Catálisis

Catalizador #212: 'El Quinto Verso'

Mientras escribo un par de versos surrealistas me acomodo en mi escritorio y mi brazo descuidado deja caer un lápiz al suelo, me acerco a él, pero mi mano cambia, se vuelve femenina, la alfombra de mi cuarto se vuelve un suelo de asfalto húmedo, y mi lápiz se convierte en recuerdos, cuando veo que lo que recojo es un frasco de pastillas médicas. Me espanto, me alejo y vuelvo a botar mi lápiz, el cual cae sin emitir sonido alguno en la alfombra de mi cuarto. Miro a mi alrededor, como si esperar encontrar algo, pero mis paredes hacen presencia y me afirman lo que yo presumía, sigo en mi cuarto.

Me aventuro a volver a recoger mi lápiz, pero me detengo a medio camino, la duda irracional tensa los músculos de mi brazo, pero mi impulso natural gana y ya tengo mi lápiz en mi mano, y el universo continúa su curso, me preparo para continuar escribiendo, pero el recuerdo del paisaje urbano bloquea mis inspiraciones y nubla mi creatividad. como reflejo banal y cotidiano. acerco mi lápiz a mi boca como si este acto inconsciente ayudara en algo. y se me ocurre algo.

Escribo el quinto verso y remarco su punto final, mi cuerpo asocia y actúa y vuelve a colocar el lápiz en mi boca, pero los segundos se vuelven minutos cuando la escena cambia y ahora son pastillas, muchas pastillas, las que colocó en mi boca. El lápiz vuela por el aire después de que lo lanzo y me alejó del escritorio. Mis sentidos se alteran y se preparan para el ataque, miro a mi alrededor y solo veo las cuatro paredes de mi pieza, y aun así mi corazón no para de vibrar, mientras que mi mente divaga entre todas las posibilidades de lo que es posible. Y es entonces donde escucho el peor de los sonidos, me llama y me quiere a su lado, pero sufre por no lograrlo, y al mismo tiempo lo comprende. Caigo rendido sobre mi escritorio, caigo rendido sobre los versos, no entiendo que pasa, ni cómo pasa, pero justo cuando intento pensarlo, mi cerebro se enciende como árbol de navidad, cuando vuelve a escuchar el grito de lamento que lo hizo caer.

"Tacto y Contacto Canalizan el Acto"

Resuena en el aire, la cual escucho sin jamás haberla oído, percibo su agonía en su hablar, pero eso solo acentúa mis deseos de querer dejarlo todo para ir en su auxilio. Mi instinto envía señales eléctricas a mis piernas para que corran hacia lo desconocido esperando encontrar aquello que está escrito en mi destino, pero mi conciencia se expande y me señala que debo quedarme en donde estoy.

Esperando y soportando el momento, miro de casualidad mis versos, y me doy cuenta de que aquella frase resonante, es mi primer verso, y ya no puedo recordar ni entender si lo escribí o lo vociferé, antes o después. pero esa discusión queda en segundo plano cuando veo el segundo párrafo y lo leo con la voz agonizante que ya leyó el primero.

Los versos deben acabar para que ella pueda escapar

Entiendo mis palabras, pero no entiendo su significado, pienso y luego existo, existo luego pienso, y mi cuerpo se vuelve a estremecer y una lágrima de dolor con sabor a azufre se desliza por mi mejilla, avanza hasta mis labios y cae en el último vocablo del quinto verso, y como humano ignorante y torpe limpio de forma bruta y poco astuta la lágrima del cuaderno, y difumino la última palabra con punto incluido. El pánico se apodera de mí y como si comprendiera algo que no cabe en mi mente entiendo que no hay vuelta atrás, la palabra murió, fue olvidada y borrada de mi lóbulo temporal. Envuelto en terror y sin escapatoria me limito a leer el tercer párrafo.

"Aunque el mar borre las huellas el viajero recuerda cómo hacerlas"

Por fin entiendo lo que se dice, e intentó recordar la palabra perdida, busco en la biblioteca mental, cuáles son las palabras de cuatro letras que riman con 'relativo' pero me doy cuenta de que descartar no es recordar y me desanimo por no lograr el objetivo y aumenta cuando pierdo todas las ganas de siquiera intentarlo. cuando otro de los gritos sollozos vuelve a estremecer mis huesos, no puedo más exclamo agotado, pero mi mente no me pertenece o al menos no en su totalidad y me limito a continuar con el cuarto verso, sufro una agonía similar a la de la voz que procede a leer. Pero en mi debilidad deseo la muerte.

Uno más, del alfa al omega y el dolor y la pena se hereda

Comprendo a medias, pero ya no tengo tiempo para pensarlo. mi cuerpo comienza a ceder al dolor y me dispongo a terminar de leer antes de que mis brazos ya no me soportan y caiga al suelo alfombrado.

"El universo..."

No puede leer, ni ver, ni mucho menos entender cuando mi cuerpo cae, no aguanta y se desploma al inevitable suelo, herido y dañado por un destino incompleto, me pierdo en la culpa y me enrosco en posición fetal, preparándome para afrontar los continuos gritos de agonía que comienzan a transportarme a ese frío rincón de concreto. pido perdón a voz alzada pero culposa, a ese 'algo' desconocido esperando misericordia, pero solo logro sentir un último aliento en respuesta. minutos antes pensé que aquel grito era el peor de los sonidos, pero equivocadas son las primeras impresiones y aquella última exhalación me demuestra que lo malo siempre puede ser peor, porque después de oírlo todo, solo logró percibir el silencio absoluto de mi habitación y la soledad inmensa que se apodera de mi espina dorsal, que devuelve un espasmo que me acomoda en la alfombra de mi cuarto, solo para ver la punta quebrada de mi lápiz grafito preparado para darme un gran punto final.



FAIRO

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En el texto hay: universos, urbano, irreal

Editado: 09.10.2019

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