Cartas al Destino.

Capítulo Dieciocho | El veneno haciendo de las suyas.

La familia Hawkins se regía por un estereotipo usual de la clase alta. La perfecta imagen digna de póster para navidad. En el exterior madre, padre e hija siempre unidos, felices y radiantes. En el interior solo quedaba un trío de desconocidos que apenas podían soportarse entre ellos.

Como lo fue el caso del Señor Hawkins, quién al no poder soportar más el insufrible comportamiento de su hija se marchó mucho antes de casa sin si quiera probar desayuno.

Para la señora Hawkins no fue igual de bueno. Ella no podía solo irse y dejar a Margeryt para poder descansar de su intensa petición. O mejor dicho. Exigencia. La razón era tan visible como fastidiosa, ella junto a su hija iban al mismo lugar. Trato de muchas maneras de desconectarse de lo que su hija le hablaba, encendió el estéreo dentro de su auto esperando escuchar algo más que el chirriante sonido que Margeryt expulsaba por su boca pero la música ni si quiera pudo empezar a reproducirse.

Con un golpe seco su hija hizo que aquel aparato se apagará — ¡Te estoy hablando!— rugió la pequeña rubia enfurecida —tienes que hacer algo.

—No veo porqué— fue la respuesta de la mujer mientras conducía.

—ella debe estar fuera, me está robando lo que es mío.

—no logro comprender que podría haber en El colegio tan valioso que temas perder.

Margeryt grito encolerizada —de la nada llega y soy muy feliz porque todos la odian igual que yo, pero con el paso de los días ella ha ido ganándose a todos, al parecer es tan genial que todos la quieren y está haciéndome quedar como la mala.

— ¿Y no lo eres? Llevas días pidiéndome que la expulse sin motivo, es una excelente estudiante Margeryt, su comportamiento no es intachable pero dista mucho de merecer un castigo tan severo. Además de qué...

—de que es la hijastra del gobernador y no puedes darte el lujo de quedar mal ante sus ojos.

—su carrera política va en ascenso, fue un buen alcalde, está siendo un excelente gobernador y estoy muy segura de que planea seguir subiendo, no planeo estar entre sus posibles enemigos. No cuándo su apoyo me beneficiaría de muchas maneras y aun cuándo su hija fuese una poseída por el mismo Satanás y queme El colegio con sus manos yo no haré nada en contra de ninguno de los hermanos Henderson, así que desiste.

El odio y el rencor fueron dardos disparados desde los ojos de Margeryt hasta su madre —lo hiciste con la mamá de Catlyn, la despediste porque te lo pedí.

—Ella no era nadie, una pieza removible— se encogió de hombros la mujer al volante y nada más.

—también está dispuesta a hacerlo por Yvonne.

—ella tampoco es nadie, al igual que sus hijos y deberías ya darte cuenta. Podría despedir a Yvonne sólo para no tener que escucharte, pero sabes bien que tú y ese chico no pasaran juntos de la secundaria, no lo permitiré, él no es nadie y tú solo vas a estar con más que eso; y en cuyo caso y existiese la remota e inverosímil versión de ese chico siendo un mejor prospecto, su relación no tendría ningún futuro ¿Lo obligas a ser tu novio? ¿Qué clase de futuro visualizas?

—probablemente la misma versión ilusa de tu y papá siendo felices supongo.

—al menos yo nunca amenace a tu padre para que estuviese conmigo.

—yo no lo amenacé para estar conmigo. Le gusto.

—está bien, me corrijo, no lo amenazaste para estar contigo, lo hiciste para que se quedara. Sí, puedes gustarle, eres hermosa, pero la impresión se opaca después de unos días de conexión. Eres toxica y cuándo menos te lo esperes él encontrará el antídoto a tu veneno y yo no pienso desperdiciar mi tiempo arruinando la vida de nadie, sólo porqué tu no quieres entenderlo.

Le dolió, a Margeryt eso le dolió, pero se lo trago como muchas otras cosas se tragaba a diario. Si su madre no la iba a ayudar ella conseguiría la manera de destruir a Harriet Henderson, esa estúpida pelirroja, como ella le llamaba amenazaba con quitarle todo lo que se merecía. Lo que en un principio fue un odio colectivo en señal de apoyo para ella, se estaba difuminando ante sus ojos, Margeryt amaba más que a nada ser el centro de todo, ser de quién las chicas tuviesen envidia, ser el sueño prohibido de los profesores, la inaccesible de sus compañeros, la más rica, la que daba mejores fiestas y no, no iba a tolerar bajo ninguna circunstancia que una intrusa llegara y le quitará todo lo que era de ella.

Harriet Henderson estaría fuera de su vida y de la de su novio en un abrir y cerrar de ojos.

Cuando llegaron a El Colegio, salió del auto de su madre como una tromba azotando la puerta con todas sus fuerzas, caminó enfurecida, empujando a cualquier idiota que se atravesara en su camino hasta que dio con la persona que estaba buscando.

Lo encontró, como siempre sentado al final del pasillo, inmerso en su laptop. Se paró a su lado y cuándo sus ojos conectaron sonrió segura de lo que iba a hacer —tienes que hacer algo. Y tiene que ser rápido.

El chico la miró — ¿Por qué?

—porque yo lo digo.

Encogiéndose de hombros el chico volvió su vista a la pantalla de su dispositivo y empezó a teclear nuevamente.

>>Te voy a arruinar si no me prestas atención.



ZenCarolina

Editado: 04.12.2020

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