Como encontrar la ciudad pérdida: Crasthiang

021|Osaka

Tomé la copa y la acerqué a mi boca, sorbí un poco de la bebida que me había ofrecido, no dejaba de mirarle, porque estaba impresionada ante sus facciones, de tener a Zimmerman frente a mí y del gran sitio donde estaba, no podía dejar de observar a mí alrededor, ¿por qué en algún momento me pareció buena idea ir? Hubiese sido más sencillo no hacerlo.

—Farfullan vicisitudes sombrías, pero no hace falta repetirlo ¿o me equivoco?—preguntó, yo solo negué, ya lo sabía, aunque siendo sincera, con su vocabulario sería interesante escucharle de que forma lo dice, reí ligeramente pero al momento me contuve volviendo a mostrar mi rostro serio.

— ¿Podría decirme a que me ha llamado en realidad? Sé que no ha solicitado mi presencia para decirme todo ello—cuestioné dejando sobre la mesilla de madera la copa que me había ofrecido y le mire a los ojos, sus ojos verdes aterraban bastante.

El señor Henry hizo un ademán levantando con rapidez su dedo índice para continuar hablando, aquello hizo resaltar más su mandíbula.

—Tiene usted razón, no le he aludido para departir de ello. Son suficiente aquellas miradas que recibe y demás—sirvió un poco más de vino sobre su copa—. Usted salió de Crasthiang, aunque ha vuelto a entrar, y me pregunto si hay alguna clase de razón justificable que le hizo adquirir este pensamiento—abrí la boca para hablar, sin embargo fui interrumpida por el hombre—. Fue una evocación, por parte de la malcriada del alcalde, ¿o me equivoco?

Trague saliva, incluso estar dentro era ya una asfixia, ¿cómo conocía aquello, él? Y no dudaba que conociera toda mi vida dentro de Crasthiang, de alguna manera tenía sus estrategias.

—Está en lo correcto.

—Si bien lo hizo por ello, por los individuos que tiene devoción. Más, indudablemente ellos le han proscrito de su vida.

Lamentablemente ellos lo habían hecho, o al menos aquello pensaba, pero sin duda el señor Zimmerman me lo dejaba más en claro, por lo que lo único que pude hacer fue curvear con falsedad los labio, mientras asentía, tenía miedo, y mucho.

—La desilusión de una niña es terrible—acrecentó—. La infanta se siente con desaliento, la persona en la que creyó le produjo un mal sabor de boca.

—No creo que lo entienda—Interrumpí, y es que me gustaba meterme en líos, Zimmerman solo parecía ser un hombre frío y cruel, habían secuestrado a su hija casi quince años atrás y él solo se dedicó a producir más dinero.

El señor Zimmerman se levantó del cómodo sillón color vino caminando hacia su balcón con las manos entrelazadas por su dorso, escuche como inhalo con fuerza sin dejar de ver al frente.

—Ciertamente, señorita Shipman tenía una primogénita, se habló mucho de ello—expresó, ¿por qué me estaba contando todo esto a mí? Yo no era la persona indicada para escuchar todo lo que él tenía que decir, como siempre, lo inicial era que no me importaba lo suficiente además ya lo había dicho él, se hizo la sensación durante un par de meses, Henry daba una elevada cifra de dinero, pero ella nunca apareció—, pero el dinero seduce a quien lo tiene y le hace desear más —trague saliva tras escuchar ello, ¿qué quería darme a explicar en verdad? El señor Henry se rotó mostrando su fino rostro otra vez —. Es posible que remire lo peor de mí, de aquello no me queda duda.

De hecho si tenía ganas de escuchar su historia, sonaba interesante tras lo que había dicho acerca del dinero, me alegraba que no hubiera dicho alguna tontería o que hubiese decidido salir de ahí.

—De hecho, me gustaría saber qué fue lo que sucedió con ella.

Él extendió una sonrisa sobre sus labios sin mostrar los dientes.

—Perdí a mi hija en un secuestro ¿lo sabe, no? —asentí al tiempo que tragaba saliva—su cuerpo jamás apareció tras unos meses después que no hubo respuesta, los detectives privados, autoridades concordaron en algo, ella había muerto, no quise buscarla más, no quería entregar caudal, aunque sabía que era una mentira—se sinceró conmigo y para mi suerte no utilizó su léxico tan ampliado—. No quería perder mi dinero, ni a ella, pero lamentablemente a ella sí, la defraude.

—Lo siento mucho, señor Zimmerman.

Y entonces, el silencio comenzó, supongo que el ser sincero no había sido algo bueno, su postura regreso a mirar por el balcón, en silencio y con la mirada abajo.

—No hay nada que desdecirse—fue lo único que dijo—. Puede retirarse, está anocheciendo— tragó saliva, me levante del sofá acomodando mi vestido, fijándome en el ventanal, era cierto, estaba oscurecido y regresar al piso que alquile sería una tarea difícil y aterradora.



Daniela Sheathes

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En el texto hay: pueblo misterioso, ciudad perdida, aventura

Editado: 08.01.2021

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