Como en los cuentos de hadas

Decisión (Derek)

Me encontraba sentado escuchando como los actores secundarios literalmente graznaban sus diálogos, ¿cómo es posible que no pudieran llevar a cabo una escena tan simple?

—¿Podríamos dejar esta escena para mañana? —preguntó el representante de Marie, después de todo, nosotros no podíamos continuar con nuestras escenas por el estancamiento de esos dos atolondrados—. Marie y Derek necesitan descansar —dijo en un tono aún más agresivo. La asistente del director se encogió de hombros y miró al hombre que estaba mucho más estresado y molesto que la representante.

—Regresen a su tráiler, continuaremos con la filmación después de un descanso.

Se puso de pie y caminó hacia su propio tráiler, yo lo imité y sin esperar a Carter regresé al camerino. Me senté y cerré los ojos, por alguna razón no podía dejar de pensar en la noche anterior, el modo en que me había contenido, a pesar de que deseaba tanto estar con ella; jamás había hecho algo así. Elaine me invitó, ella cumplió su promesa, dio el primer paso y con ello me demostró que confía en mí. Suspiré y abrí los ojos, pero… mi consciencia me gritó una y otra vez que primero debía decirle la verdad sobre Adrien… antes de cantar victoria con aquello de tener su confianza y por lo tanto antes de tener intimidad con ella.

—¡Derek! —Carter entró sudando y agitado al tráiler—. Enciende el televisor.

Hice como dijo, en el momento en que la imagen completa apareció en la pantalla, vi a Elaine siendo atendida por paramédicos, miré a Carter y este asintió.

—Dicen que fue asaltada en el edificio de su firma y está herida.

Ni siquiera esperé a que el terminara de hablar, me puse la chaqueta, tomé mis lentes de sol y las llaves de mi auto, salí como una exhalación del estudio, ni siquiera puedo recordar cómo hice para conducir, llegué al departamento de su tía aturdido, por fortuna ella comprendió de inmediato la razón de mi presencia ahí y me dio una bolsa de papel.

—Ella suele aparentar fortaleza frente a todo el mundo, pero entre más valiente se comporta, más asustada esta. Por favor, cuida de ella.

Asentí y le di un abrazo que ella correspondió, volví a subirme al auto y conduje con rapidez. Una vez que estuve frente a la firma tuve que respirar profundamente para poder tranquilizarme, ella no necesitaba verme temeroso, debía ser su soporte. Estacioné mi auto y salí con calma, tomé mi teléfono mientras caminaba hacia la entrada, seleccioné su número y esperé paciente a que respondiera. En cuanto escuché su voz, me tranquilicé.

—Hola, extraño —saludó. Era fácil saber que estaba fingiendo estar bien; guardé silencio intentando pensar con rapidez qué decir.

—¿Te encuentras bien? —pregunté en tono serio, ella tragó saliva y pude saber por su pesada respiración que estaba haciendo todo lo posible por contener el llanto—. Estás en las noticias, dicen que sufriste de un ataque en el estacionamiento del edificio de tu firma.

—Estoy bien —respondió de inmediato—. Solo un poco aturdida, pero eso no me impedirá ir al juicio y defender a esa chica, si el productor de quinta ese imagina que me ha asustado y dejaré el caso de lado… no tiene idea de con quién trata —dijo en tono seguro.

—Elaine… —musité.

—Estoy bien, en verdad… lo juro, Derek, no hay necesidad de preocuparse —dijo, parecía intentar reconfortarme, lo cual, sinceramente, me hizo sentir conmovido, abrí la puerta y entre aún con el teléfono en la mano derecha y pegado a mi oreja, ella me miró fijamente mientras terminaba de entrar. Cerré la puerta tras de mí y colgué. Sin decir palabra alguna me acerqué a ella, la observé intentar ponerse de pie, pero hizo una mueca que me preocupó, en verdad parecía estar adolorida, así que a travesé la oficina en un par de zancadas. Mis ojos estaban fijos en su pómulo; me agazapé frente a su silla y acaricié con la punta de mi dedo pulgar la parte baja de su pómulo.

—No necesitas fingir fortaleza frente a mí… si bien no pude protegerte, por favor, déjame consolarte.

Enganchó su brazo alrededor de mi cuello y se abrazó a mí con fuerza, sentir su calor hizo que mi cuerpo comenzara a temblar, podía sentir cómo las lágrimas derramaban por sus ojos, comenzó a sollozar mientras yo acariciaba su cabello y espalda con mis manos.

—Estoy asustada —confesó en un susurro—. ¿Qué hubiera pasado si ese hombre hubiera intentado atacarme después de recoger a los niños del colegio?

Sacudí la cabeza.

—No pienses en eso —dije mientras acunaba su rostro entre mis manos haciendo que me mirara directamente a los ojos.

—Derek… ¿y tu filmación? —preguntó.

—Tenía mucha energía acumulada, así que las terminé en tiempo récord, estaba en el camerino a punto de cambiarme de ropa, cuando escuché la noticia de tu ataque, así que salí volando del estudio y vine tan rápido como pude —respondí, no era verdad del todo, pero tampoco la engañaba.

Sonrío y atrapó mis labios con los suyos. Fue un roce suave, un tierno e inocente beso de agradecimiento.

—¡Gracias! —susurró—. Tenía tantos deseos de llamarte después de que todo pasó, pero me dije a mí misma que no podía dejar que mi estúpida debilidad te perjudicara.

—Elaine, no tienes por qué sufrir sola, a partir de ahora, en tanto tú me lo permitas, yo estaré contigo y para ti… siempre —sonrió y acarició mi mejilla—. Ahora ve y demuéstrale a ese infeliz que su miedo hacia ti está muy bien fundamentado.



Ana L. Roman

Editado: 01.04.2021

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