Casada a mi corta edad ©

Capítulo 19.

Al salir de la suite el magnate camina directamente a las puertas de los ascensores y de manera desesperada toca una y otra vez el botón de abrir de los dos condenados aparatos metálico.

 

Sus dos guardaespaldas se miraron entre si, al ver que su jefe salió más atormentado de lo que entró. Como buenos empleados deciden no comentar nada sobre el asunto y disponerse a cuidar a su jefe. Así es como al ver que las puertas metálicas de uno de los ascensores se abre para darles paso, se apresuran a adentrarse en éste junto a su jefe que parece querer explotar y descarga su frustración y furia en los botones del ascensor.

 

Al llegar a la planta de abajo rápidamente salen por las impecables puertas de cristal que conducen a la salida del caro hotel. Él chico que acompaña a Jack se apresura abrir la puerta a su jefe para que éste entre y el tomar asiento del lado del copiloto y Jack como conductor. Enciende el vehículo y empieza a manejar por las calles de new york con una camioneta llena de guardaespaldas atrás de ellos.

 

***

 

En la mansión Danielson, una muy preocupada Melanie, no deja de dar vueltas en torno al comer, el cual se encuentra organizado desde ya hace una hora para que ella y su marido pudieran degustar de una exquisita cena. Pero él no llega.

 

Sus dedos están de color rojos de tanto retorcerlos. Varias veces estuvo a punto de llamarle, pero retrocedía, no quiere verse como muchas esposas, que llaman y llaman al marido hasta casarlo, pero pasó una media hora y ya la preocupó lo llamó varias veces pero no contestó, no decidió llamar a Jack pues ya sería demasiado, y en ese entonces hace unos minutos a trata hasta ahora trata ella de pensar que solo se le ha complicado algo en la empresa y que por eso está tardando tanto.

 

Unos 15 minutos después escucha la cerradura de la puerta principal y como si su vida dependiera de eso corre a ella y por ella entra un frío Cameron él cual no dosifica su mirada ni aún viéndola frente a él como siempre lo hace cada vez que regresa de la empresa y entra por esa puerta.

 

La angustia crece en Melanie un nudo para nada placentero se le forma en la boca del estomago y un mal sabor se presenta en su boca, todo se está volviendo un caos.

 

Llenándose Melanie de valor, temblorosa se acerca a él.

 

—Bienvenido, amor —traga saliva y espera a que él note su presencia para continuar —. Me tenías preocupada —dice muy bajito, pues está tanteando el terreno, no quiere que ambos se peleen por un simple comentario y conociendo ya él temperamento de Cameron es mejor así.

 

Los ojos de él magnate se posan en la pequeña figura de su mujer, pero ni viéndola su mira cambia.

 

Él, con pasos seguros y el mismo semblante se acerca a ella y tomando su barbilla hace que levante la cabeza, quedando de esa manera ella mirándolo fijamente.

 

Mirándola a un a los ojos acerca sus labios a los de Melanie y deposita un beso, que para los ojos de muchos es casto, pero para Melanie ese gesto le provoca ganas de llorar de tristeza, ese beso lo siente tan frío, no es un beso cargado de amor, deseo, no es un beso de un esposo que haya extrañado el día completo a su esposa.

 

—Tenía cosas que hacer en la empresa —argumenta mintiendo, sobre el breve reclamo de Melanie al decirle que llegó tarde.

 

—Está bien, pero por lo menos la próxima vez avísame, por favor.

 

—Como digas.

 

Que repuesta más fría. Los ojos de la joven mujer se llenan de aquella agua salada y se obliga a retenerla.

 

Su respuesta no la convence, pero no quiere pelear, mejor se muerde la lengua, pero su instinto le dice que hay algo muy grande detrás de aquel temperamento.

 

—Este...vamos a cenar, ayude a Cristine a preparar la cena...aunque debe de estar un poco fría ya —aprieta las manos para poder calmar un poco el temblor en ellas.

 

—No quiero cenar, no tengo hambre —con esas seis palabras, que para muchos son simples, se dirige a las escaleras y sube éstas sin mirar atrás por lo tanto no se da cuenta de que una lágrima solitaria se derrama por la mejilla de su mujer.

 

Sin ganas de nada, sin apetito, se dirige a la cocina, donde Cristine ya está reunida con el personal para servir la cena.

 

Todos al ver que la esposa de Cameron llega a la cocina se apresuran a tratar de levantarse para recibir a la señora pero todos también ven el apagado de los ojos de ésta.

 

—No por favor quédense sentados —dice al ver que todos pretendía levantarse —Cristine.

 

—Diga, señora.

 

—Ven por favor.

 

Las dos mujeres se colocan un tanto lejos de los demás para poder conversar.

 

— ¿Qué pasa querida? Te veo triste.

 

—Ahora no deseo hablar de eso —respira —. Por favor retira la cena del comedor y júntala con la otra cena, puede que hayan, algunos de los chicos que quiera repetir y si no es así, dale a alguien que sepa donde hayan personas que las necesiten.



Mariana Familia

#3345 en Novela romántica

En el texto hay: amor, melanie, cameron

Editado: 28.10.2019

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