Cazador ©

Capitulo 6

Alec

Todo sucedió tan rápido, como los guardias me sacaron del calabozo y me llevaron hasta lo que parecía ser un plaza en medio del castillo, me encadenaron a un poste de madera y fue ahí donde recordé lo qué dijo.

“Diez latigazos" - eso fue lo que recibí o esos creo, ya que en el quinto me desvanecí, perdí el conocimiento.

—Maldita — mascullo, me remuevo incómodo por el ardor en mí espalda, la arena sé introduce en mis heridas abiertas.

Mis músculos sé encuentran tensos, no quiero moverme porque sí lo hiciese el dolor se intensifica. Suelto un sonoro gemido de dolor al tan sólo moverme un poco, mi cuerpo pasa de helado a sentir calor, el esfuerzo por mantenerme quieto me está cansando.

—¡Ahhh! — grito al dejar caer de lado mí cuerpo, esos malditos me tiraron como un trapo inservible en la celda y creo que tengo una costilla rota.

El dolor es reemplazado por el miedo al escuchar como la pesada puerta de madera es abierta lentamente, mi corazón se acelera al pensar qué la reina viene a terminar con lo que comenzó, pero a la vez quiero que sea Amy quién entre y así ayudarme.

–Hola Alf — una mujer de la tercera edad es la que entra con unas cosas en sus manos, frunzo el ceño porque ha dejado de hablar, como sí lo qué iba a decir fuese malo —Ho-hola Alec —dice al entrar y acercarse a mí moribundo cuerpo herido y ensangrentado.

—Co-como sabe mí nombre — digo con dificultad, siento el sabor metálico en subir en mí garganta - do-dónde está Amy.

— Shhh — me calla —Sólo debes saber qué alguien me pidió que viniera a ayudarte — yo sólo asiento, sé qué fue Amy, pienso —Quédate quieto, sí.

Ella no tarda mucho en poner en mis heridas hojas, qué con sólo percibir su aroma sé qué son medicinales, mamá también las utilizaba.

—Le pediré qué te cambien de lugar — anuncia la señora —No funcionará sí sigues en este lugar.

—Escapare — susurro, pero me maldigo internamente, lo dije un poco más fuerte de lo que quise.

—En especial para ti Alec — su voz es de preocupación —Me temo qué será muy difícil, Leya ya te — sé detiene otra vez, Leya ése nombre lo he escuchado antes, viene a mí el recuerdo de la pelirroja pero también recuerdo qué Amy dijo que se llamaba Deyanira.

Al terminar de poner hojas en mis heridas, lentamente me da la vuelta hasta quedar boca abajo, mis músculos sé relajan al sentir lo frío de las hojas.

—Gracias señ...

—Mirna — me interrumpe, pero al menos me ha dicho su nombre —Me llamo Mirna, y es mi deber cuidar de ti Alec —siento como presiona con sus dedos mis heridas — Tus heridas pueden infectarse, así qué utilizaré gusanos, okey.

No respondo, sólo puedo esperar hasta qué sienta el primero de uno de ésos asquerosos animales en mis heridas, pero en el fondo sé qué ellos ayudarán a qué no se infecte. Siento repulsión tener contacto con cientos de gusanos en mis heridas, pero me alivio cuando al soplar con su aliento, salen de mí.

—Sabes Alec, ahora qué lo pienso, bien pude haberle robado a Amber una de sus botellas de licor y no usar gusanos — abro los ojos sorprendido, acaso es una broma —Bueno, ojalá qué no  haya próxima vez, ahora prepárate qué voy a coser.

Con las mismas hojas ya un poco secas, limpia donde al parecer quedaron gusanos, y al instante siento como comienza a coser, penetrando mí piel con una aguja para así unir lo que el látigo separó.

—Listo — escucho qué anuncia la anciana —Manténte boca abajo, ya qué estás pueden abrirse, duerme un poco, prometo no sacarte de acá, pero sí de éste putrefacto lugar a uno mejor.

Ella sigue hablando, pero ya no la escucho, mis párpados pesan, ya no siento dolor —Aprenderá a amar — es lo último que escucho

(...)

Amy

—Yo no haría esto — digo al ver a Alec, al parecer Mirna ya lo sabe, al igual que yo —Espero que mejore.

Separo un poco mí espalda de la pared, es muy fría, vuelvo mí mirada a Alec el pobre ya dejado de temblar tanto ya qué le he traído una de mis frazadas.

—Te ayudare Alec — digo con tristeza —Para qué ayudes a mí hermana.



J. A. Clever

Editado: 13.04.2018

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