en su cuello —no me gusta la infidelidad y creo que me estas engañando.

— ¿porque crees eso? — pregunto Harriet abrazándolo por la cintura. Él se había ganado su confianza.

—tu cabello.

— ¿qué pasa con mi cabello? — sonrió de forma secreta, ella sabía lo que pasaba con su cabello y le gustaba.

—esta como si unas manos se hubiesen agarrado muy fuerte a él y no me gusta, si vas a engañarme por favor no seas tan obvia que me duele.

— ¿qué tan fuerte crees que se agarraron?

—Tan fuerte como para poner los ojos en blancos y pedir más— Harriet rio fuertemente empujándolo lejos de ella.

—Asqueroso promiscuo— lo acuso llegando hasta la barra y pidiendo un sustancioso desayuno.

Ewan la acompañó mientras esperaban la comida y después se ofreció a llevar su bandeja hasta donde se fuese a sentar —siéntate con nosotros— sugirió sin permiso a negarse porque el solo se dirigió hasta donde estuvo sentado anteriormente junto a Bambi, le dio un empujón a la rubia —apártate que se va a sentar el amor de mi vida.

— ¿quién podría quererte? — bufo Bambi, palmeando a su lado para que Harriet se sentara, la conocía, era la chica que hacía que Margeryt rabiara hasta el desmayo.

Harriet observo a los demás sentados en la mesa, recibió el saludo de los compañeros del equipo de futbol y fue presa de la intensa y misteriosa mirada de Axel.



ZenCarolina

Editado: 04.12.2020

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