Como la primera vez

19. Paso número uno

Katherine

Ya estaba decidido, iba a seducir a Jonathan. Le haría amarme hasta lograr que cayera a mis pies y abandonarlo de la manera más vil posible.

—Esto es una locura—comentó Edward mientras estacionaba el automóvil a la orilla de la carretera. Pasó una mano por su cabello y se dedicó a analizarme con detenimiento.

—No es una idea tan descabellada si lo piensas con cautela—miré hacia los autos que pasaban a gran velocidad por la autopista—. En este momento no tengo ni la más remota idea de cómo sentirme, pero sí sé que ya no seguiré siendo la chica que es usada y que luego la botan sin que a nadie le importe lo que ella sienta. Soy una persona que debe ser reconocida y tratada de la mejor manera posible. Así que, mi sentido de la justicia dice que esta vez, debo vengarme.

El brazo de Edward se posicionó rápidamente en mi pierna en señal de apoyo. Antes de ese gesto, ni siquiera noté que estaba temblando.

—Tranquila, estoy de tu lado, siempre lo estaré Katy.

—Te agradezco eternamente todo esto Ed, yo sé que no es tu deber, además de que puede que te resulte muy problemático—me encogí de hombros.

Aunque no me gustara admitirlo, la mayoría de las veces me recorría ese pensamiento, había recibido demasiado apoyo por parte de un chico que tenía muy poco conociendo, era tan amable que a veces me daba miedo que todo fuera solo una farsa. Justo como con Juliana.

—No vuelvas a decirlo de esa manera tan hosca—me regañó.

Su mirada reflejaba sinceridad, lo cual fue el interruptor para despertar mis ánimos, aunque fuera solo un poco, era mucho más de lo que merecía. Alcé las manos en señal de rendición, queriendo contener una pequeña sonrisa.

—Muy bien, Cullen.

Ed me vio con incredulidad, sabía que tendría esa reacción por lo que quise echarme al piso y carcajearme hasta llorar, pero seguía tan entumida que nada salió de mí.

—Oh no, por favor, dime que no has dicho eso—se veía totalmente escandalizado.

Volteé hacia el cielo y ya había anochecido, en verdad no tenía ganas de regresar. Prefería esperar a que mi orgullo regresara del más allá.

— ¿Aún sigue en pie tu oferta de llevarme a cenar?—le pregunté esperanzada de que dijera que sí.

Para mi buena suerte el asintió con la cabeza, analizándome de una forma que no pude descifrar. Metió las manos en los bolsillos de su pantalón.

—Tengo algunos contactos esparcidos por la ciudad, si gustas, puedo rentarte un departamento modesto por un área cerca de la universidad. Puedes quedarte ahí mientras sientas que sea correcto regresar.

El ceño de Edward era adorable, sin duda seguía enfurruñado por mi broma. Pero eso no le impedía continuar siendo un buen amigo. Era tan reconfortante el poder contar con una persona que estuviese para mí. Lo cual me llevó de nuevo a pensar en la traición de la que creí mi primera amiga en mucho tiempo.

—No consigo asimilar que Juliana me ha apuñalado de esta forma—percibí como me quemaba el esófago el mal sabor del engaño—. Fue la primera en mostrarme su odio por los ricos, alegando que eran demasiado falsos. Y pensar que lo decía por ella misma.

—Que no te sorprenda—ofreció él en consolación—. Eres una gran chica, es por eso que la gente vacía y envidiosa como ella tiene celos de ti, eso es muy comprensible si lo piensas bien.

Ahora sí que no pude evitar reírme. Era completamente ridículo.

— ¿Envidia? ¿De mí?—solté un bufido mientras me daba un ligero golpe en la cabeza—. Si yo no tengo nada mejor que ella. En cambio, yo sí tendría motivos para estar celosa. Tiene el dinero que me falta y el apoyo de una buena familia detrás. Además que aunque me duela reconocerlo es muy bonita y refinada. ¿Qué podría desear ella de mí?

Intenté girarme hacia la ventana pero Edward posicionó mi cara entre sus grandes y alargadas manos pálidas, obligándome a verlo directo hacia aquel mar celeste del que era acreedor.

—Escucha con atención lo que dices. Si quieres conquistar un chico debes dejar de ser tan lamentablemente humilde, parece como si no tuvieras autoestima.

—Ouch—proliferé frotándome el estómago, eso fue un duro golpe.

—Me agradas, y yo sí sé, a diferencia de ti, que es lo que a Juliana le falta—se detuvo un momento y luego prosiguió a subir las comisuras de su boca—. Tu carácter y tu bondad.

Sentí como las lágrimas amenazaban por surcar mi cara, los sentimientos que endurecí en el fondo de mi coraza hace unas horas comenzaron a aflorar sin detenerse. Dolía mucho, no había palabras para describir la decepción que entristecía a mi alma. Coloqué mis maños hechas puños alrededor de mi rostro. Edward era la última persona que me apetecía que me viera en este estado, pero estaba muy lastimada, no tenía las defensas necesarias para volver a reactivar mis barreras protectoras.

Edward desabrochó su cinturón de seguridad y pasó su cuerpo sobre el mío, enfundándome en un abrazo. Sollocé a gran escala, ya no podía detener el llanto, sabía que poseía una horrenda forma de llorar, siempre repleto de hipo y grandes sonidos de martirio. Sin embargo, con ese aspecto de mí importándome poco, me ligué a su torso, en el cual sorpresivamente me percibía protegida.



Laisha Vega

Editado: 07.12.2020

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