Casada a mi corta edad ©

Capítulo 32.

Luego de unas horas las cuales parecieron interminables el avión aterriza, cada vez que ese avión avanzaba una parte de su corazón se destruía, apenas y logró comer algo en todo el viaje, no lo hizo por ella, lo hizo por su bebé, él no tiene la culpa de nada de lo que está pasando, todo el vuelo fue más que silencioso, unas que otras lágrimas y agradece a Dios que una señora como Damaris haya estado ahí a su lado para tratar de apaciguar su dolor, de vez en vez tocaba y acariciaba su vientre, cosa que hizo saber a la muy amable señora Damaris de la existencia de su bebé la cual se puso muy feliz al saberlo y sin saber los motivos de la tristeza de Melanie, le dijo palabras alentadoras.

 

Al momento de aterrizar se sostiene bien de los antebrazos del asiento, cierra los ojos y se permite suspirar, su nueva vida empieza hoy, ya por ahí tiene que ser las 6:00 pm de la tarde, el sol no se nota tanto como en new york y aún le quedan unas horas más de viaje, algunas 3 por lo que llegará a su destino a las 9 y algo más seguramente de la noche.

 

La belleza de Londres es increíble las calles, esa cuidad tiene tantas historia, el sol se ve a través de la ventanilla del avión, pintando el cielo de anaranjado y eso que el sol no está en todo su esplendor.

 

Ya fuera del avión se encuentra en la sala de aterrizaje y se dirige a algún cajero para cambiar unos dólares por libras.

 

— ¡Hey! Mel —Damaris le llama y ante su llamado ella voltea a ver.

 

—Dígame señora Damaris.

 

—Nada de señora —le sonríe —. ¿A dónde te diriges?

 

—A...a London —antes de responderle pensó en la posibilidad de que ella la reconociese de algún lugar, pero que tonta si durante todo el vuelo no le había dicho nada, imagina ahora, boba.

 

— ¡Oh, pero que maravilla! —Exclama emocionada Damaris —. Yo soy de London, vivo allá, tengo un negocio, no tengo hijos Dios no me lo permitió, pero si he criado uno como si lo fuese.

 

—Lo siento —se refiere a lo de su infertilidad, lleva su mano a su vientre y lo acaricia con una sonrisa formada en sus labios —. Dios sabe lo que hace, a unos no le da la dicha, a otros si y no saben aprovecharla y amar a ese ser tan divino, pequeño y adorable y sobre todo que sale de nuestro cuerpo es parte nuestro, mitad nuestro y nos las da a otros, los amamos desde el primer instante en el que lo sabemos pero por cosas que solo Dios sabe no podemos disfrutarla completamente, mí bebé crecerá sin su padre, no hay felicidad completa —solloza y Damaris de acerca para consolarla.

 

—Ya querida —le levanta el rostro —, no sé por lo que estés pasando, pero se nota que eres una buena muchacha además de joven, no te veo con equipaje —dice observando a los lados —, y se te hará difícil encontrar donde dormir, comer algo saludable y una ducha caliente como facilitarte algo de ropa, tengo una casa no tan grande, ni tan pequeña, pero si con suficiente habitaciones, te puedes quedar allá, sin preocuparte por pago de alquiler, bueno si tú quieres.

 

Desconfiada Melanie se torna pensativa, no la conoce, nunca la había visto en su vida hasta hace apenas unas doce horas, pero en ese poco tiempo a demostrado ser una buena persona, cualquier persona en su lugar ni siquiera la hubiese mirado mucho menos prestado atención a su llanto sin saber el motivo alentarla sin conocerla y sin saber si es alguna delincuente que huye y es lo que cualquier persona pensaría, no tiene nada con ella con tan solo lo que tiene puesto. Hay más cualidades buenas que las opciones sobre las desconfianzas.

 

—Está bien —termina aceptando —, solo cambio unos dólares por libras y listo, muchas gracias por todo.

 

—No tienes porque, anda, detrás de ti hay un cajero, yo iré mientras tanto a comprar algo para comer, tú y tú bebé necesitan alimentarse —al ver el intento de protesta de Melanie la interrumpe rápidamente —, nada de nada jovencita, piensa en tú bebé.

 

Con esas simples palabras la desarma, su bebé es su debilidad y eso es lo que la mantiene en pie luchando, esa criatura merece lo mejor y ella como su madre hará todo porque así sea.

 

***

 

Después de que Melanie hiciera el cambio y Damaris comprara unos panecillos de maíz con un chocolate con leche, ambas caminan hasta la parte delantera del aeropuerto, la vista de Damaris busca a alguien y sus ojos parecen encontrarlo pues su boca forma una sincera y agradable sonrisa.

 

Un joven guapo del otro lado, recostado sobre el capo de una doble cabina, al ver éste a la mujer que lo ha criado toda la vida como su hijo y a la cual llama madre, sonríe ampliamente y su mirada destila confianza, se apresura a ayudar a su madre con el equipaje y llegando a ella la envuelve en sus fuertes y calurosos brazos.

 

— ¡Madre, te he extrañado! —dice emocionado.

 

—Y yo a ti —separa sus cuerpos y deposita un beso en la frente de él —. Hijo, déjame presentarte —gira su cuerpo a la izquierda que es el lado donde se encuentra Melanie —, ella es Mel Swant, una amiga, Mel él es Asthon mi hijo.



Mariana Familia

#17630 en Novela romántica

En el texto hay: amor, melanie, cameron

Editado: 28.10.2019

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