Como en los cuentos de hadas

Hawái (2a parte) (Derek)

Salí de la casa rumbo a la oficina del investigador y de ahí a la notaria, debía ser cauteloso y discreto para no despertar demasiado el interés de las personas involucradas. Conduje hasta donde estaba el investigador, aunque él ya no se encontraba en la oficina le había dejado el sobre a su asistente, así que solo tuve que intercambiarlo por el sobre con el cheque.

Llegar a la notaria tomó más tiempo de lo que pensaba, por lo que encendí las noticias, estaban reportando lo acontecido en el juicio. Según palabras de los reporteros, la actuación de Elaine había sido simplemente brillante, ella y el fiscal habían logrado una condena de seis años para el tipo ese. Me sentí orgulloso de ella, la confianza en mi decisión se vio acrecentada. Al llegar a la notaria Arthur me esperaba tranquilamente sentado en su oficina. Al verme entrar se puso de pie y apretó afectuosamente mi mano en modo de saludo.

—Mi querido muchacho —dijo mientras observaba mi rostro—. ¿Cuánto tiempo ha pasado? Casi nueve años… luces igual.

Le sonreí y le di un codazo leve en las costillas.

—Mira quién lo dice —dije y él se soltó a reír.

—Pasa… aquí tengo tus documentos, solo una firma aquí y aquí y podrás venir a recogerlos ya con los sellos listos en dos semanas.

Estaba a punto de discutirle el tiempo cuando mi teléfono sonó, al ver el identificador contesté de inmediato.

—Hola, cariño —dije con mi mejor voz y tratando de ignorar la sonrisa burlona que se dibujó en el rostro del anciano.

—Hola… cariño —saludó Elaine y suspiró—. Derek… hubo un problema —dijo intentando sonar casual.

—¿Qué sucede?, ¿te encuentras bien?

—Alguien irrumpió en el departamento de mi clienta y… asesinó a su perro, no lleves a los niños a mi departamento por ahora, estoy en la patrulla y los oficiales me llevarán a casa.

Miré el reloj y comencé a pensar en que ruta tomar para evadir el tránsito.

—De acuerdo, dejaré a los niños con Carter y salgo para allá —dije intentando reprimir la culpa por mentirle.

—Gracias —susurró—. Te quiero —dijo en tono dulce, por alguna extraña razón sus palabras me hicieron suspirar.

—Y yo a ti —respondí, me giré hacia Arthur—. Debo irme, le pediré a Katy que se ponga de acuerdo con tu asistente para la entrega de los documentos, solo te pido que estén listos lo más pronto posible, te veo luego.

Salí de la notaria sin despedirme de forma adecuada y conduje usando cuanto atajo conocía para llegar lo más pronto posible al edificio de Elaine, aún no entiendo cómo lo logré, pero todo parecía indicar que había llegado antes que ella, pues al estacionarme no veía ni su auto ni la patrulla. De pronto, las luces azul y rojo de una sirena captaron mi atención. Me bajé del auto y caminé hacia la puerta, entré y esperé pacientemente junto al elevador. La vi entrar buscándome con la desesperación reflejada en sus ojos, la cual desapareció en el momento en que nuestros ojos se cruzaron, la observé caminar más rápido hacia donde me encontraba y se arrojó a mis brazos. Enterró su rostro en mi pecho, parecía aspirar mi aroma, la rodeé cerrando mis brazos alrededor de ella, usé mi mano derecha parar presionar el botón del elevador con el dorso. Las puertas se abrieron de par en par. Sin soltarla, caminé guiándola hasta el fondo del elevador. En cuanto las puertas se cerraron, ella se separó un poco y me observó. Me sonrió con ternura, parecía buscar desesperadamente el modo de calmar su ansiedad y de paso la mía.

—Estoy aquí… ¿Te encuentras bien? —pregunté mientras acariciaba su mejilla con mis dedos. Elaine se puso sobre las puntas de sus pies y apretó sus labios contra los míos, le devolví el beso de inmediato haciéndola suspirar.

—Ahora sí —respondió y me observó—. Lamento haberte pedido que vinieras, definitivamente fue un locura, estoy poniéndote en riesgo —dijo. Le sonreí y volví a besarla con suavidad.

—No querría estar en ningún otro sitio —respondí.

Las puertas del elevador se abrieron y tras tomar su mano y entrelazar mis dedos con los suyos, ambos salimos rumbo al departamento. En cuanto estuvimos cerca, ambos nos detuvimos de golpe al ver que la puerta estaba entreabierta y en el piso había una caja de cartón cerrada. Elaine apretó mi mano cuando hice el intento de soltarla para acercarme a la caja.

—No —pidió con un susurro.

—Está bien —dije y caminé rápidamente hacia la caja, primero le di un golpe con la punta de su pie. Al ver que no ocurría nada me agazapé y abrí la caja, al ver lo que contenía no pude evitar retirar los ojos con sorpresa.

—¿Qué es? —preguntó con un hilo de voz. Levanté el rostro y la miré claramente preocupado.

—Es un gato —dije en tono grave—, un gato descuartizado… con gusanos —tomé mi celular, debíamos llamar a la policía, Elaine me detuvo.

—No, no podemos dejar que nadie se entere, te pondrás en riesgo —dijo en tono suplicante.

—Elaine, la persona que hizo esto… está demente, no me importa, no voy a permitir que te hagan daño. Llamaré a la policía y si se enteran que estamos juntos, sonreiré y diré que soy afortunado de que la gran abogada Elaine Tullor esté conmigo.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.



Ana L. Roman

Editado: 01.04.2021

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