Como encontrar la ciudad pérdida: Crasthiang

026|Abeerden

El sol comenzaba a verse lentamente y yo seguía admirando los arboles hasta que saque mi celular y me di cuenta que la cafetería estaba a punto de abrir, acomode mi vestido y comencé a caminar dando vuelta por la avenida principal, y tras menos de quince minutos estaba rodeando la glorieta y desde ahí mire como Charlotte sacaba el cartel del menú a la acera y abría la puerta, fue en ello cuando acelere mi paso y entre, la campana de bienvenida sonó y la mujer de cabello blanco rotó la mirada en mí, ella ordenaba los saleros de la barra y las azucareras para cuando me senté en uno de los bancos  frente a la ventanilla de la cocina, ordene un desayuno ligero y un té caliente, en el momento que posó el platillo frente a mí, y se quedó estática ahí.

—Si yo hubiese sido usted jamás hubiese regresado—farfulló limpiando la barra, y posando frente a mi tablillas de menús.

—Ha pasado casi un mes desde ello—murmuré en voz baja sin levantar la mirada, realmente ya estaba cansada de ello, era cierto, lo tenía grabado en la frente que no eran de mis mejores decisiones—. Ha pasado tiempo...

— ¿Tiempo?—preguntó interrumpiendo lo que estaba diciendo, su voz era gélida, incluso cuando estaba con los brazos sobre las caderas y me miraba a través de sus lentes ópticos—aquí el tiempo ya no lo vale, no sirve de nada contarlo, solo toca esperar la muerte para una pobre anciana como yo, para todos—suspiró sin quitar las manos de sus caderas—. Todos somos miserables una vez que entras aquí y ves que el cabello empieza a ser blanco y la piel se va arrugando y se da cuenta que ha pasado muchos años—comienza a decir, estaba quitando mi apetito, pero como era lo único con lo que contaba no podía darme el lujo de dejarlo a medio comer, después de años era el momento donde empezaba a valorar todo—. Los nuevos visitantes llegan con sonrisas, después se aburren y todo ello se transforma en sombría, no viven, no comen bien, son bien como fantasmas que deambulan y se quedan estáticos. 

—Entonces todos están muertos en vida…—murmuré con desdén, ella asintió y la campanilla que está por encima de la puerta sonó, fue en ello cuando Alessia sonrió atándose por la espalda un mandil comenzando a caminar.

— ¡Buen día, Charlotte!—dijo al tiempo que se metía a la cocina lanzándome una sonrisa, la mujer refunfuño.

—No hay nada de bueno—escupió volteando a verme—. Hay sus excepciones, aquellos que deciden ser felices en este miserable condado. Su felicidad no dura para siempre.

La mujer dio media vuelta y por mi parte continúe con mi desayuno, era bastante bueno, añoraba el sazón que tenía, la campana sonó en repentinas veces mientras bebía mi tercera taza de té, las personas iban a la barra y devuelta a las mesas cuadradas y asientos color escarlata, fue en ello cuando una persona se detuvo a un lado mío, sentí su mirada sobre mí.

—Ehhhh, ¿Marinna? —Preguntó la voz de Hela, creo que me hablaba a mí por el simple hecho que no quitaba la mirada de mí— ¿es Marinna, tu nombre?

—Es Meredith —corregí rodando los ojos, ella abrió los ojos ante ello, y se disculpó en silencio un momento hasta que me pedí que se callara con las manos—. Supongo que estas aquí por alimento, así que no voy a preguntar.

La casi rubia sonrió mostrando un poco sus dientes al tiempo que asentía bajando ligeramente el rostro con una espléndida sonrisa en su rostro.

—He venido por el desayuno, estamos trabajando—Charlotte le entregó una bolsa de papel color marrón y la levantó ligeramente en el aire, pagó y como último agradeció—. Nos vemos…—se quedó pensativa unos segundos— ¿Merliah?

—Meredith—volví a corregir.

Ella subió los ojos sonriendo, y levantando sus manos.

—Meredith.

Y salió de ahí acompañada de sus largas piernas dando zancadas largas y pequeñas, ciertamente en aquella ocasión llevaba un abrigo que le llegaba a la altura de las rodillas, este era verde árbol oscuro y le quedaba bien, y de una forma envidiaba  ello, todo le quedaba de maravilla. Pasando poco de diez minutos termine la tercera taza de té, pague la cuenta salí de ahí. Tendría que regresar al piso alquilado, tomar un baño, cambiar de ropa porque aseguraba que Andrew estaba aún dormido, y así ocurrió cuando me detuve en la puerta había una caja rectangular frente a la puerta, lo tomé mirando la nota que venía ahí.

Reconozco que no fui una excelente persona, permítame recompensarlo.

Henry Zimmerman.

Tomé la caja y abrí la puerta, él estaba en el piso bocabajo con el trasero hacia arriba, reí ante ello, en todo caso, el golpe de la madrugada había sido él. Tomé la ropa que usaría aquel día y era un vestido azul, cuello redondo, sino antes dejar la caja de regalo ahí, detestaba vivir de aquella forma, pero era necesario, para cuando salí de la ducharme y cambiarme salí del cuarto de baño, y Andrew aún estaba en el suelo, me acerque hincándome frente a él, cerré los ojos mientras tocaba su hombro con mis dedos, fue en ello cuando se sobresaltó levantándose de ahí y casi golpeándome con su brazo por accidente.



Daniela Sheathes

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En el texto hay: pueblo misterioso, ciudad perdida, aventura

Editado: 08.01.2021

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