Casada a mi corta edad ©

Capítulo 20.

Pasaron horas y horas y Melanie continua en la misma posición, hasta que por la ventana de cristal del baño, se puede apreciar a través de ésta, que los primeros rayos del sol empiezan a salir anunciando un nuevo día.

 

Con él cuerpo agotado y sin fuerzas por haber llorado tanto y por no dormir nada, obliga a sus pies a moverse y al ponerse de pie un fuerte dolor en todos los músculos y huesos de su cuerpo le atraviesa, haciendo que de su boca sarga un gemido lastimero.

 

Por unos cuantos minutos permanece de pie sin moverse, para intentar apaciguar un poco el dolor. Ya encontrando ella su cuerpo mucho mejor, procede a caminar y sin prisa se deshace de sus prendas de dormir e ingresa a la ducha, donde abre el agua caliente dejando que esta relaje un poco su cuerpo que poco a poco va perdiendo el entumecimiento, pero el agua no alivia el dolor y el entumecimiento en su corazón.

 

Aplica shampoo en su cabello y lo lava, limpia su cuerpo perfectamente y cuando ya considera que su cuerpo está bien limpio, pues sale de la ducha y envuelve una toalla en su cabello y otra alrededor de su cuerpo.

 

Sale de la habitación del baño y se encuentra con un Cameron que no luce mejor que ella.

 

La tensión se puede cortar con un cuchillo, ninguno de los dos se mira a los ojos y tampoco mencionan palabra alguna, pero si siente uno a otro la presencia de cada cual.

 

Pasando ambos al lado del otro, uno se dirige al baño y la otra se dirige al closet.

 

Melanie, opta por ponerse algo sencillo, piensa que un pantalón de algodón color gris claro, una franela, un suéter de mangas largas rojo y unas conversé negras con blanco es suficiente más su conjunto de ropa interior.

 

Al Cameron adentrarse al baño, se dirige a sacar sus productos de limpieza personal y a tomar una toalla y acomodarla cerca de la ducha para cuando salga, se da la vuelta y es cuando cae en cuenta en algo.

 

La ropa.

 

Recuerda cuando de manera rápida e imprevista Allison se le lanzó encima, ese movimiento hizo que su ropa estuviera en contacto con su traje, cosa que da como resultado que el perfume de ella se quedara impregnado en su ropa.

 

¡Demonios!

 

Se apresura a tomar las dos piezas que se encuentran en el frío piso del baño, ropa que Melanie olvidó poner en su lugar al levantarse del piso.

 

Con ambas prendas en las manos, sale como un rayo de la habitación, encuentra a Melanie vestida y secándose el cabello con una toalla. La cual deja a un lado al sentir la presencia de Cameron. Ni siquiera le mira de reojo.

 

Sin importarle en lo más mínimo que él se encuentre de pie observándola, pasa por su lado, y él se queda igual, sin saber cómo explicar el porqué su ropa tiene impregnada perfume de mujer, mujer que no es ella y tampoco con las agallas de decirle realmente porque estuvo en aquel hotel, porque visitó Allison.

 

Melanie toma una pequeña cartera tejida y adentra su celular y dinero, es lo que necesita.

 

—Mel... —se aclara la garganta —, tenemos que hablar, no es lo que estás pensando.

 

Al tenerla frente a él, se da cuenta del daño que le ha causado su actitud y acciones, sus preciosos ojos azules, el océano para él, lucen tristes, apagados, no cargan esa luz que tanto lo cautiva, debajo de estos unas grandes sombras negras, el color rojo se hace notar en todo el contorno de sus palpados, símbolo esto de que no durmió y se la pasó llorando, lo que lo hace sentir peor, una basura, una completa mierda.

 

Ella lo mira sin poder creer que ahora es que se digna hablar, después que ella tuvo que enterarse de lo que realmente estaba haciendo el día anterior, porque le enviaran un mensaje, mensaje que sabe de dónde proviene, de su mentira.

 

—Ahora, soy Mel, cuando anoche era Walker —una sarcástica sonrisa brota de sus labios —. Como todo cobarde me vienes a decir que no es lo que pienso, ja, es lo típico que suelen decir los hombres cuando miente —se le acerca hasta quedar de cara contra el pecho de él —. Pues te informo que esas palabras no van conmigo, jodido mentiroso.

 

— ¡¿Cómo demonios sabes que estoy mintiendo si no me escuchas?!

 

—Ese es el problema, que no entiendes que ni quiero escucharte, ¡Que no me interesa escucharte! Y a mí no me grites, ¡Que si alguien tiene derecho a gritar soy yo!

 

— ¡¿Y por qué la señora cree que es la única que puede gritar?!

 

— ¡Porque yo no soy la que miento, idiota! —las gotas de agua salada se forman nuevamente en los ojos de ella —. Porque yo no soy la que descarga mi rabia y frustración con mi esposo, porque yo no soy la que está mintiendo, porque yo soy a la que la hacen sentir que no tiene palabra en cuanto a éste matrimonio... —las lágrimas ya corren nuevamente por su mejilla.

 

Esas palabras hacen sentir a Cameron como una mierda.

 

—Ven acá, amor —trata de abrazarla, pero ella renuente se aleja de él, poniendo distancia de por medio.



Mariana Familia

#3318 en Novela romántica

En el texto hay: amor, melanie, cameron

Editado: 28.10.2019

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