Casada a mi corta edad ©

Capítulo 6.

Melanie.

A veces decimos que la vida no es justa, pero ¿qué podemos decidir o hacer nosotros? Nuestro destino está escrito desde que antes de que naciéramos. Dios no nos da carga que no podamos soportar. Es cierto, hay momentos en el que sufrimos, lloramos, pataleamos y queremos armar una guerra con el mundo, momentos en el que no medimos cómo les hablamos a las personas y es algo que debemos tener pendiente pues nadie excepto quien te mete en problemas tiene la culpa. Hay otros momentos en el que eres feliz, ríes, bailas, cantas, en ese momento todos suelen acompañarte y estar a tú lado, pero en los momentos de crisis todos desaparecen.

Y en este momento me siento triste y sola. Mi padre tomó una decisión, que lo hace culpable de mi estado de humor y de mi tristeza, pero también como dije en momentos de risas todo te acompaña y sé que si mi padre no hubiese firmado ese acuerdo con Cameron, hoy no tuviéramos a todas las bolas de hipócritas que nos rodean. Pero eso no lo justifica, aunque si hubiera perdido la empresa, ahí hubiéramos conocidos a los verdaderos amigos.

Esa decisión es que me tiene aquí, saliendo por las puertas de la casa donde nací, donde crecí, donde he tenido los momentos más felices de mi vida, así como lo más tristes, saliendo para irme con mi esposo, una persona que no conozco, una persona que no amo, una persona de la cual no sé nada, no se sus gustos, tampoco sé que me hará, si me golpeara, me tratara bien, mal, con respecto o si realmente me amará. Pero la pregunta del millón es, ¿si yo lo llegaré a amar algún día? y esa ni yo se la respuesta.

Salgo de mis pensamientos cuando escucho el baúl del Audi negro que está parado frente a mí, cerrar. Volteo mi rostro lleno de lágrimas hacia la casa que me vio crecer, la recorro con la mirada y luego veo a mi padre, me duele el pecho por contener los sollozos, tal vez las lágrimas corran por mis mejillas pero son de rabia y no les pienso demostrar que soy tan débil como para derrumbarme, amo a mi padre pero me ha lastimado mucho. Mi nana ella está llorando y me parte el alma pero me volteo y me dispongo a subirme al auto de Cameron Danielson, mi esposo, se que a partir de aquí me espera una vida fuerte diferente en la mayoría de los sentidos de la que estoy acostumbrada.

La puerta de atrás me espera abierta por el que supongo es el chofer y al otro lado está, él, mi marido. Subo al auto sin mirar atrás y ni siquiera miro a Cameron, al subir me acomodo pegada de la ventanilla del auto y a los pocos segundo siento su presencia muy cerca de mí, tanto que su perfume se cuela por mis fosas nasales y me encanta, me odio por eso. Me retiro y me acerco más a la ventanilla.

—Mel, pequeña, ¿Por qué huyes de mí? Soy tu esposo —su voz suena calmada

—Solo no te me acerques y no me toques —mi voz sale dura, seca.

—No creo que eso sea posible. Eres mi mujer y por lo tanto me voy acercar y te voy a tocar en lugares que ni te imaginas —su voz es más seca que la mía haciendo que los vellos de mi nuca se erizaran, pero no se lo demuestro, pero cuando me volteo a ver, sus ojos me dan miedo, cualquier persona en mi lugar sentiría lo mismo que yo. Cameron Danielson da miedo. Yo solo retiro mi mirada y me dispongo a mirar por la ventana y silenciosas lágrimas salen de mis ojos, mientras nos dirigimos al aeropuerto, solo me dedico a mirar el paisaje que pasa tan rápido delante de mis ojos, las mansiones, los edificios, centros comerciales, boutique y demás, dejando atrás a Miami.

***

Al llegar al aeropuerto no hicimos ni papeleo ni chequeo, nos dirigimos directamente al área de vuelos privados, seré idiota, el magnate de new york y de seguro unos de los hombres más ricos de todo el mundo no viajaría en vuelo comercial.

Cuando nos vamos acercando a la pista, puedo divisar un jet privado negro con grandes letras en dorado que dice DANIELSON. Me concentro tanto en las letras que no me doy cuenta que Cameron está a mi lado solo cuando toma mi mano. Su mano me brindaba confort, un calor delicioso, pero recuerdo porque estoy aquí con él y trato de zafarme de su agarre pero no puedo, un gorila de 1'91 con unos músculos de boxeador, en comparación con una chica de 1'60 metro que le doblega el peso es una lucha perdida, lo único que logro es que apriete su agarre.

Llegamos y subimos despacio las escalerillas del jet, hay una azafata rubia de ojos verdes bosques que no deja de mirar a Cameron con descaro, en cierta forma ni me importa, pero también me molesta, no respetaba mi presencia. Lo que me conforta en cierta forma es que Cameron no le presta atención.

El ambiente está en una tensión palpable, pero ¿cómo no? somos dos desconocidos, aunque él me haya investigado no es lo mismo, seguimos siendo desconocido.

El jet es muy bonito, blanco hueso, con los pocos asientos de cuero negros, un mueble en forma de L grande en las ventanillas derecha, una mesa de cuatro sillas de cristal y los soportes de acero inoxidable, los bordes de las sillas son de oro y los del comedor, a mi mano izquierda solo hay asientos unos enfrente de otros, un pasillo ubicado a la izquierda conduce a una puerta lo que parece ser un baño y justo en el mismo lado otra puerta, parece ser la habitación.

—Pequeña—esa voz está justo en mi nuca, su aliento hace que los vellos se me ericen —. Ese es el baño —justo donde lo suponía —. Y esa es la habitación —sólo asiento, pero suelto un gemido inconscientemente cuando siento que pasa su lengua en mi cuello luego sopla y después sus labios chocan con la piel de mi nuca.



Mariana Familia

#17584 en Novela romántica

En el texto hay: amor, melanie, cameron

Editado: 28.10.2019

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