Cien cartas para el amor de mi vida

Carta 1. Presentación.

El chirrido de una mecedora es lo único que rompe el pacífico silencio que Joel tanto aprecia, está frente a un escritorio de su despacho y escribe con la lentitud propia de un hombre de cincuenta años con artritis. Ha pasado cerca de dos horas diarias encerrado en ese despacho durante los últimos treinta años y a esas alturas de la vida, no le interesa romper esa tradición, más que nada porque es así como se siente más cercano a… todo.

Un par de nudillos rompen la magia y Joel se obliga a llevar la vista la puerta. Sarah asoma la cabeza desde una abertura y le dedica una gran sonrisa al hombre dentro de la habitación.

—Llegó correo —anuncia, empujando la puerta para abrirse paso hasta el hombre—. Hay algo especial para ti hoy.
—¿Pedí algo en internet? —pregunta el hombre, tratando de hacer memoria.

La chica de corta cabellera negra niega con la cabeza y deja una caja en la mesa del escritorio mientras su padre recoge lentamente las hojas donde ha estado escribiendo. El paquete es demasiado simple; una caja de madera pintada en azul y un lazo azul con puntos azules como único sello, hay una pequeña placa donde viene escrita la dirección destinataria y el nombre de Joel.

—La encontré en junto a la puerta —comenta la chica—, no creo que la haya traído el cartero, pero tiene tu nombre.

El hombre asiente sin despegar la vista de la caja y hace uso de toda su fuerza de voluntad para mantenerse sereno y trabaja en no dejar correr el llanto que amenaza con salir atropelladamente, al menos no frente a Sarah.

—Está bien, hija, déjame solo —suplica con voz ronca.

Sarah quiere decir algo, pero se muerde la lengua. Hay algo en esa caja que pone mal a Joel y, conociéndolo, sabe que no se abrirá tan fácilmente ante ella. Así que resignándose a no preguntar nada por el momento, sale del despacho de forma silenciosa y cierra la puerta detrás de ella; dejando a un hombre desmoronándose ante el terrible recuerdo de un antiguo amor.

Joel se seca las lágrimas repentinas que comienzan a caer por sus mejillas y con manos temblorosas comienza a deshacer el nudo. La letra en la placa le dice que esa caja es de ella y siente miedo, ansiedad, felicidad, tristeza y enojo en las mismas cantidades mientras va descubriendo el interior de la caja.

Lo que encuentra añade confusión al enjambre de sensaciones que está experimentando en ese momento. En la caja hay cerca de cien sobres blancos escritos con tinta azul, cada uno cuidadosamente acomodado y enumerado. En la tapa de madera encuentra una foto de ambos, está decolorada y vieja, pero aun así su corazón se acelera y su mente invoca el recuerdo de esa noche de año nuevo en que fue tomada. Siente la necesidad de tirar todo y ponerse a maldecir a esa mujer que hizo estragos su interior.

A un lado de la foto, está pegado el primer sobre enumerado, después de varios minutos, se obliga a abrirlo con manos temblorosas.

 

Wonderland a 4 de marzo del 20xx.

Seguramente te preguntarás por qué esta mujer ha escrito wonderland al lado de la fecha en la parte donde se supone que va el lugar desde donde te escribo. La respuesta es muy sencilla... cuando estoy contigo o pienso en ti, me siento como en el país de las maravillas. No, no como ese país de las maravillas que imaginó Alicia ¡Ese no es más que un cuento fumado! ¿Quién en su sano juicio imaginaría una oruga mariguana? Seguramente alguien en las mismas circunstancias tóxicas que la oruga. No. Mi país de las maravillas es totalmente diferente. Mi país de las maravillas está conformado por ti, por tus bellas palabras y tu completa anatomía. Y es que por más cursi y trillado que suene, cuando estoy contigo me siento en lo que debería ser un verdadero país de las maravillas. Pequeño, seguro, hermoso, perfecto...

Bien, ahora que le hemos quitado la tensión a este asunto, deseo hablarte más seriamente. En realidad, a estas alturas no sé qué es lo que estés pensando de mí, quizá que soy la persona más insensible del planeta y una pequeña-gran embustera. ¡Pero detén tu marcha, chico! Lamento informarte que no es así, ni soy insensible y mucho menos una embustera, al menos no contigo.

Quiero que quede claro que estas gotitas que están manchando el papel no es tinta escurrida de mi boli, sino de las lágrimas de una mujer que tiene que despedirse del amor de su vida. Sí, una carta de despedida es esto. Pero, seguramente te estarás preguntando por qué y la razón es igual de simple que porque escribí wonderland al lado de la fecha: porque nos lo merecemos. Tanto tú mereces leerla como yo merezco escribirla. Por ti, por mí, por nuestros pedazos de vida.

Esta la primera carta, en el resto de la caja encontrarás sobres enumerados y deberás abrirlos siguiendo la secuencia ¡Sin trampas! Sabes que siempre me han gustado los juegos así que... este será mi último juego. Aunque no será sólo un juego, también encontrarás la verdad, la verdad de mi abandono y la verdad sobre ese terrible secreto que no te conté jamás.

¿No es eso lo que querías? Pues aquí la tienes ¡Disfrútala!
Con cariño, Savanah.

 



Annabella Giovannetti

#10673 en Novela romántica
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En el texto hay: amor verdadero, cartas de amor, epistolar

Editado: 20.06.2020

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